February 27, 2004

Comentario

La Enmienda: discriminación institucional en perspectiva

Por Humberto Caspa, Ph.D

La reciente propuesta del Presidente George W. Bush, que pretende enmendar la Constitución para definir la unión matrimonial en nuestro país entre un hombre y una mujer, es un proyecto anacrónico, sin sentido y con mucho tiraje político. Haciendo a un lado la polémica de siempre, si estar o no de acuerdo con la relación conyugal del mismo sexo, el cual es un tema polarizante de nunca acabar –más aún si incluímos la variable religión en medio de la discusión—, dicha propuesta atenta contra los derechos civiles de un segmento de ciudadanos norteamericanos y pretende improcedentemente crear una barrera discriminatoria a niveles institucionales. ¡No puede ser! Algo anda mal.

George W. Bush confronta una coyuntura política negativa después de su campaña irracional en Irak. Querer enmendar su desfalco político-militar a costa de los derechos civiles de personas y a través de un proceso legislativo no es razonable en un sistema democrático como el nuestro. Es muy probable que Osama Bin Laden y sus correligionarios ultra-conservadores de Al-Qaeda están haciendo “conejitos” y brindando en sus búnkeres, como apoyo a la decisión del Presidente Bush. No es secreto que Bin Ladden pretende –por cuestiones religiosas— no solamente disolver los derechos de la mujer por completo, sino también se opone a cualquier tipo de derechos individuales y libertades civiles de los hombres. En su mundo, los Gays y Lesbians simplemente no existen.

Para sorpresa de Bush, la noticia tuvo reacciones encontradas en la población votante, 47% apoya la medida contra 46% que se opone. Un margen minúsculo como para alterar el curso de la constitución política del Estado. De los que se oponen, existen grupos de gays y lesbians en el Partido Conservador y en el Democrático, y sus simpatizantes han demostrado un rechazo casi unánime a la potencial enmienda. Patrick Guerriero, director ejecutivo del Log Cabin, organización conservadora de gays y lesbians, expuso que el grupo está “fastidiado” de la posición del Presidente, cuyo objetivo fundamental es “retribuir puntos en las elecciones generales que se aproximan”. Asimismo, esta situación es indudablemente contradictoria para el Vicepresidente Dick Cheney. La propuesta le pone entre la “cruz y la espada”. Su hija, Mary Cheney, fue pieza fundamental durante la anterior campaña presidencial para que algunos grupos de homosexuales tomaran el rumbo conservador, y votaran por su padre y George W. Bush. Sin embargo, ahora esa misma gente que le había prometido un mejor trato institucional, le está propiciando un atentado contra sus derechos civiles.

El proyecto de enmienda, como expresara Guerriero, tiene fines electorales. George W. Bush y la gente que le presionó, incluyendo la facción liderada por Pat Robertson y otros fanáticos religiosos, son conscientes que una propuesta de este tipo no tiene ninguna oportunidad en el Congreso y en las legislaturas estatales. De las miles de enmiendas que fueron presentadas anteriormente, sólo 17 fueron aprobadas después de los conocidos 10 Bill of Rights, que fueron los más fáciles. La última enmienda (Congressional Pay Raises), que reconfiguró los haberes de los representantes, duró 203 años en limbo, fue aprobado el año 1992. La enmienda de los Derechos de Igualdad (ERA), que pretendía codificar la igualdad de los sexos en la constitución y que fue muy popular durante la década de los 1960 y 1970, al final sucumbió ante la falta de apoyo en dos estados y un esfuerzo reaccionario de las propias mujeres, según la obra seminal “Backlash” de Susan Faludi. Hoy esa postura retrógrada nuevamente se ha hecho presente en el partido conservador con la propuesta del Presidente.

Entonces, una enmienda constitucional es difícil de sacarla a flote, particularmente en una coyuntura polarizada como la actual. Resulta más fácil crear una ley que enmendarla. El camino más fácil exige 2/3 de voto mayoritario en la Cámara de Representantes y el Senado, aparte de 3/4 de ratificación en las legislaturas estatales (aprobación de 38 estados), y obviamente la firma del Jefe de Estado.

El cinismo de George W. Bush no puede ni debe tergiversar la actual situación del país. La economía no es un elemento del que debe sentirse orgulloso; su política internacional ya nos ha costado la perdida de muchos aliados; su carta fuerte en Irak ya se ha ido por la deriva. En vista de los últimos acontecimientos, está utilizando una política cultural para mantener las bases políticas en su partido, y para desviar los fracasos de su administración.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue Catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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