January 16, 2004

Comentario

Integración Americana

By Andrés Lozano

La historia no se repite, ciertas condiciones sí. Cuando los españoles primero y otros europeos después, conquistaron y colonizaron América, tenían ventaja de diez mil años respecto a los naturales. Medidos en años tecnológicos, EUA tiene hoy delantera de eones frente a Iberoamérica: abrumadora e inalcanzable. Esta es una aserción crucial: Iberoamérica precisaría reinventar lo inventado, absurdo a todas luces. La coyuntura eficaz es la cooperación. Formar parte de proyectos de descubrimiento.

El modelo de prosperidad americano es el de punta en el mundo y la define. Hasta reticentes de consecuencia, como el eje Berlín-París-Bruselas más China y Japón saben ése es el camino. Japón está cuajado por no trascender su shogunato bajo otro nombre. China es ahora eficaz fascismo, cuyo desafío es no coagularse en un par de décadas como Japón hoy. La opción iberoamericana sería adoptar, sin remilgos, el modelo de prosperidad americano, previo a ser impuesto por la fatalidad. Por fatalidad no me refiero por cortesía de los marines, sino por mera supervivencia. Si continuamos con el modelo iberoamericano de penuria, en quince años más cerramos los países de México hacia el sur y, en masa, nos mudaríamos a EUA, como si esto fuera posible.

Discrepancias de todo tipo no podían ser mayores a las de las cosmologías de Cortés y Moctezuma, mas predominaron diez mil años de avance. México es síntesis de culturas avasalladas por una civilización superior a la cual, el vencido imprimió signos distintivos y enriquecedores, lado virtuoso del mestizaje. El fenómeno se repite al margen de opiniones. Intelectuales, académicos y privilegiados iberoamericanos predican el inmovilismo en nombre del jamás alcanzado progreso en abs-tracto. Su credo colectivista no es trampolín a la prosperidad, sino tobogán al atraso. El proceso hacia el progreso es irreversible, mas no sugiere la obliteración cultural iberoamericana, sino su fusión a un esquema mayor y mejorado. La clave del éxito iberoamericano es la colaboración, dejar de resistir el adelanto. Dejar de blandir el espantajo de las tradiciones, como si todas fueran virtuosas. Lo rescatable flota sin necesidad de corchos.

Sensiblerías al margen, el freno es el relativismo reduccionista, pues pretende igualar lo incomparable. En el despunte del siglo dieciséis, España era la potencia de vanguardia, su civilización la delantera. Querer equiparar al inca con Pizarro es tan estéril como intentar comparar pusilánimes y atolondradas culturas iberoamericanas con la quasi-civilización americana. La envidia es paralizante, pone en desventaja automática a quien la alberga, principalmente entre privilegiados regionales, pues a escala de las personas comunes el intercambio es rico.

Mientras iberoamericanos se agringan sin recato, en EUA florecen manifestaciones culturales iberoamericanas como la preferencia compulsiva por la comida mexicana iniciada con una margarita congelada y acompañada de una Corona o XX. La influencia del español sobre el inglés: «Hasta la vista», «Mi casa es su casa», «Vaya con Dios», etc., son cognados incorporados al inglés cotidiano, como OK y Bye-Bye, lo están al español. No apostaría a la prevalencia del spanglish sobre el espanglés, salvo en terminología tecnológica.

Grecia y Roma saquearon las culturas sometidas y adoptaron numerosos de sus signos: los helenizaron y romanizaron, el resultado fue mejor. Bajo el nombre de civilización occidental, la civilización grecorromana vigente es líder mundial sin regateo posible. En medio siglo, transformación y fusión de las culturas iberoamericanas a una civilización avanzada arrojará como saldo una civilización americana acrecentada de todas las Américas. Mientras, como ocurre siempre, el proceso de fusión y rechazo de lo inservible es doloroso, lleno de recriminaciones.

A falta de mejor nombre, el rencor iberoamericano podría llamarse ‘síndrome a la celta’. Irlanda tuvo agravios justificados contra Inglaterra. Mientras los hibérnicos se ensimismaron en ello, Eire era el retrato del retraso. El talento de los forjadores de la independencia irlandesa y sucesores consistió en romper vasallajes y absorber ventajas de la civilización británica. De Valera y Collins abominaban a los ingleses, mas no volvieron a los clanes tradicionales y a pintarrajearse el rostro de azul en gesto absurdo. Prefirieron progresar, no volverse vulnerables en el retraso envidioso y estéril de recuperar tradiciones sin ton ni son. La derrota en Culloden enseñó lo mismo a los escoceses; aprendieron la sangrienta lección y forjaron con sus vencedores un imperio imbatible hasta ahora. ¿Es imaginable un avance británico sin gaitas y kilts en la vanguardia?

Acrisolar es morir y renacer mejorado. Con variantes, el relato del ave Fénix es común a todas las culturas. El acero es hierro y carbón, indispensables ambas contribuciones para obtener el primero mejorado. Nuestra integración se inició hace siglo y medio sobrado con la guerra entre México y EUA, llegará a su clímax a mediados de éste. Iberoamérica sorbe civilización occidental en deficiencia a través de la fusión americana, no de Europa en forma directa. EUA chupa cultura iberoamericana vía exquisiteces mexicanas en primer lugar. México es el conmutador regional. De norte a sur, embudo canalizador del agringamiento y de sur a norte regadera de regalos iberoamericanos.

Andrés Lozano can be reached at alozanoh@msn.com

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