January 16, 2004

Comentario

Prepárese hoy para prevenir el Monstruo del fuego de mañana

Por Thomas Bonnicksen, Ph.D.

En el año 2000, los americanos estuvieron pegados a sus televisores mientras el monstruo del fuego rugía en el oeste. Sucedió nuevamente en los años 2001 y 2002. Estos horribles incendios mataron gente, destruyeron hogares y hábitats silvestres, despojaron a la tierra de vertientes de agua, atoraron los arroyos y los embalses naturales con desechos y convirtieron millones de acres en carbón.

Otra vez, este otoño bosques y zarzales no controlados del sur de California alimentaron más monstruos del fuego que mataron a 26 personas y quemaron 740,000 acres.

Hoy, las cifras de la catástrofe indican que más de doce personas murieron a causa de los deslizamientos de lodo.

¿Dónde atacará el monstruo del fuego la próxima vez?

A la cabecera de la lista se encuentra el sur de California, donde los árboles muertos aún cubren las montañas de San Bernardino. La Sierra Nevada también puede arder ya que años de controversia impidieron la implementación de proyectos de entresacado de árboles que podrían evitar una catástrofe. Lamentablemente, la mayoría de los estados del oeste están en peligro.

¿Tomaremos las medidas necesarias para proteger las vidas y la propiedad de la amenaza del monstruo del fuego? ¿Protegeremos los bosques que hoy disfrutamos para que las generaciones futuras también puedan disfrutar de ellos?

La respuesta es no, al menos no por ahora.

Sabíamos del peligro que enfrentaban los bosques y los zarzales del sur de California, pero no actuamos con prontitud suficiente para evitar la pérdida de un bosque completo —474,000 acres— en las montañas de San Bernardino y San Jacinto, la devastación causada por el escarabajo del pino del oeste o los incendios forestales que sucedieron después en octubre de 2003.

Tampoco previnimos los incendios de chaparrales que cobraron tantas vidas y destruyeron tantos hogares en el condado de San Diego y otras áreas del sur de California. 

La histórica Ley de recuperación de bosques saludables [Healthy Forest Restoration Act] del año 2003, promulgada por el presidente Bush a principios de diciembre, llegó demasiado tarde para evitar los recientes incendios pero ayudará a evitar catástrofes futuras.

Estuve trabajando en las montañas de San Bernardino con profesionales del Servicio Forestal casi ininterrumpidamente durante el año 2003. Sabíamos que enfrentábamos una crisis y que era necesario tomar medidas drásticas para evitar una catástrofe. No sólo los árboles devastados por los escarabajos podrían caer sobre la gente, las casas, el cableado eléctrico y los automóviles sino también un incendio catastrófico podría asolar a las comunidades desde cualquier dirección en cualquier momento. Sabíamos qué se debía hacer.

Sin embargo, el Servicio Forestal tuvo dificultades en sus esfuerzos para evitar una catástrofe. Tenían muy poco personal y muy poco dinero y se enfrentaban a muchas restricciones para reducir el material combustible en una zona lo suficientemente grande como para disminuir de manera significativa la amenaza del fuego.

Lamentablemente, las infestaciones de insectos y los incendios forestales eran predecibles y se podían prevenir. No cuidamos nuestros bosques. Mientras tanto, los árboles crecieron y los bosques se expandieron de manera exuberante y poco saludable.

En 1994 realicé un taller en Lake Arrowhead, en el cual se reunieron 27 especialistas representantes de diversas dependencias e intereses con el fin de hacer algo al respecto de los bosques excesivamente densos de las montañas de San Bernardino.

Sabíamos que comunidades como la de Lake Arrowhead y otras de las montañas de San Bernardino estaban ante un peligro inminente. En el taller se redactó un informe que trazaba un programa para mejorar la seguridad y la salud de los bosques que rodean a estas comunidades. Lamentablemente, los escarabajos de los árboles llegaron antes de que se adoptaran las medidas de entresacado de árboles en el bosque. 

Recomendamos un programa global e integrado de protección contra incendios que incluyó un plan de tratamiento del material combustible para entresacar árboles del bosque, crear claros con aspecto de parque en lugares estratégicos y programas educativos destinados al público acerca de modificaciones estructurales y diseño del paisaje.

No hay duda de que las recomendaciones de los informes de 1994 y 1995, si se hubieran implementado cuando fueron propuestas, habrían reducido notablemente la cantidad de muertes y la destrucción que causaron los terribles incendios de 2003.

Apoye hoy la Ley de recuperación de bosques saludables del año 2003, que proféticamente requiere ponderar el riesgo de la acción con el riesgo de la inacción a la hora de tomar decisiones administrativas. Piense en las terribles pérdidas humanas, financieras y ecológicas que ha sufrido el sur de California este año y compárelas con los riesgos menores de haber utilizado la gestión científica para evitarlas. 

No podemos ponerle un precio a las vidas perdidas y al sufrimiento humano, que, en sí mismos, justifican la prevención de los incendios. Las pérdidas económicas de los incendios del sur de California de este año podrían superar los $2.2 mil millones. Mediante los métodos de gestión más globales y costosos se contaría con suficiente dinero para devolverles a más de siete millones de acres de chaparrales un estado natural más resistente al fuego, que es mucho más de lo que hace falta.

Esto es mucho más dinero del que los contribuyentes pueden aportar. Sin embargo, esto podría hacerse si las empresas privadas pudieran segar y entresacar sólo los árboles necesarios para restaurar y mantener bosques saludables resistentes al fuego. A cambio, las empresas venderían la madera y, de esta manera, reducirían significativamente el gasto público.

Ineludiblemente debemos optar por invertir ahora en prevención o pagar mucho más tarde el costo de resolver la catástrofe y sus secuelas.

Thomas Bonnicksen es un profesor de forestación en la Universidad A&M de Texas que estudió los bosques de California durante más de 30 años. Es autor de “Antiguos bosques de América: de la Era de hielo a la Era del descubrimiento” [America’s Ancient Forests: From the Ice Age to the Age of Discovery]. Prestó testimonio ante el Comité de Recursos Internos de EE.UU. a principios de diciembre.

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