January 16, 2004

Comentario

La Pobreza y la Cumbre Extraordinaria

Por Humberto Caspa, Ph.D

Un cónclave ecuménico de presidentes de América Latina, Canadá y los Estados Unidos no pudo tener la repercusión esperada en una región de más de 250 millones de pobres, una vez que su organización tuvo más fines políticos que económicos. No obstante que la Declaración de Nuevo León, supuesto acuerdo económico-político que cerró la no-emotiva reunión, incluye, entre otros, la reducción de la pobreza, el proceso del encuentro cristalizó la falta de entendimiento de los líderes latinoamericanos y el presidente George W. Bush en la focalización de este problema.

Según el presidente norteamericano, el problema de la pobreza está directamente asociado con los sistemas corruptos y viciados; mientras tanto para los otros dignatarios es una cuestión estrictamente económica. Incluso para algunos, como Nestor Kirchner de Argentina, Hugo Chávez de Venezuela, Carlos Mesa de Bolivia y “Lula” da Silva de Brasil, la pobreza en un problema recurrente de las políticas de mercado.

El presidente norteamericano, George W. Bush, con la mente concentrada en los comicios electorales del próximo año, partió a Monterrey con el simple ánimo de ganarse el voto hispano en su país. Así, buscó afanosamente el apoyo del presidente de México, Vicente Fox, a su plan migratorio de regularización temporal de “indocumentados”. Por supuesto que ese cometido lo logró, incluyendo el apoyo a su programa de Seguridad Nacional contra el terrorismo mundial, y una visita social de dos días del presidente mexicano y su esposa a su rancho en Texas en los próximos meses. Esto, indudablemente es importante para Bush, ya que le permite solidificar una ventaja ante los candidatos del partido Demócrata previo a las elecciones, y le permite desviar momen-táneamente el creciente problema de la economía reflejado en los bajos índices de crecimiento económico, desempleo acelerado, y bajos rendimientos del Dólar con relación al Euro y el Yen japonés.

La falta de coherencia del Presidente Bush en cuestiones económicas se transporta al otro lado de la frontera. En su intervención en la Cumbre Extraordinaria de las Américas dijo, “la pobreza en América Latina tiene repercusiones políticas, más que económicas”; y más adelante sostuvo que “la economía de mercado disminuye este mal y permite un desarrollo acelerado en las economías latinoamericanas”. Como mencionaría el sociólogo y politólogo Mexicano Pablo González Casanova, “una mirada a un problema latinoamericano con la perspectiva netamente Yanqui”.

Desde la implantación de las políticas de apertura de mercado en la década de los 1980, no simplemente ascendió la pobreza en América Latina, fluctuando entre 35% y 40% en las dos últimas décadas e incrementando 20 millones de pobres en 2003, sino también aumentaron los niveles de corrupción fiscal, concretamente en el proceso de licitación de los bienes estatales. Asimismo, el enfoque del desarrollo económico en las zonas urbanas a través de esta estrategia de desarrollo, ha permitido la concentración inusitada de los capitales en las ciudades, dejando a las zonas rurales en el olvido, en un estado vegetativo y desintegrándolo del proceso de desarrollo; por consiguiente, aumentando los niveles de pobreza en esas zonas. Las constantes erupciones sociales de campesinos en Bolivia, Ecuador y Perú, de los Sin Tierra en Brasil, hacen eco a las ramificaciones sistémicas de la economía de mercado.

La intervención del Secretario de la OEA, Julio Cesar Gaviria, en el magno evento, fue más elocuente que cualquier otro mandatario en señalar este problema sin inhibiciones políticas. Opinó que “por nuestras deficiencias económicas, las democracias (de la región) están más amenazadas”; y prosiguió señalando que “de acuerdo al Banco Mundial, el 10% de la población se lleva el 48% del ingreso, mientras el 10% por ciento más pobre se queda con 1.6%”. La diatriba contra las políticas de mercado fue complementada por el Presidente venezolano Hugo Chávez un día después, quién mencionó que “el liberalismo económico, sin control estatal, son precisamente los causantes del prolongado crecimiento de pobres en América Latina”.

Al final, la Cumbre Extraordinaria de las Américas fue una reunión sin una agenda clara pre-establecida, tampoco tuvo metas concebidas a priori, por lo tanto los resultados no fueron tan contundentes. De momento, el tema de la pobreza pretendía ubicarse en el centro de la polémica de los foros de Monterrey. No fue así, y es muy probable que futuros acercamientos a la resolución de este tema tampoco procedan, debido, ante todo, a la divergencia de criterios técnicos en torno a la interpretación de pobreza entre los gobernantes del país del norte y los líderes latinoamericanos. Es decir, mientras exista esa dicotomía en la evaluación del desarrollo de la pobreza, difícilmente ambas partes (Estados Unidos y América Latina) lograrán erradicar este mal a través de un esfuerzo conjunto. Es menester, entonces, que cada uno de los jefes de Estado utilice el espíritu diplomático de la negociación, dejando atrás el sectarismo ideológico, para darle oportunidad a 250 millones de personas que padecen de este mal en América Latina.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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