February 25, 2005

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Spanglish only, por favor

“Si yo viviera en México, haría un esfuerzo para aprender Hispanic. Si van a vivir en este país, tienen la obligación moral de aprender el lenguaje”.

Es la opinión de Bob Bright, de 61 años, vendedor de seguros en Líbano. Líbano en el estado de Tennessee, no Líbano el de Beirut. Aunque la verdad aprender “Hispanic” no le ayudaría ni en México ni en Beirut ni en Washington, pero su opinión le ayuda a respaldar la decisión de un juez local del condado de Wilson, Barry Tatum, de condenar a una mujer oaxaqueña de 18 años a “aprender inglés y a usar métodos de control de la natalidad”.

La indígena oaxaqueña, que habla mixteco con fluidez pero poco español, fue denunciada al Departamento de Servicios Infantiles por el delito de no vacunar a su bebé y no ir a la clínica médica. Líbano está a 20 millas de Nashville y tiene 20,000 residentes, entre ellos 1,200 mexicanos que trabajan en la agricultura y manufactura, y uno de cada tres son mixtecos oaxaqueños.

Es la quinta ocasión en que Tatum emite órdenes parecidas. En octubre pasado le dio seis meses de plazo a otra mujer mexicana para “hablar un inglés equivalente al de un alumno de cuarto grado”. Si no habla inglés para marzo, le quitará la patria potestad de su hija de 11 años. “La corte le informa a la madre que corre el riesgo de perder todo contacto, legal, moral y físico con su hija, para el resto de su vida”.

“Si la madre aprende inglés”, dice la orden de la corte,” podrá hablar con su hija por primera vez de cosas substantivamente y demostrará que la ama y que es capaz de hacer cualquier cosa por ella”.

“Por primera vez en 200 años”

Curiosamente, este mes en Washington, en un edificio conocido como El Capitolio, sede del Senado de Estados unidos, se dio un acontecimiento que rechaza completamente las ideas de Tatum. Por primera vez en la historia, se escuchó un discurso en español.

Lo hizo el cubano Melquíades Martínez, mejor conocido como Mel, electo senador por el estado de Florida.

Pidió permiso antes de hablar en español, y se lo dieron. Su discurso en esta lengua fue cortito, pero consta en los expedientes de la sesión ejecutiva del 2 de febrero.

No coincidimos con él, porque el discurso fue para apoyar el nombramiento de Alberto Gonzáles como Torturador General de Estados Unidos, pero aquí hay un par de frases: “Ningún hispano-americano ha estado nunca en ninguna de las cuatro posiciones más importantes del gabinete. Estas son las posiciones que están en el corazón del gobierno. Este es un paso definitivo de increíble magnitud para los hispano americanos”. “Gonzáles es un modelo para la próxima generación de hispano americanos en este país, un modelo para nuestros jóvenes que, francamente, no tienen muchos”.

Insistimos, lo importante no fue el discurso mismo, sino el hecho de que se haya pronunciado en español. Hasta le cayó de variedad al senador de Kentucky McConnel, que felicitó a Martínez por haberlo hecho. Es más, dijo que “había escuchado cuidadosamente cada palabra” y le agradecía el discurso.

De hecho, solamente 27 de los 50 estados de Estados Unidos consideran el inglés como idioma oficial. Y me consta, porque Illinois es uno de ellos, que en la vida real una cosa es “oficial” y otra “obligatorio”. Claro que también en la vida real hay jueces como Tatum, que piensan que no se puede hablar “substantivamente” en español, y gente como Bright, que creen que hablamos “Hispanic”.

Así pues, mientras un senador habla en español, un juez puede quitarle los derechos maternos una india mixteca. A final de cuentas, como siempre, más que discursos en cualquier idioma, necesitamos más acción que palabras.

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