January 30, 2004

Comentario

Responsabilidades Manifiestas en Irak

Por Humberto Caspa, Ph.D.

Bagdad y las otras ciudades vecinas se han convertido en lugares inhóspitos para los soldados norteamericanos. Pocos pueden conciliar el sueño, algunos ya empiezan a sentir el pesar psicológico que acompaña a toda contienda bélica, todos están con la mirada sigilosa, tratando de encontrar a los responsables de los esporádicos ataques que cobraron más de 500 bajas estadounidenses, cerca de 100 ingleses y miles de civiles Iraquis.

Una guerra que empezó con la etiqueta de “alta intensidad” ahora está convertida en “guerra de guerrillas.” Las armas de destrucción masiva (ADM), que fueron excusa para la invasión estadounidense en Irak, “nunca existieron”, de acuerdo a la explicación de David Kay, ex-jefe de inspecciones de Armas de los Estados Unidos. Si ese es el caso, el Presidente George W. Bush y sus allegados políticos de su “doctrina preventiva”, según las inferencias vertidas por Kay, “deberían dar paso al esclarecimiento del episodio Iraqui a través de un órgano independiente de investigación”. Este proceso, sin embargo, debería llevar a instancias mucho más drásticas, incluso a un procesamiento político del Presidente en el Congreso, dado su conspicua utilización de recursos humanos y materiales para llevar a cabo un proyecto (la guerra), cuyos argumentos se sostuvieron sobre la base de la manipulación de datos y gesticulación de hechos. Simple, el presidente mintió y tiene que sentarse en la “silla de los acusados”.

De acuerdo a algunos críticos de las políticas de la presente administración en el Medio Oriente, el presidente y especialmente la facción dura (the hawks) de su gobierno, el Vice-presidente Dick Cheney, el Secretario de Defensa Donald H Rumsfeld, y la Asesora de Seguridad Nacional Condeleeza Rice, manipularon a varias agencias federales, i.e. la CIA, FBI, entre otros, para emprender una política inflexible contra el régimen de Saddam Hussein. Una vez que el semi-duro Colin Powell, Secretario de Relaciones Inter-nacionales, no tuvo éxito en promover, a través de mecanismos diplomáticos, consenso en las Naciones Unidas, tanto en el Consejo de Seguridad como en la Asamblea General, los “hawks” inmediatamente impusieron sus propósitos para buscar una salida bélica. Todo ello, con la intención de encontrar las ADM una vez terminada la guerra. El tiempo, empero, se encargó de desechar toda relación supuesta entre Irak y las armas letales. Asimismo, nadie duda que Saddam Hussein fue un tirano de intenciones insospechadas, pero eso nunca debió ser la razón por la cual el país, especialmente los ciudadanos norteamericanos, tengan que pagar con creces el error de sus líderes.

Así, tanto el Presidente George Bush y la mayoría de sus asesores políticos y de seguridad, con excepto el Vicepresidente Dick Cheney, se han distanciado plenamente de su línea dura. El Presidente fue claro en demostrar ese cambio en el Informe al Estado de la Unión la pasada semana y en sus subsecuentes entrevistas, aunque todavía defiende su perspectiva belicosa en la región. “El mundo es más seguro sin Saddam”, continúa vociferando. Por otra parte, los secretarios Colin Powell y Condeleeza Rice también demostraron un cambio de estrategia en la forma de presentar el caso de Irak al público. No se arrepienten, pero hacen manifiesto el error de sus fuentes de información.

Ese distanciamiento a la postura dura, sin embargo, y todas las palabras apologéticas que probablemente vertirán el Presidente y sus asesores políticos, no pueden ser suficientes para convencer a la ciudadanía de un hecho comparable al Watergate. En aquella oportunidad el ex-presidente Richard Nixon mintió bajo juramento de una confabulación suya en contra no solamente del partido demócrata, a quien directamente afectó, sino también del sistema democrático del país. Como se sabe, Nixon fue investigado, enjuiciado, hallado culpable, pero fue perdonado por el Presidente Gerard Ford.

El caso de Watergate es un punto de partida y una base substantiva para llevar a cabo una serie de investigaciones que lleguen al meollo del asunto de Irak. Inicialmente y tal como sostuvo el ex-jefe de investigaciones de ADM en Irak, David Kay, el gobierno deberá asignar un órgano independiente de investigación supervisado por miembros del Congreso. Luego, insistir que las agencias gubernamentales, tales como la CIA o el Departamento de Estado, a menudo amparados por ley de no hacer pública información a los medios de comunicación por cuestiones de seguridad, se flexibilicen y permitan llevar a cabo un proceso que no simplemente culmine con la investigación, sino también, si es necesario, con el Presidente y Vicepresidente en la silla de los acusados.

Finalmente, es importante reiniciar un acercamiento del gobierno con la ciudadanía. El esclarecimiento de la problemática de Irak devuelve a la gente la confianza depositada en el gobierno. Los cuestionamientos técnicos que empezaron a ventilarse con David Kay sirven para dar reinicio a un acercamiento lógico de una situación que ha sido, desde su inicio, hegemonizado por el Presidente y sus allegados políticos.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue Catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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