January 11, 2002

Encienda Una Vela
Mons. Jim Lisante
Director, The Christophers

Nuestra Fe

Un día vino a mi oficina una mujer joven con una gran necesidad de conversar. Se encontraba profundamente afectada por la muerte de su padre. Hablamos sobre el significado de la vida y de la muerte. Y ella quería hablar especialmente sobre la inmortalidad. Me preguntó sobre el paraíso, y cómo podemos tener la seguridad de que existe. ¿Cómo puede una persona disfrutar de una vida feliz, después de su vida terrenal? ¿Qué clase de pecados pueden impedir que una persona disfrute de la bondad y misericordia de Dios? Ahora que un ser muy querido falleció, Marianne necesita saber. Y quiere, más que nunca, ser una persona de fe. Ella quiere creer en una vida más allá de nuestra experiencia terrenal. Pero a veces la esperanza le falla y cae en las dudas que la paralizan. A veces es difícil creer en una realidad que no podemos ver.

Hacia el final de nuestra conversación se notaba que Marianne estaba triste. Y sus palabras lo confirmaron. "Padre Jim, ojalá pudiese ser más como usted. Ojalá pudiera creer que mi padre tiene más ahora que antes. Le aseguro que nadie necesita creer en el paraíso, más que yo. Pero no puedo. Mi fe es débil".

En realidad Marianne no es la única. Mucha gente que conozco y le tengo mucho cariño no están seguros de su fe. En World donde se celebra lo probable, lo verificable y lo científico, creer en lo que no podemos comprobar parece casi imposible.

Pero quizás nos damos más a la fe de lo que nos imaginamos. Quizás creemos más en lo desconocido de lo que nos damos cuenta. Por ejemplo, después que muchas generaciones han hablado de la supremacia de lo ciencia sobre la creencia en Dios, las encuestas hoy día nos afirman lo contrario. Una de ella, publicada recientemente en una revista, nos muestra que más del 90 por ciento de los norteamericanos dicen creer en Dios.

Quizás aún más elocuente son las muestras de fe que nos rodean. Cuando maneja su auto, usted frena frente al semáforo. Y al mismo confía en que, cuando tiene la luz verde, los demás con luz roja frenarán y lo dejarán pasar sin peligro. En realidad usted no sabe si eso es verdad, pero usted confía.

Cuando viaja en avión, para visitar a la familia o por negocios, usted pone su vida en las manos de un piloto profesional. Usted confía.

Cuando usted va al médico, pone su cuerpo entero en manos de ese profesional. Y si tiene que operarse, usted pone su vida en las manos del cirujano. Usted confía.

¿Y qué pasa con el amor? Usted se enamora de alguien. Mantienen una relación por un tiempo, hasta que cree conocer a la otra persona. Y se casan. Y planean construir una vida juntos. Usted no sabe lo que traerá el futuro. Pero usted confía.

En cada caso usted acepta el riesgo, sabiendo que muchas cosas no se pueden comprobar y hay que dejarlas en manos de la fe. En el fondo reconocemos que, a cierto nivel, la vida no tendría sentido si todo fuera comprobable y perfectamente calculado. Marianne dijo que su fe era débil, su búsqueda y el amor por el padre mostraron distinto. Mostraron que nuestra propia naturaleza nos hace confiar. Y gracias a Dios, somos todos seres de fe.

Para recibir una copia gratis de ECOS Cristóforos S-206 "En lo cotidiano... lo extraordinario", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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