February 25, 2005

Comentario

La Esperanza Nunca Muere

Por Humberto Caspa, Ph.D

A pocas horas de culminar la reunión con sus “aliados” Europeos, la luz del diálogo y cordura política nuevamente se hacen presentes alrededor del Presidente George W. Bush. Hubo varias ocasiones como ésta durante su primera gestión administrativa, pero el tesón de sobrellevar los planes de gobierno a su manera, con arrogancia desmedida y sin tacto político, le hicieron capitular confrontando con sus propios aliados. Muchos intelectuales académicos prevén que la segunda gestión es la más creativa, la menos pugnante y más constructiva. Haber si con Bush se cumplen esas premisas.

Existen diferencias cualitativas entre la primera y segunda gestión presidencial en nuestro país. De antemano, la presión de una reelección desaparece una vez empezando la segunda gestión. Y con ello, por lo menos, disminuye el soso dicho “chantaje político”. Es decir, congresistas o políticos locales de ambos partidos, especialmente del actual gobierno, demuestran su apoyo a la agenda del presidente a cambio de un favor en sus propias dele-gaciones o gobiernos locales.

Lo anterior, por cierto, en América Latina se llama corrupción. En nuestro país es sim-plemente parte legal del sistema político.

Asimismo, también bajan las críticas desde otros países. La comunidad mundial entiende rápidamente que el presidente norteamericano nuevamente está sentado en el máximo peldaño de Washington; y quieren, a toda costa, llevarse de la mano y buscan un punto intermedio de concordancia.

Uno de los presidentes norteamericanos que más brilló utilizando la carta de su segunda administración fue, sin duda, Ronald Reagan. Su primera gestión es recordada, entre otros, como belicosa, la que instauró el neoliberalismo salvaje en nuestro país y en el mundo, y la que bautizó al ex bloque soviético como “el imperio del demonio”.

Por el contrario, en el segundo periodo, Reagan demostró ser un presidente razonable, pacifista y hasta caritativo. A ésta gestión se le recuerda más por su reaproximación a los países europeos a través de la OTAN. Su amistad controversial con el presidente de la ex Unión Soviética Mikael Gorbachev es histórica. Incluso, algunos intelectuales dan crédito a Reagan por coadyuvar con la caída del Muro de Berlín, el colapso del bloque soviético y la muerte virtual del comunismo en el mundo.

De la misma manera, al presidente Bush, en su primera gestión, se le considera como un presidente dominado más por el ala de los “halcones” que los moderados. Se ha dicho bastante –algunas veces me he permitido criticarle a través de unos artículos anteriores— que él nunca tuvo un equipo balanceado. Buscó más bien la cohesión y el uniformismo, el cual no es lo más aconsejable para un líder de gobierno, particularmente de la magnitud del presidente norteamericano. Por eso Bush llegó al extremismo de no escuchar a sus detractores, ni a los miembros de su partido, ni a los demócratas, pero a la comunidad mundial. A la Organización de las Naciones Unidas lo mandó, como mundanamente se dice, al carajo.

En consecuencia, su primera gestión se prestó al desacierto político, a la confrontación con otras naciones y terminó con la Guerra en Irak.

Sin embargo, el reencuentro con los líderes mundiales de Europa en Bruselas parece cernir un aliento de esperanza en el entendimiento político entre esa región y nuestro país. Hasta ayer, los puntos de concordancia fueron, aunque pocos, de bastante importancia. Con relación a reciente atentado terrorista en Beirut, por ejemplo, los líderes occidentales condenaron la muerte del ex ministro Rafiq Hariri. El presidente francés Jacques Chirac, quién mantuvo una relación antagónica con Bush en su primera gestión, manifestó que las divergencias entre ambos países no han podido “estropear la calidad profunda de las relaciones entre Francia y los Estados Unidos”.

Por otra parte, el reciente proceso electoral en Irak, y la virtual ascensión del chiíta moderado Ibrahim Jarafi al poder de ese país dan visos de esperanza, aunque la incertidumbre es todavía la manifestación lógica en medio de una guerra que nos se sabe cuando termina.

Finalmente, la nueva postura demostrada por Condeleeza Rice, Secretaria de Estado, en sus recientes visitas a Europa, particularmente en Francia, hacen entrever que el ceño fruncido de intolerancia del presente gobierno está tomando tonalidades tenues. Esperemos que la historia recuerde a Bush más por éste que el anterior periodo.

Humberto Caspa, Ph.D. Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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