January 21, 2005

El contador de historias

“Million dollar baby” demuestra lo mejor de Clint Eastwood

Por Jose Daniel Bort

Todos quieren ser Clint Eastwood. A sus 74 años, el antiguo Harry El Sucio está desarrollando el mejor cine de su larga carrera, como actor, director, músico y laúd. Su afinado instinto le permite contar los dramas más sólidos de este lado del hemisferio occidental, con la gracia y astucia de los grandes maestros.

Su cine inspira respeto por su autenticidad, aunque a veces se siente un poco arcaico en la puesta en escena. Para contar esta historia de Boxeo femenino, Eastwood no fue a la video tienda más cercana a rentar el primer Rocky. De hecho, el boxeo está planteado como marco referencial de la historia en la vida de cuatro personajes heridos fatalmente por la vida. Uno de ellos nunca se ve en pantalla, pero la película es narrada hacia ella por un experto observador en el arte de vivir.

Eastwood es Frankie Dunn, entrenador que ha dedicado toda su vida a la formación de pugilistas. Hillary Swank es Maggie Fitzgerald, una joven mesera con la sonrisa más candorosa de todo el ambiente del boxeo. Es importante el símbolo ya que Maggie es la idealización de un personaje, el ejemplo más perfecto de alguien maltratado por la vida que no conoce otra forma de pro-tegerse que haciendo bien a los demás y practicar el boxeo.

Por supuesto, Dunn rechaza entrenar a Maggie, voci-ferando una escandalosa carga de machismo cabeza dura. “Eres demasiado vieja y no tienes ningún tipo de técnica. Para cuando haya terminado contigo será hora de retirarte. Además, yo no entreno mujeres, no me gusta verlas llorar”, le dice a Maggie, para quien la negación es el mejor motivante para conseguir sus objetivos. Ella se inscribe por seis meses en el gimnasio de Dunn, donde entrena hasta altas horas de la noche escondida. Por fin despierta la atención de Eddie, antiguo pugilista que se quedó ciego de un ojo y que cuida el gimnasio, actuado con su-prema inteligencia por Morgan Freeman.

Esta es la característica más interesante del film. Million Dollar Baby es una película inteligente, que confía en la historia que cuenta y no necesita de alardeos técnicos para exaltar su solidez. Los intercambios entre Eastwood y Freeman son extraordi-narios, boxeando sus diálogos y profundizando en sus personajes sin sudar una gota. La ausencia de amor es la clave del guión, y como estos personajes manejan la decencia y la integridad personal en contraste con un mundo horrible allá fuera dispuesto a quebrantar el alma en pedazos lo que hace trascendente la historia.

Este es el cine de Eastwood: enfrentar la mortalidad con la entereza moral que la experiencia permita. No importa si se está en un gimnasio de Orlando, en las calles de Boston o en la orilla de la playa del Pacifico. La propia ex-periencia de vida enseña al héroe Eastwoodiano a escoger la opción moral en las peores circunstancias, siempre de cara a la muerte. Esta necesidad de redención esta enraizada profundamente en el pensamiento judío-cristiano occidental, y sirve de guía para la vida y tormento para vivirla. Eastwood es un creyente en que las reglas fundamentales para vivir se pueden adaptar al cine, y lo hace con la convicción de que sus personajes estarán en el cielo al final. Su expiación de culpas ha dado magníficos frutos, y Million Dollar Baby es uno de ellos.

Million Dollar Baby
Con: Clint Eastwood, Hillary Swank, Morgan Freeman
Dirigida por: Clint Eastwood.
Clasificación: PG-13
Chiles: 4 ½ de 5.

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