January 10, 2003

Fe en bicicleta

La devoción a la Virgen de Juquila

Por Mariana Martínez

En la comunidad costera de Ventanilla, Vicente revisa su bicicleta; llantas, frenos, antes de irse a acostar. Es medianoche, y Vicente, despierto se prepara para salir, junto con 70 hombres más, desayuna frijoles, tlayudas (tortillas grandes) y café de la olla, a las tres de la mañana, salen todos desde el poblado siguiendo la carretera, todo el día de viaje hasta Puerto Escondido, donde extenderán petates y cobijas ante las estrellas, agotados. Una vez más, a las tres de la mañana salen hasta pasar la noche en El Vidrio, el último poblado antes de entrar a la estrecha y tortuosa carretera que los llevará a Juquila.


Camino a Juquila en bicicleta, dcenas de personas llevan en sus espaldas imagenes que compraron, para llevar a casa, en su regreso.

El último día es el más difícil, pero el más alegre, por el camino se mezclan con los demás peregrinos venidos de todos los confines de Oaxaca; cientos de bicicletas de colores y peregrinos a pie- los menos-hacen a la curveada y boscosa carretera aún más estrecha. Algunos peregrinos van acompañados por camiones de redilas de colores brillantes, adornados con guirnaldas, imágenes y flores naturales, dentro llevan sus mochilas, petates, agua, fruta, lo indispensable para llegar. Llegan, a las ocho de la mañana del “mero día” 8 de Diciembre, al cerro del pedimento, justo antes del Poblado de Santa Catarina Juquila. Con un recorte de revista del carro de sus sueños, un dibujo a lápiz de una casa, la foto de un ser querido o un pedazo de piel para pedir ganado, incluso cartas cerradas que piden en los privado, los peregrinos le piden en oración a la Virgen que cumpla sus sueños, y ellos a cambio, le darán las gracias en bicicleta, llegando cada año para su fiesta.

Cada peregrino tiene una relación muy íntima con la Virgen; él decide cuanto ofrecerle por sus favores; un año peregrinar, dos, tres. El primer año viene al pedimento, y si se cumple lo que pide, viene las veces acordadas en agradecimiento, aunque la mayoría de los peregrinos, al venir a agradecer, viene a pedir algo más, y por eso, la carretera se llena de viejos conocidos que vienen todos los años a saldar deudas y contraer nuevas, desde que tienen memoria.

Los fieles a la Virgen no entrenan para el duro camino, no tienen equipos, casco o ropas especiales, tienen fe y práctica. Para la mayoría, la bicicleta que tienen es su medio de transporte en la ciudad, es su medio de vida, en ella reparten pan, o son mensajeros, en ella llegan a la construcción a sus centros de trabajo, pasando por caminos de terracería para llegar al poblado vecino, la bicicleta es un medio confiable y barato para la mayoría de los habitantes en Oaxaca, por ello, es también la preferida para cumplir con la fe.

Ni Vicente ni nadie dice nunca lo que pide, pero él esta jurado - realizó una promesa a la Virgen a cambio de su protección- por tres años, su favor es grande y este fue su primer viaje para agradecerlo.


Una muchacha peregrina con la Virgen de Juquila en los brazos

El pequeño poblado de Santa Catarina Juquila esta enclavado en la sierra de Oaxaca, a 7 horas en camión de la capital del estado. Rodeado de bosque y montaña, Santa Catarina Juquila es un pueblo pequeño, de 6 calles pavimentadas y un par de hoteles que cada año, celebra las fiestas de la patrona del pueblo. Desde tiempos que nadie precisa la imagen de la Virgen de Juquila estaba en una de las cuevas del cerro del pedimento, con adornos y entrada de paja, en las afueras del pueblo, hasta donde toda la gente la visitaba, pero un día sin precisar, un incendio atacó la cueva, quemando todo, incluso la cara de la Virgen, todo, menos su manto, que quedó intacto y blanco después del desastre.

