January 20, 2006

Análisis

¡Se terminó el encanto…!

por: Dagoberto Márquez

Estimado lector, fina lectora, resulta difícil el concentrarse en el análisis o en la disección de algún asunto, por importante que sea, habiendo tantos y tan variados a tal grado que uno ya no sabe ni para donde atisbar, sobre todo cuando inicia un nuevo ciclo, un año nuevo o un nuevo ejercicio.

Por las fechas en que nos encontramos y no obstante que el ser humano debería de estar en paz, en tranquilidad, en agradable y sutil recogimiento, viviendo en armonía, con cierta algarabía, pero sobre todo en familia así como en santa paz, resulta que “por angas o por mangas”, porque así son las cosas o por lo que usted quiera, lo difícil y duro de la vida obliga a todos a dejar atrás lo dulce de las fechas navideñas para adentrarse (otra vez) al ritmo duro y hostil que la modernidad aún no comprendida de nuestra época nos impone. Y, sí estimado lector y fina lectora, se terminó el encanto que estas fechas proporcionan y por ello, a continuar, a seguir en lo que estábamos antes de que la Navidad nos convocara para dejar de lado diferencias y dificultades que solo lastiman, dañan y embrutecen, desgraciadamente.

De esa manera y aún sintiendo la calidez y la esperanza de la época navideña y de cambio de año, poco a poco, los días de remanso y algarabía van quedando atrás para adentrarnos nuevamente al ir y venir, al “apúrate porque se hace tarde”, al “no me defiendas compadre” y en fin, al ritmo siempre obligado de las responsabilidades y del trabajo. Al de la vida habitual, al de la vida diaria, …no obstante que de repente nos invada la nostalgia.

Porque la vida es así y porque existen las responsabilidades, los seres humanos estamos obligados a cortar casi de tajo las fechas que muchos quisieran se prolongaran debido a que en las mismas se abre la posibilidad para el descanso, la reflexión, la algarabía y la reconciliación.

Sin embargo y aún tratándose de fechas tan significativas, mucha gente no disfruta, mucha gente no descansa. Por el contrario y, aunque usted no lo crea, mucha gente, por la naturaleza de sus responsabilidades, más se esfuerza y más trabaja, viéndose obligada a estar fuera del hogar, a andar lejos incluso, a solo pasar o estar con los suyos sólo unas horas, poco o bien muy escaso tiempo debido fundamentalmente a las respon-sabilidades así como a los compromisos del trabajo.

Mucha gente más y debido a su condición de grave precariedad, no disfruta, no celebra ni convive como nosotros lo hacemos porque, aunque lo haga, si es que lo hace, lo hace tan mísera y tan pobremente que si lo viésemos no podríamos contener las ganas incluso de llorar, de mentársela a quienes con sus actos han propiciado desigualdades tanto nefastas como inhumanas, de tal suerte que, viendo las cosas de ese modo, hay que dar gracias a Dios de que con todo y que por distintas causas muchas cosas nos son negadas existen los niños, esa gente pequeña que linda y hermosa como es, no distingue todavía ni la maldad ni la acritud del adulto, del ser humano. Aquella que dificulta, que ciega, que niega y que lastima, …aunque en teoría todos somos como hermanos.

Por eso, porque aunque desde cierta óptica todos tenemos derecho para sonrreir y para relajarnos aunque sea solo hacia finales del año, la verdad es que muchos no paramos. De esta forma y porque los medios aún en esas fechas también trabajan, los lectores leemos y nos informamos, los analistas analizan, los opinantes opinamos, los ejecutivos ejecutan, los operadores manejan, los médicos y las enfermeras atienden y se desvelan, y así, y así, de tal suerte que aunque usted no lo crea, nada está estático, nada está detenido ni parado, aunque muchos se relajen y disfruten porque se lo han ganado.

Por esta razón, mal valorada tal vez, existe información, se buscan notas, se conceden entrevistas, se localizan datos.

