January 20, 2006

Comentario:

Deteniendo el Sueño

Por Meizhu Lui

Hace cincuenta años, Rosa Parks se negó a ceder su asiento en un autobús en Montgomery, Alabama. Este gesto fue el catalizador de eventos históricos.

Ahora, imagínense si Rosa Parks hubiese vivido en New Orleáns en Septiembre del 2005 y hubiera tratado de escapar de las nubes que se avecinaban del Huracán Katrina. ¿Se hubiera montado en su carro? ¿Hubiera comprado un boleto para el tren? Quizás no hubiera hallado asiento en un autobús. ¿Hubiera sobrevivido?

Como resultado del Huracán Katrina, millones de Estadounidenses se vieron forzadas a tomar decisiones así de angustiosas. Y sus opciones de transporte desgraciadamente dependieron de su raza. La mayoría de los que tenían carro escaparon. Sin embargo, en los hogares de familias Latinas (hispanas) o Afroamericanas, la posibilidad de tener un carro es mucho menor en comparación con las familias blancas, dejándonos con aquellas imágenes imborrables de personas de color clamando por ayuda desde las azoteas.

Se le ha dado mucha atención en las últimas dos décadas a la “separación digital”, es decir, a la preocupación del acceso desigual a nuevas formas de tecnología como la Internet que están dejando atrás a las personas en basado en su clase y raza. Pero el Huracán Katrina expuso la “separación del motor”, la alarmante disparidad entre los que son propietarios de carro lo cual literalmente hizo la diferencia entre la vida y la muerte para muchos los residentes de la Costa del Golfo.

Un nuevo reporte sobre las desigualdades raciales entre los que tienen y no tienen carro revela que uno de cada seis hogares latinos (17 por ciento) y uno de cada cuatro hogares afroamericanos (24 por ciento) no tienen carro. Esto comparado a uno en catorce hogares blancos (7 por ciento) que no lo tienen.

En los once condados costeros con alta incidencia y con futuros riesgos de huracanes, las personas sin carro son desproporcionadamente personas de color. Estos incluyen condados en Houston, Providence, Nueva Orleans, Tampa, la ciudad de Nueva York y Miami. En la Parroquia (o condado) de Orleans en Nueva Orleans, por ejemplo, más del 35 por ciento de los afroamericanos, el 26 por ciento de los nativo americanos, y el 27 por ciento de los latinos no son dueños de carro, comparado con el 15 por ciento de los blancos.

En la planificación de emergencia para Katrina y en otros esfuerzos preparativos, el mayor énfasis va dirigido al manejo del tráfico de aquellos que tienen carro. También existen algunos fondos públicos para planes de evacuación para personas en instituciones tales como hospitales, hogares de ancianos y facilidades que ofrecen servicios de salud mental. Sin embargo, la planificación es inadecuada para aquellos que simplemente no tienen carro.

Más allá de poder salvar la propia vida, tener un carro frecuentemente es un escalón hacia la seguridad de empleo y la prosperidad. Desafortunadamente, la separación invisible del "motor" también influye en la habilidad para que una persona encuentre y retenga un trabajo decente. Sin un carro, muchos empleos están fuera del alcance de muchos, y muchas ideas de pequeños negocios también son inalcanzables. Un número creciente de trabajos se encuentran localizados fuera de los centros urbanos, en las autopistas de circunvalación y en las comunidades suburbanas, áreas en donde el transporte colectivo escasea o es inexistente.

Las personas de color tienden a ser dueños de carros más baratos y menos confiables. Contrario al estereotipo del dueño afroamericano de un Cadillac, en ningún momento desde el 1992 se ha visto que el valor medio de los carros de las personas de color haya alcanzado siquiera la mitad del valor de los carros de las familias blancas.

