January 19, 2001


Commentario

La muerte de la justicia

Por Pablo Padula

Nadie podrá avisarle a Frank Lee Smith que ya comprobaron su inocencia. El FBI anunció que una prueba de ADN demostró que él no fue quien mató a una mujer de la Florida 15 años atrás, delito que lo llevó a estar a tres días de ser ejecutado en la silla electrica. Pero nadie podrá avisarle. Porque Smith murió de cáncer en un hospital 11 meses antes de que se dieran a conocer los resultados. Murió odiando a la justicia que nunca le creyó.

Sin duda, la injustica es el peor enemigo de la justicia. Y la pena de muerte es la peor enemiga del perdón. Quiero aclarar que no estoy en contra de este tipo de castigo pero reconozco que en los Estados Unidos no se hace lo que es debido cuando se trata de salvarle la vida a un condenado. Y una sola vida vale la pena el esfuerzo.

Harta de tanto crimen, muchas veces la opinión pública asume la culpabilidad del condenado sin cuestionarla y por eso no hay más apoyo para presionar a las autoridades para que eviten que otros mueran injustamente.

¿Quieren pruebas? En los últimos años, 10 personas en este país fueron halladas inocentes y liberadas del pabellón de la muerte gracias a una prueba de laboratorio que cuesta apenas $1500 y que puede hacerse en cuestion de días. En total 81 hombres y mujeres recuperaron su libertad cuando se determinó, a traves del ADN, que ellos no eran los que habían cometido el crimen por el que serían ejecutados o por el que estaban pasando sus mejores años en la carcel.

Al presidente electo Bush, las evidencias de estas injusticias le llegaron en plena campaña electoral, por lo que Texas siguió siendo el estado que más personas ejecuta en todo el país. Pero ya dos gobernadores, el de Illinois y el de la Florida (nada más y nada menos que su hermano Jeb) han dado pasos importantes para evitar que se repitan los errores de la justicia capital.

El gobernador George H. Ryan pidió una revisión completa de todos los casos de personas condenadas a muerte luego de que varios prisioneros en las cárceles de Illinois fueron hallados inocentes gracias a la prueba de ADN. Nadie ha sido ejecutado en ese estado desde marzo de 1999.

El último en adherirse a la moda de la cautela fue Jeb Bush, hermano de uno de los hombres que más certificados de muerte ha firmado en la historia de los Estados Unidos. Jeb dijo poco después de la muerte de Smith que no permitirá otra ejecución hasta examinar todas las evidencias genéticas que podrían determinar la inocencia del condenado.

La tendencia está marcada. En los Estados Unidos la muerte ya no parece tan buena idea cuando se trata de castigos. En la actualidad hay miles de personas que recibieron sus condenas antes de que se probara la efectividad del ADN para descartar a posibles sospechosos, muchos de los cuales, estadísticamente, podrían ser inocentes. Sin embargo, repito, no existe el consenso popular que podría empujar a los políticos al abismo de la duda y lograr que pidan exámenes mandatorio en todos los casos en lo que la evidencia genética pudiera liberar al condenado. Sin duda, quienes hacen las leyes están en la cuerda floja que va desde el crimen hasta la re-elección, desde parecer blandos hasta tratar de no ser injustos. No pueden correr el riesgo de contradecir al consenso no sólo de los ciudadanos sino tambien de la Corte Suprema de Justicia.

Esa sería su propia condena a muerte.

Regresar a la Portada