Por esta razón, se mueve gente, mucha gente que a querer o no, viaja y se mueve, de un lado a otro, en un conglomerado incesante, inmenso y cansado.

Por esta razón también, otros examinamos y revisamos, dedicando parte de nuestro tiempo a la valoración y al análisis, a la revisión de tantas y tantas cosas hasta terminar cansado, malhumorado a veces.

Y sí, en ocasiones, todo esto cansa y deprime. Sobre todo cuando “tirios y troyanos” se dan hasta con la cubeta, tratando de neutralizarse sin miramiento ni recato. Sin importarles ni el decoro ni el respeto por la naturaleza de la época en que recordamos el nacimiento de un niño, el Niño Jesús, aquél que nació en un pesebre, en Medio Oriente, hace ya más de dos mil años.

Estimado lector, fina lectora, el año que inicia no está exento ni de presagios ni de sobresaltos desgraciadamente. Dos Mil Seis es un año electoral por excelencia y por ello la actividad social en México está circunscrita a la actividad política, aquella que deja buenos dividendos para muchos aunque malos para las mayorías. Sin embargo, tratemos de llevar “la fiesta” en paz para que las cosas ni se colapsen ni se trastoquen.

Tratemos de entender la naturaleza de los asuntos todos para que el espíritu no se deforme. Dejemos que cada quién se esfuerce por lo que cree que es más conveniente porque, si teniendo aquél toda la razón aún así le coartamos, solo nos enredamos. Concedamos tiempo al tiempo y, eso sí, indaguemos, revisemos, cuestionemos y frenemos, pero solo con argumentos, sin errores de apreciación y sí con conocimiento pleno de causa porque si no, pa´ qué le cuento. …Que si la carestía de la vida, que si la inflación. Que si la economía del país está (otra vez) prendida por alfileres, aunque nos digan que no. …Que si los gringos construirán un muro a lo largo de su frontera, o que si no. Que si el gobernador gana mucho, que si es error de apreciación. En fin. Llevemos “la fiesta” en paz, esforcémonos. Veamos las cosas con claridad, veamos las cosas como son. No seamos difusos, no seamos tontos. Por otro lado, tratemos de ser más claros, tratemos de ser juiciosos, no seamos injustos y no seamos tontos. Sigamos esforzándonos, y ya. En paralelo, cuidemos mucho a los niños, ayudemos a quien lo necesite, hagámos bien nuestras cosas y esforcémonos porque la vida debe de seguir, porque la vida debe continuar. Aunque poco a poco la estemos transformando… incluso puede que un poco para mal.

Estimado lector, fina lectora, el ciclo que inicia plantea nuevos retos, ciertos peligros. Los retos suponen desafíos y tal vez hasta necesidades. Sin embargo, el ser humano tiene cosas muy valiosas en su favor. Tiene una mente, tiene capacidades. Tiene raciocinio, tiene comprensión.

A diferencia de las bestias y de los animales, el hombre tiene conciencia de las consecuencias de sus actos y la bestia no. Por eso, el ser humano debe vivir, debe esforzarse y valorar bien todas las cosas en vez de andar de alocado, de frívolo, causando daño a los demás y hasta “pendejeando”.

Porque la vida no retoña pero porque la vida debe de seguir, sigamos, prosigamos. Cuidémonos y valoremos bien todas las cosas, llevando a cabo lo bueno que con claridad nos propongamos. No importa si por ello y si por estúpidos y malquerientes somos injustamente sojuzgados e incluso hasta vituperados… Porque la Navidad y su inigualable calor humano otra vez ha concluido, continuemos, prosigamos. Continuemos con lo que estábamos hasta el día 20 de diciembre anterior y esforcémonos para esperar con sabiduría y con tranquilidad porque para eso somos el hombre, el ser humano. Esperemos nuevas navidades y con lujo de paciencia porque, de momento, ¡se terminó el encanto...!

Es todo.

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