January 16, 2004

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Rafael Ponce de León

Donald Trump y el negocio de mostrarse

Estados Unidos es sin lugar a dudas el lugar en donde el dinero reluce de una manera distinta. El dinero es el tema desde Wall Street hasta Arizona, y para tener un ejemplo de lo que el dinero compra y vende basta con mirar a

Donald Trump. Su fortuna, según dice, merodea los 2000 millones de dólares, aunque la revista Forbes, la especialista en esto, sólo le concede 450 millones de dólares. Sus edificios sintetizan todo lo que el exhibicionismo material tiene de impúdico. Su pasión por el dorado y lo brillante es tan intensa como lo es su intemperado mal gusto. No hay ningún museo, biblioteca o testamento artístico a su nombre. Sólo cuelga su blasón en edificios y casinos y todo cuanto colecciona son mujeres imbuidas, por lo visto, de su misma codicia, como una mala copia de Hugh Heffner en el mundo corporativo.

No es extraño, entonces, que en su largo viaje egocéntrico, “The Donald”, como le gusta ser llamado, haya recalado, finalmente, en la televisión.

Debutó esta semana al frente de un reality show titulado “El aprendiz”, donde se interpreta a sí mismo comandando la selección entre 16 resueltos candidatos (8 hombres y 8 mujeres) de un ejecutivo al que empleará durante un año al frente de una de sus empresas, con un salario anual de 250.000 dólares.

El proceso de selección del ganador (o la ganadora) demandará 15 semanas durante las cuales, los postulantes, divididos en dos grupos por sexo, deberán competir en una serie de pruebas de capacidad que van desde vender limonada a hacer negocios inmobiliarios. Al cabo de cada programa, Trump elimina a un integrante del equipo perdedor al grito de “¡Está despedido!”.

La idea del show pertenece al productor Mark Burnett, quien en 2000 revolucionó la cultura popular con su programa “Survivor”. Burnett admite que pensó en Trump aún antes de pensar en “Survivor”, tal vez porque “The Donald” constituye el epítome de la supervivencia. Pues, a comienzos de la década del 90, cuando se columpiaba sobre el borde de la bancarrota con una deuda de 975 millones de dólares, forzó a un grupo de bancos a rescatarlo con un préstamo de casi 2000 millones. Para llegar a los 16 finalistas, se organizó la búsqueda más ambiciosa de la historia de la televisión: el propio Trump hizo la selección final entre 215.000 aspirantes dispuestos a matar por la oportunidad.

Desde su presentación, “El aprendiz” se ocupa de transmitir la visión darwiniana que Trump tiene de la sociedad humana: el mundo es una jungla, la presa es el dinero y sólo sobreviven los más codiciosos. El programa comienza con una panorámica de Manhattan, con sus imponentes torres de vidrio alzándose como catedrales de la religión del dólar y la voz de Trump que proclama: “Nueva

York, mi ciudad, donde las ruedas de la economía global nunca se detienen; una metrópolis de concreto de incomparable fuerza y propósito que mueve al mundo de los negocios”.  No es exactamente la prosa de Hemingway, pero cumple con su objetivo. Lo que sigue, en cambio, es pura cosecha donaldiana. “Manhattan es un lugar duro”, dice Trump. “Esta isla es la jungla real. Si uno no es cuidadoso, puede masticarte y escupirte”, añade.

Sobre la pantalla aparece como un flash la imagen de un desposeído durmiendo sobre un banco de plaza. “Pero si uno trabaja duro —continúa diciendo—, uno puede hacerla a lo grande, quiero decir, bien a lo grande”.

Ahora la pantalla muestra la Bolsa de Nueva York, la Estatua de la Libertad y, finalmente, al mismísimo Trump recorriendo la ciudad en su limosina. No hay forma de evadir la moraleja: o se duerme en una suite en la Trump Tower o se termina en el banco de una plaza. En los Estados Unidos, parece decir Trump, se triunfa o se fracasa. No hay términos medios. Y triunfo y fracaso sólo se miden en términos económicos. Más allá de proyectar una imagen de historieta de la competencia en el mundo empresarial, lo que “El aprendiz” contribuye a certificar con mayor contundencia es que el criterio de que la codicia es buena que caracterizó a los Estados Unidos de los años 80 está de regreso.

Tal vez los escándalos de Enron y WorldCom amenazaron por un momento con despertar la conciencia corporativa, si existe tal cosa, pero la guerra en Irak, con los billonarios contratos para empresas amigas del gobierno en Washington, como Halliburton y Bechtel, han disipado, por lo visto, todo pudor. El negocio de América sigue siendo el negocio y despidiendo a un fracasado por semana. Donald Trump está dispuesto a probarlo.

Tu también puedes probar que estás dispuesto a salir adelante. Obtén información sobre como abrir tu propio pequeño negocio, o como conseguir una beca para tus estudios. Ya sabes, marca el número de Tu Línea de Ayuda, gratis y en español, 1-800-473-3003.

Return to the Frontpage