February 20, 2004

Comentario

La reforma de la inmigración lleva a cabo gran oportunidad

Por Eliseo Medina

Mi padre fue un bracero, quien llegó a este país, desde México, durante los años 50 en busca de trabajo. Él trabajó en los campos calientes del Valle Central de California. Braceros como mi papá enfrentaron condiciones de trabajo brutales y sueldos de pobreza sin ninguna clase de prestaciones. El nos contaba del mal trato que enfrentaban y de vivir bajo la amenaza de la deportacion si protestaban. Al terminar el programa bracero regresó a los Estados Unidos en calidad de indocumentado, sufriendo el mismo trato y, peor aún, viviendo ahora en las sombras por su falta de documentos. 

Las dificultades vividas por mi familia en el programa de trabajadores temporales y mis experiencias como líder de la unión más grande de trabajadores inmigrantes en América, me deja con el deseo de que el presidente Bush y el Congreso aprovechen esta oportunidad para reformar nuestras leyes de inmigracion, recompensar el trabajo duro y para reforzar valores americanos básicos.

Aún en el año 2004 hay decenas de miles de inmigrantes que todavía trabajan en los campos para producir nuestro alimento, como yo lo hice cuando mi familia se mudó a California para estar con mi papá. Millones más limpian oficinas y casas, cuidan a los enfermos y los ancianos, construyen casas, y fabrican todo desde ropa a medicina. Pero mientras que los trabajadores inmigrantes sin personalidad jurídica pagan impuestos y contribuyen a la Seguridad Social, ellos no reciben la ventaja o el reconocimiento que se han ganado con el sudor de su frente. Trabajan para sacar a su familia adelante, pero si solicitan cuidado médico para sus niños, los amenazan con la deportación. Contribuyen a las comunidades donde viven, pero no son permitidos votar por los oficiales públicos que toman decisiones sobre asuntos como la educación y el seguro médico, que afectan sus vidas directamente.

Las leyes anticuadas de la inmigración nos afectan a todos. Nuestras comunidades sufren cuando las familias no tienen acceso al seguro médico o a una educacion de calidad. Nuestros estándares para sueldos decentes con prestaciones, elementales, y los derechos en el trabajo se minan cuando los patrones pueden despedir a los trabajadores que alzan sus voces para exigir un trato justo.

Por esta razón las decisiones que tomen nuestros líderes para reformar el sistema de inmigración son tan importantes. Desgraciadamente, la propuesta de presidente Bush no es lo que necesitamos los inmigrantes ni los trabajadores nacidos en el país. Lo que ofrece Bush es solamente una visa temporal, que al, vencer obliga al  trabajador a salir del país, sin importar los años que ha vivido aquí o las relaciones que haya formado en la comu-nidad. Este plan les dice a los trabajadores: trabajen duro, paguen impuestos, contribuyan, pero cuando ya no sean útiles, váyanse porque solo queremos que sean parte de nuestra economía pero no de nuestra sociedad.

Esto no es una solucion. Una reforma verdadera debe comenzar con la legalización y no con un programa nuevo de braceros que les niega a los trabajadores protecciones básicas en el trabajo.

Cualquier nuevo programa para ampliar el número de los trabajadores temporales en los EE.UU. se debe considerar solamente después de dar a todos los inmigrantes, que ya se encuentran en este país, un estado legal permanente. Además, tal programa debe proveer a los trabajadores temporales derechos laborales y civiles y una trayectoria clara a la legalización. Mi familia está muy agradecida por las oportunidades que nos ha brindado este país. Como millones de inmigrantes antes de nosotros, trabajamos para forjar un futuro mejor para nosotros y para nuestros hijos.

Ahora, América tiene una oportunidad histórica de formar una política de la inmigración del siglo XXI que refleje nuestros valores - y que abra las puertas a todo aquel que busca crear, con su empeño e imaginacion, su propio sueño Americano. Esto siempre ha sido la promesa, y, la fuerza de América. Trabajemos unidos para que esta oportunidad se vuelva una realidad.

Eliseo Medina es vice presidente ejecutivo del Sindicato Internacional de Empleados de Servicio de 1.6 millón  de miembros; es la unión más grande del AFL-CIO y la unión que representa a más inmigrantes que cualquier otra unión.

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