El acceso a un vehículo es también esencial para satisfacer las necesidades básicas de la vida, tales como obtener atención médica o comprar víveres, especialmente en áreas rurales. Un estudio nacional reciente por el Children¹s Health Fund encontró que la falta de transportación fue el factor más influyente en que los niños pierdan sus citas con el médico. El 21 por ciento de las familias latinas y el once por ciento de las familias afroamericanas no recibieron atención médica a causa del transporte, comparado con sólo el 2 por ciento de las familias blancas.

Las familias que dependen en tener un carro invierten una gran parte de su presupuesto en este. Los estadounidenses actualmente gastan un 38 por ciento más en la transportación que los europeos. Igual ocurre al compararnos con Canadá. Por ejemplo, Detroit gasta el doble de lo que gasta Toronto en carreteras y Toronto gastó ocho veces más que Detroit en la transportación pública. Como resultado, los residentes de la “ciudad motor” de Detroit gastaron más del doble de lo que gastaron los residentes de Toronto en costos de trans-portación, incluyendo los gastos de mantenimiento del vehículo, seguro, reparaciones y gasolina.

La “separación del motor” tiene sus raíces en dos problemas mayores: el prejuicio hacia la industria automovilistica privada en la planificación de la transportación en nuestra nación agranda la división de la riqueza racial. Durante el último siglo, la planificación urbana y el desparrame suburbano han hecho inevitable nuestra dependencia en los automóviles. Los gobiernos federales y estatales constantemente han trasladado recursos de la transportación pública hacia la construcción de autopistas. Sólo el 20 por ciento de ingreso de los impuestos a la gasolina están asignados para la transportación pública, mientras que el 80 por ciento va hacia construir y mantener autopistas. La política de la transportación pública en muchas ciudades no ha logrado cambiar según se efectúan cambios demográficos en cuanto a la localización de trabajos, lo cual ha aumentado las ventajas de tener carro. 

La “separación del motor” es parte de la gran división de la riqueza racial. Entre el 2001 y el 2004, el capital neto medio de las familias blancas aumentó 6 por ciento después de la inflación a $136,000, mientras que la riqueza media afroamericanos permaneció sin cambiar en $20,000, de acuerdo al Federal Reserve. Esta división en la riqueza racial es el legado de varios siglos de políticas públicas y prácticas privadas de las corporaciones que han alentado a los blancos a acumular riquezas, y han puesto en desventaja en la acumulación  de bienes a las personas de color.

En cambio, las comunidades necesitan enfocarse en sistemas confiables de transportación pública y la creación de trabajos más cerca de los centros de transportación. Un numero de ciudades están fomentando el desarrollo de empleos más cerca de las líneas del subterráneo y de las rutas rápidas de autobuses. Por ejemplo, el Distrito de Columbia ha promovido el desarrollo económico en terrenos arrendados cerca de las estaciones del Metro que incluyen edificaciones de uso mixto en que se combinan las ventas al por menor con plantas industriales livianas. Esto abre empleos disponibles para trabajadores sin carro que tienen la opción de caminar, andar en bicicleta, o de montarse en el autobús o en el tren para llegar al trabajo. Así se reduce la congestión de tráfico y se mejora la calidad de vida en general.

Las personas de color cargan con una cantidad injusta de los riesgos que resultan de las políticas públicas que favorecen desmesuradamente a los propietarios de carros. Dado este prejuicio actual en nuestra planificación de emergencias, tener carro es cuestión de vida o muerte. Pero no ser propietario de carro le pone trabas a mucha gente de color en el camino hacia la prosperidad, cerrando la autopista que lleva a los trabajos que requieren transportación privada.

El Huracán Katrina no solamente reveló de forma dramática las divisiones grotescas por raza y clase en nuestro país, sino que también señaló algunas causas obvias, tales como nuestra economía dependiente en los carros. Un sistema de transportación pública inclusivo y confiable debe encabezar la lista.

Meizhu Lui es la Directora Ejecutiva de Unidos por una Economía Justa y una coautora del nuevo informe, “Stalling the Dream: Cars, Race y Hurricane Evacuation”, disponible en www.faireconomy.org.

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