January 30, 2004

Perspectiva:

Tema Pegajoso

Por Andrés Lozano

Me entretiene leer y escuchar a ambos lados del debate sobre la inmigración. Es entretenido porque no sostienen ópticas antagónicas, sino convergentes. Personas, por lo general inteligentes y capacitadas, proponen y defienden posturas de una manera que rechazarían en otros temas. La razón es sencilla: una de las partes no quiere ser percibida como insensible al predicamento de los pobres que arriban y a la ciudadanía de esos orígenes; la otra no quiere ser responsabilizada del cambio brusco de la identidad nacional. El resultado es que ambas emplean una especie de lenguaje orweliano al plantear sus propuestas y enturbian en vez de aclarar temas. De hecho, ambas partes tienen enfoques correctos aunque los expresan en forma oblicua. Por ello, es mi intención librarme del lenguaje en clave, al estar en la ventajosa situación de ser mexicano-americano con vínculos cercanos en ambos lados y con dificultad ladeada en cualquier sentido.

Primero, por definición, ¡la inmigración es benéfica! Si la inmigración no fuera el rasgo distintivo de EUA ‘el búfalo continuaría errando’. Segundo, existen modelos de prosperidad en casa que, con eficacia suplen la necesidad de la emigración generalizada del pasado. Finalmente, las naciones tienen el derecho inherente de proteger su perfil y rasgos nacionales del cambio brusco.

EUA es una mezcla mayoritaria de orígenes europeos semejantes y diversas minorías fundidas a paso más pausado. Esto es, para evitar empacho, con suavidad, la masa crítica absorbe mejor el flujo. La inmigración actual debe fundirse con maleabilidad en la mejor y más avanzada civilización de la historia, enriquecida con la rica dote aportada por los recién llegados. En paralelo, otras naciones no deben empobrecerse y desangrarse resultado del desarraigo de mano de obra y aptitudes invaluables, precisas para consumar proyectos de prosperidad en casa. La reciente integración europea ofrece un ejemplo excelente: Las barreras migratorias primero se aflojaron y luego desaparecieron en los países miembros más prósperos al mismo ritmo que los nuevos países prosperaban. Seamos realistas: ¡Cuándo la prosperidad mexicana se acerque a la de Canadá, los cruces fronterizos serán tan irrelevantes en la frontera sur como lo son en la norte! Más aún, cuando quede extirpada la amenaza terrorista de la faz de la Tierra, las garitas fronterizas serán redundantes.

Aunque vagos algunos puntos de la iniciativa migratoria presidencial, es un paso en el sentido correcto. Deja la puerta abierta a la inmigración dentro de la gran tradición americana y modera la afluencia desmandada, dañosa en el origen y el destino. Es acomodo fatal para los países estimular la emigración para mantener un statu quo precario e injusto en casa. Por ello, la emigración debe supeditarse a iniciativas de prosperidad domésticas, donde los contingentes de inmigración de EUA se ajusten en función de mejoras efectivas y medibles en las fuentes exportadoras de mano de obra. Si esta motivación no se incorpora dentro del trato, políticos y burócratas miopes en el origen continuarán impulsando la emigración para aliviar la presión de cambio interno y como apto mecanismo de generación de divisas. Varios países ya son adictos a las remesas de trabajadores en el exterior. Rápido, esas remesas de divisas se vuelven la fuente principal de ingresos del exterior, una lamentable y endeble situación, arreglo efímero colmado de riesgos, urgido de remiendo. Cuando se promulguen las reformas migratorias, el gobierno de EUA precisa involucrar en forma productiva a sus contrapartes en los países exportadores de trabajadores y asignar cuotas flexibles, vinculadas a reformas verificables pro prosperidad en cada fuente. ¿Un aliciente burdo? ¡Desde luego! Más del todo eficaz.

Los partidos políticos en los países de origen deben desempeñar un papel esencial. Empero, primero precisan comprometerse entre ellos con pactos antimalignidad, a lograr acuerdos multipartidistas, inmunes a y aislados de la politiquería. Comprometerse a adoptar y llevar a cabo medidas de prosperidad que reconozcan la emigración como la válvula de salvaguardia que es no como un fin en ella misma. Por ejemplo, en México, existe consenso creciente entre actores políticos, sobre cuáles son las reformas medulares necesarias para prosperar y no hay mayor discrepancia en cuanto a la forma de efectuarlas. Por desgracia, una tradición ampulosa y un sesgo por triunfos rápidos impide avanzar en conjunto a los participantes sin zancadillearse en el proceso.

En México, la coincidencia favorece llegar pronto a un pacto de prosperidad. La promulgación de la reforma migratoria americana casará con el comienzo, en serio, de la campaña presidencial del 2006. Ambas en sintonía con el momento cuando aspirantes políticos buscarán acicalar imágenes ante un electorado fastidiado por el politiqueo estéril de sus elegidos que acogota el crecimiento mexicano. Por ello, hay incentivos tangibles para que los partidos se porten bien para verse mejor en el momento óptimo.

Andrés Lozano can be reached at : alozanoh@msn.com

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