Es desde entonces que la gente la considera milagrosa, y decide pedirle favores y prometerle visitas, tocando su manto. El pueblo agradecido por los favores recibidos se organiza para conseguir dinero y construirle un templo; en el punto más alto del poblado, el 4 de Diciembre de 1915, es inaugurada la iglesia del pueblo, con la imagen de la Virgen como centro.

La imagen no mide más de 30 centímetros y su cabeza, quemada parece de lejos una nuez, pero su manto es minuciosamente bordado y largísimo, y el velo que cubre su cabeza aún más. La iglesia fue construída con un cuarto en la parte de atrás del altar, donde el gran manto es extendido a manera de techo por detrás de la Virgen. Es ahí donde la gente pasa, por unas escaleras, bajo el manto de la Virgen buscando su bendición, y sus pies, en una pequeña canasta con fieltro guinda, depositan muchos los milagritos (pequeños objetos de metal que representan su necesidad); un libro para ayudar al estudiante, un corazón para quien busca el amor, un brazo para quien sufre de salud, también ponen billetes de juguete y fotos de personas queridas.

El rito anual para el pueblo de Juquila consiste en ir al cerro del pedimento, subir a pie hasta la iglesia, escuchar misa y luego, pasar por debajo del manto de la Virgen buscando su bendición, y antes de volver a su lugar de origen, comprar “reliquias”, imágenes, cuadros, escapularios (collares protectores) y flores para adornar sus camiones o bicicletas, y llevarlos a casa.

La celebración a la Virgen de Juquila es el 8 de Diciembre, sin embargo, la cantidad de personas que quieren visitarla supera la capacidad del pequeño poblado, se ha hecho necesaria más estructura, y extender la fiesta algunos días. El itinerario se da a conocer por medio de carteles, distribuídos en todas las ciudades de Oaxaca y desde cada comunidad se organizan para hacer el viaje, como en el caso Vicente y sus compañeros de la comunidad de Ventanilla, dieron una cuota y se rentó el camión y la comida para todos los que realizan el viaje.

Este año, la celebración inició el 28 de Noviembre, con el canto de Las Mañanitas y un gran convite (fiesta pública con música y comida); al día siguiente se destina la iglesia para que rinda culto la comunidad vecina de San Martín y a partir del 30, las celebraciones son divididas por profesión: Primero, rinden su culto a la Virgen los arquitectos, albañiles y plomeros; 1 de Diciembre, doctores, enfermeras, biólogos, químicos y farmacéuticos y así consecutivamente van rindiendo culto las tortilleras y panaderos, los pintores y ebanistas, mecánicos, hojalateros y choferes, verduleras, restauranteros, contadores, abogados, electricistas…Cada cual en su día, hasta el 7 de diciembre, en que se agradece a los bienhechores y madrinas de la fiesta con una gran comida y quema de toritos (figuras de madera y papel con cohetes, que se prenden para simbolizar lo malo que se va) y el 8, el día de la fiesta, llegan a Juquila aquellos cuya profesión no fue contemplada, o los que no pudieron venir por trabajo. Miles de personas dispuestas a pasar horas de sol para llegar al cerro del pedimento, escuchar misa desde el patio de la iglesia o apretujado en su interior y luego, una fila de dos kilómetros de largo para pasar bajo su manto.

Un día después, todavía las calles inundadas de lonas azules y músicos ambulantes, la imagen de la Virgen sale de su iglesia y es llevada en alto por todas las calles de la ciudad, culminando las festividades de doce días, con el alegre baile de las azucenas, que inicia a las cinco de la tarde y no acaba, hasta mediodía del día siguiente.

Vicente y sus compañeros están cansados, pero alegres; en solo tres días de viaje hicieron lo que les llevaría una semana a pie, cumplieron su promesa, agradeciendo la protección del cielo y regresan a su casa, tranquilos bailados y confiados, con el manubrio y el alma cubierta de flores coloridas y creencias.

Esta fiesta no sólo atrae peregrinos; ha sido desde siempre un fuerte punto de comercio para imágenes religiosas, objetos mágicos y hierbas, un lugar para limpias y lectura de cartas.

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