January 4, 2002

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

La ruta continúa

En la primera semana del año nuevo todavía se intenta asimilar que hemos ascendido un peldaño más hacia el "futuro". El 2001 se fue. Mirar atrás puede causar vértigo, mirar arriba cansancio, pero la contemplación solo acrecienta el pavor. No es inútil detenerse a ponderar, analizar, "donde estamos paramos". Detenerse a respirar, contener el aire que nos permita seguir.

El inicio de este milenio que nos tocó vivir, dejó una vil impresión. El nuevo panorama de la ciudad de Nueva York, nos recordará por siempre de nuestra vulnerabilidad, de las ridículas y extremas pasiones de algunos, de la estupidez, si se puede decir, "humana".

De la misma forma, ya no es raro que entre nuestros amigos, familiares, o conocidos alguien haya perdido el empleo, la palabra "layoff" ha ganado popularidad entre distintos círculos, obreros y ejecutivos. El mal temporal de la economía ha llegado con el desastre, al país entero y en menor o mayor impacto, ha tocado nuestros corazones y nuestros bolsillos.

Pero si el 2001 se ha apoderado de nuestras carteras, tal vez de nuestros empleos, de nuestra seguridad, de nuestra inocencia también ha logrado en cierta forma que rescatemos algo más valioso. "La alegría de estar vivo", decía un religioso a sus discípulos, en un mensaje de la época.

La misma frase repetían dos parientes al reconciliarse tras una amarga discusión. Esa es la frase que en silencio, en lo más interno de nosotros mismos, hemos quizás susurrado. Y es que las intermitentes imágenes televisivas de llanto, de dolor, de destrucción, nos hacen conscientes de lo afortunados que somos al tener el control remoto en nuestras manos, al tener el poder de cambiar la imagen con sólo presionar un botón.

Nuestro propio dolor, nuestras carencias, nuestras tragedias personales de todos los días, hacen que miremos con cierta frivolidad a lo que pasa alrededor nuestro, lo que pasa en otro país, en otro continente. No se trata de medir el dolor propio y consolarse con el hecho que el dolor ajeno puede ser peor. Se trata de reconocer que uno todavía cuenta con los medios para eliminar ese dolor, de resolver un problema, de continuar el camino, de darle una razón a nuestra vida, si todavía no la hemos encontrado.

Este 2002 miles de niños hispanos llegarán al mundo; miles de razones para miles de madres y padres a lo largo y ancho del país para dar gracias a la vida. El principio de esa vida es motivo de alegría, de gozo, de esperanza.

"Nada se compara al sentimiento que trae un hijo", exclamaba una flamante mamá. Aunque algunos no conocemos lo que es albergar una vida en carne propia, el ser hijo nos brinda una remota idea de lo que es ser padre o madre. Es sobretodo un compromiso. Un compromiso con uno mismo y con un nuevo ser humano, una nueva vida. De ese padre, de esa madre depende que esa nueva persona en el futuro agradezca por la vida.

Al nacer un año nuevo tenemos también un profundo compromiso con nosotros mismos. No importa cuantas supersticiones hubiéramos puesto en práctica el primer minuto del año, la única magia válida es el deseo de seguir andando. El deseo de ver otro día, o tal vez el deseo de que otros descubran la magia de lo que significa un nuevo día.

No es inútil detenerse a ponderar y saber dónde esta uno parado. Pero no dejemos que esta ponderación se prolongue y nos atasque en el pasado. Como decía mi sabio abuelo, detenerse sólo para darse impulso. Ahora respiramos y caminamos rumbo al 2003. De cada uno de nosotros depende que mientras recorramos esa ruta, sea plácida, divertida, y que podamos tener la cautela necesaria que nos advierta de los tropezones que tendemos a experimentar. Y si por alguna razón no podemos advertir los hoyos, las piedras, los obstáculos seamos lo suficientemente expertos para sobrepasarlos.

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