January 14, 2005

Una ciudad golpeada por las lluvias: Visita a los albergues temporales de Tijuana

Fotos y texto por Luis Alonso Pérez

Las recientes tormentas han dejado a su paso severos estragos en las calles de Tijuana, particularmente en las áreas más pobres de la ciudad. Las zonas en declive fueron fuertemente golpeadas por deslaves de lodo, piedras y basura. Las calles sin pavimentar se transformaron en estanques gigantes de lodo.

El domingo pasado Blanca Murillo de 50 años se encontraba refugiándose de la lluvia en su casa en la colonia Morelos, cuando su vecina le comenzó a gritar que saliera de su casa porque las paredes de madera estaban a punto de caerse. Lo único que alcanzó a rescatar fue una maleta con ropa que había preparado ya que anteriormente había perdido una casa por los deslaves.

Las paredes comenzaron a vencerse y Blanca alcanzó a salir de la casa justo a tiempo. Un resbalón la hizo caer y mientras se levantaba del lodo alcanzó a ver cómo la corriente derrumbaba su humilde casa de madera. Momentos después una patrulla la llevó a uno de los cuatro albergues temporales que se han abierto en Tijuana.


Eva Ramos y vecinas de la colonia Camino Verde

Desde los últimos días de diciembre miembros de la policía y bomberos municipales, han acudido a las zonas más afectadas por las inundaciones o deslaves para desalojar a los colonos. Algunos obedecían las recomendaciones y eran transportados a los albergues, sin embargo muchas personas se negaron a dejar sus casas.

Eva Chávez y su familia salieron de su casa y se fueron a un albergue a la primera alerta del departamento de Protección Civil. Los deslaves de lluvia y lodo derribaron una pared e inundaron su casa. Los fuertes vientos se encargaron de llevarse las piezas de triplay de segunda mano que su esposo, Leonel Ramos, había colocado como techo. “Algunas personas no quisieron irse cuando llegaron a evacuar por miedo a que les robaran sus cosas –comentó Eva– pero las cosas son lo de menos, para nosotros lo importante son ellos”, agregó mientras voltea a ver a su hija jugando con un grupo de niños en el albergue del gimnasio municipal.

Durante el día el albergue parece un patio de una escuela durante el receso. Docenas de niños juegan mientras sus madres limpian sus pequeños espacios divididos por barandales de metal. Acomodan las colchonetas donde duermen y ordenan las pocas pertenencias que lograron rescatar. Es raro ver a los padres de los niños en los albergues, la mayoría está trabajando o regresó a sus colonias a cuidar y reparar su casa. Pero Leonel Ramos no puede salir a ganarse la vida, él y su esposa se dedican a la venta de ropa usada en un mercado ambulante de su colonia, y el clima hace imposible el comercio en las calles.

Por ahora a Eva y Leonel sólo les queda esperar a que pasen las lluvias y esperan poder volver a construir de nuevo su casa en el mismo lugar, ya que habían ocupado un terreno que no les pertenece. “No podemos regresar a nuestras casas, ni siquiera volver a entrar a la calle porque está todo enlodado” comentó Eva.

Berta Flores y 30 familias de la colonia Camino Verde perdieron sus casas en unas cuantas horas. Las corrientes de agua causaron deslaves que hundieron grandes extensiones de tierra, provocando que se derrumbaran en un agujero gigante. Las autoridades han hablado con los colonos para buscar una forma de reubicarlas, pero Berta y algunos otros vecinos son los propietarios de los terrenos en los que estaban construidas sus casas, por lo que una reubicación les afectaría tremendamente.

Para muchas de las mujeres en los albergues la reconstrucción de sus casas y las complicaciones de su reubicación son problemas para los que no tienen una solución todavía. Por lo pronto están más preocupadas por dónde vivir si los albergues temporales se cierran. Han perdido las pocas cosas que poseían, la poca ropa, muebles y herramientas que utilizaban para hacer las tareas básicas de la vida diaria. “No tenemos nada, ni siquiera un sartén para poder cocinar” agregó Berta con una profunda tristeza en su voz.

Muchas de las familias en los albergues dependen únicamente del salario de la madre. La mayoría tiene que sacar adelante a su familia ganando el salario mínimo (150 dólares mensuales en promedio) o con el dinero que manda el esposo que emigró a Estados Unidos para trabajar como obrero (200 dólares mensuales en promedio). Los bajos ingresos y el continuo arribo de cientos de personas a Tijuana cada mes, hacen que la única solución a la falta de terrenos accesibles, sea asentarse ilegalmente y construir sus casas, en áreas consideradas por las autoridades como inhabitables por el alto riesgo que presentan en casos de desastres naturales, como las faldas de una montaña o las orillas de un río.

Las familias en los albergues sólo pueden esperar a que pasen las tormentas y puedan comenzar a reparar sus comunidades o construir de nuevo. Muchas familias o individuos como Blanca Murillo tienen que iniciar de cero “Ni modo, tenemos que regresar y volver a empezar. Si no es ahí mismo, pues en otro lado, no hay de otra”.

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