January 9, 2004

Comentario

La Nueva Imagen del Partido Demócrata

Por Humberto Cespa, Ph.D

Los comicios electorales primarios y las juntas políticas están a la vuelta de la esquina. En el partido Republicano, aparte del presidente George W. Bush, no se avizora a ningún otro candidato. Muchos quedaron rendidos antes de la contienda misma, nadie se atreve a darle “lata” al Presidente, todos se desvanecieron en el aire. Mientras tanto, en el partido Demócrata sucede lo contrario. Desde el candidato más chico, el senador Joe Lieberman, hasta el más grande, el también senador John F. Kerry, se han dado con todo. Los altercados verbales son personales y también contra el partido, y reflejan conspicuamente la ahondada crisis de identidad ideológica que existe en el seno mismo de los demócratas.

Muchos recordarán el eslogan político en las elecciones presidenciales de 1992, “es la economía, estúpido”, que llevó a Bill Clinton a la presidencia de la república. Fue una pancarta exitosa que prácticamente arrasó con las encuestas del momento, que mostraban al ex-presidente George Bush (el papá) con más de 80% del voto popular. Y fue también un indicio del cambio ideológico, dentro del partido demócrata, de una posición más izquierdista hacia otra moderada, particularmente con relación a las políticas económicas del país.

La tendencia izquierdista del partido demócrata empezó con el gobierno de Franklin D. Roosevelt y luego con Harry Truman. Después del descalabro que ocasionó las políticas de laissez-faire a finales del Siglo XIX e inicios del XX, generando incluso una “Gran Depresión” económica a niveles mundiales, la intervención estatal en la economía fue una variante casi natural del gobierno de Roosevelt. El Presidente tenía que, a toda costa, recuperar la confianza de la gente en el gobierno; y hace, por lo tanto, todo lo humanamente necesario para sacar al país del fondo del abismo económico. Entonces, encamina a su administración por la ruta de las políticas de corte estatista, pregonado por el economista Inglés, John Maynard Keynes. Así, el nuevo semblante del partido demócrata se consolidó sobre la figura intervensionista del gobierno de Roosevelt. Está posición, sin embargo, fue palideciendo paulatinamente, hasta que finalmente se debilitó con el gobierno de Jimmy Carter.

La aparición de Ronald Reagan en Washington virtualmente sepultó la opción estatista en la economía. Desde entonces, los demócratas perdieron la brújula del partido. Tanto Walter Mondale en 1984 como Michael Dukakis 1988, cayeron derrotados ante Ronald Reagan y George Bush (padre), respectivamente, debido a que sus agendas rescataban al Estado de bienestar, el cual estaba directamente asociada con la imposición de impuestos y era entonces bastante impopular con la ciudadanía. Empero, con la candidatura de Bill Clinton en 1992, los demócratas encuentran una línea ideológica centrista, conciliadora a los capitales financieros y los organismos económicos transna-cionales, así como también a las organizaciones sociales de las clases medias, y los sectores de trabajadores sindicalizados. El presidente Clinton se convierte en la nueva imagen del partido demócrata. Para muchos intelectuales, Clinton se transforma en discípulo nato, aunque no formalmente adscrito, del ideólogo Inglés de la “Tercera Ola”, Anthony Giddens.

Ahora bien, con la llegada del candidato a la presidencia del partido demócrata, Howard Dean, esa línea moderada, establecida por Bill Clinton, está en retreta. El discurso político de Dean no es simplemente crítico a la invasión de Estados Unidos en Irak, sino también al acoso pernicioso de los grupos financieros y las empresas supra-nacionales —Wal-Mart, Costo y Home Depot— hacia los sectores productivos pequeños, y al mercado de bienes nacionales.

Por consiguiente, Howard Dean, encarna, por una parte, el carácter resuelto de aquellos ciudadanos que se oponen a la belicosidad del gobierno de George W. Bush; y por la otra, se ha tornado en el héroe de la gente que, a través de cuatro años de políticas contemplativas al “gran capital”, ha perdido trabajos, o han sido presas de un proceso de precarización en sus recintos laborales. Dean, por cierto, devuelve ese espíritu humano del partido demócrata caracterizado por Franklin D. Roosevelt. Puede ser que pierda en las próximas elecciones presidenciales de 2004 contra George W. Bush, pero su perfil social ya ha hecho mella dentro de su partido.

Humberto Caspa, tiene una maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue catedrático de la Universidad Estatal de California, Fullerton.

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