February 20, 2004

Purépechas Mantienen Sus Tradiciones en el Valle

Familias Purépechas hacen esfuerzos por conservar sus tradiciones y pasárselas a las nuevas generaciones

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service

MADERA, CA — El pasado 15 de febrero, en una casa particular, unas 150 personas participaron de una emotiva ceremonia. Se trata del “levantamiento del Niño”, que se realiza tradicionalmente el Día de la Candelaria, o sea el 2 de febrero (27 días después del 6 de enero, Día de los Reyes Magos).


Los jóvenes participan de los bailes tradicionales.

Estas celebraciones católicas fueron en principio festividades paganas. El Día de Reyes tiene su origen posiblemente en Egipto y Arabia ‹donde se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso. Se dice que los festejantes murmuraban “la virgen ha dado a luz, la luz crece” y la celebración se llamaba Hagia Phota (“La santa luz”). La fecha coincidía con el lento proceso del alargamiento de los días invernales. La iglesia católica, estableciendo una técnica que usará luego permanentemente, sustituirá esta celebración pagana por la de los Reyes Magos a fin de atraer devotos.

El Día de la Candelaria conmemora el día en que el Niño Jesús fue presentado en el Templo por sus padres, según la costumbre Judía. Es cuando se realiza el “levantamiento del Niño Jesús”, el cual consiste en llevar la figura del Niño Jesús a bendecir a la iglesia. Antiguamente, en muchos lugares del mundo  este día marcaba el principio del año, por lo cual en muchos pueblos los indígenas tienen la costumbre de llevar a bendecir las mazorcas que servirán de semillas en la próxima siembra. También se bendicen las velas o candelas, de ahí el nombre de “Candelaria”, estas velas son consideradas como buenas para apartar el mal, la enfermedad y los temblores.

“Fue inolvidable, es hermoso ver tanta gente disfrutando nuestras tradiciones”, dijo Juana Soto, una Purépecha de 25 años, nacida en Angahuán, estado de Michoacán, México. Los Purépechas florecieron en esa región mexicana entre el año 1,000 y el 1,521. Pueblo indomable, a pesar de sus constantes guerras con los poderosos Aztecas, nunca fueron derrotados por éstos. Actualmente se estima que sobreviven unos 140,000 Purépechas que mantienen parte de su cultura y su lengua.

Juana Soto pertenece a una de las aproximadamente 10 familias Purépechas que viven en Madera, aunque también hay familias de ese origen en Merced, Fresno, San José, Selma. Angahuán, que significa “En Medio de la Tierra”, es un pueblo indígena del oeste de Michoacán, cercano al Volcán Paricutín, que hace 60 años entró en erupción destruyendo al pueblo de San Juan Parangaricutiro, quedando en pie solamente su iglesia.

“Hablamos Purépecha y queremos enseñárselo a nuestros jóvenes”, comenta Juana. Su hermana Carolina, de 27 años, también activa en la organización de la fiesta, comenta que su padre, Felipe, inmigró primero hace unos 25 años y poco a poco le siguió su familia. A pesar de la distancia, la familia Soto se propuso recrear las celebraciones tradicionales que mantenían en su querido Angahuán y compartirlo con la comunidad.

“Los bailes que se presentaron son indígenas”, dice Carolina. Y agrega que un sobrino, que ya había bailado en el pueblo, le enseñó los pasos a un grupo de jóvenes. Luego diseñaron el vestuario y las mujeres lo cocieron -sólo una pequeña parte fue traída de México. “Los bailes son para agradecer a los dioses por los favores naturales como la lluvia, aunque en estas fechas expresan agradecimiento al Niño Jesús”, explica emocionada Carolina.

En la fiesta del Levantamiento del Niño, cada familia trae su propio Niño Jesús. El padrino lo viste y trae comida: tamales, pozole y buñuelos. Después de rezar el rosario y del baile, se levantan los Niños, que son presentados a los participantes, representando la presentación del Niño en el Templo.

La familia Soto quiere también celebrar en Madera el Santo Patrón de su pueblo, Santiago Apóstol, el 25 de julio, aunque este año parte de la familia visitará Angahuán para cumplir responsabilidades en la celebración colectiva del pueblo. “Mi padre ya compró una réplica del Santo”, dice orgullosa Juana. “Irá a México en carro a recogerlo”.

Aunque Madera no es Angahuán, también está “En El Medio de la Tierra”, o del Valle Central, por lo que estas familias se sienten como en casa. A pesar de haber recibido varias muestras de discriminación, aseguran que en México era peor. Pero las hermanas Soto prefieren hablar de cosas más importantes, como la próxima fiesta donde podrán invitar a más gente para que conozca sus tradiciones Purépechas.

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