February 20, 2004

Comentario

López Portillo en Pocas Palabras

Por Humberto Caspa, Ph.D

José López Portillo acaba de fallecer en México. Se fue el último presidente del periodo revolucionario. Que en paz descanse (QPD). Los mexicanos recuerdan a López Portillo por la bonanza petrolera que produjo su gobierno y las suculentas ganancias que generó para algunos sectores productivos a mediados de su sexenio. Ese convite petrolero, sin embargo, duró poco, cayó como llegó, súbitamente. También se le recuerda por la Nacionalización de la Banca, medida que cambiara para siempre a México y su gente.

Durante un período de cuatro años (1978-1981), México logra un crecimiento económico acelerado fincado en la bonanza del petróleo. Como tantas veces, el gobierno de López Portillo “coquetea” con el “primer mundo”, abre sus arcas a los capitales de las empresas petrolíferas norteamericanas, una vez que la organización de países exportadores de petróleo (OPEP) empieza a buscar mecanismos de control de las exportaciones del crudo sin control. Como México nunca fue parte de ese conglomerado multi-nacional, las exportaciones de petróleo crudo hacia los Estados Unidos se aceleran y, como resultado, el erario mexicano se llena de dólares de manera vertiginosa.

La bonanza petrolera dura relativamente poco. El gobierno de López Portillo había vendido más petróleo de lo requerido, las empresas norteamericanas habían llenado sus reservas, aparte de que los países de la OPEP sellaron un convenio que permitía el tránsito libre del crudo a los países ricos del mundo. En consecuencia, el precio del crudo sufre una caída estrepitosa, la economía mexicana se retrae, produciendo una crisis financiera que afectó a todos los rincones de la sociedad.

Por otra parte, los inversionistas extranjeros que habían depositado confianza en México durante la bonanza petrolera, con la crisis, empiezan a regresar sus capitales a sus países de origen. Lo propio sucede con los empresarios mexicanos, especialmente con el sector asociado a los derivados del petróleo y los grupos vinculados a las finanzas. En medio de la susceptibilidad económica imperante, los empresarios mexicanos recogen sus ganancias y ahorros, y empiezan a generar una “la fuga de divisas” histórica. Esto, indudablemente, ahondó mucho más la coyuntura económica.

Con el fin de parar la crisis que había sembrado el “oro negro”, y a pocos meses de su partida de Los Pinos, López Portillo propicia la nacionalización de la banca. Esto fue puntualmente expuesto por la polítóloga Cristina Puga como “el último episodio expropiador del presidencialismo mexicano”. Así, con esta medida, el Presidente busca parar la fuga de divisas, resguardar el orden político y restablecer la economía mexicana. No lo logró, la nacionalización de la banca fue simplemente un paliativo efímero. No sólo la crisis perduró, sino esa medida sirvió a sus detractores, especialmente a los sectores empresariales más conservadores de México, para organizarse bajo un solo objetivo: configurar a un México de acuerdo a sus intereses.

Sin embargo, una vez dado a la luz pública la noticia de la nacionalización, el sector empresarial no tuvo respuesta a la crisis que ésta había suscitado. El Consejo Coordinador Empresarial, que en ese momento se encontraba bajo la tutela de Manuel J. Clouthier, busca imperiosamente reunir a los empresarios del Sur (Concanaco, Canacintra, Concamin, etc.) y del Norte (Grupo Monterrey y Coparmex) sin éxito, una vez que los sureños todavía apoyaban al Presidente de la República. Al final, empero, los empresarios norteños se imponen. Por una parte, presionan a sus facciones priístas para que Miguel de la Madrid sea elegido sucesor de López Portillo, y a través de él y por medio de los próximos sexenios, incluyendo al actual Presidente Vicente Fox, sus intereses serán resguardados sistemáticamente.

En este sentido, la nacionalización de la banca en septiembre de 1982 marca un hito trascendental en la historia de México. Este hecho es reconocido, entre historiadores, sociólogos, politólogos y economistas, como el surco divisorio de lo “viejo” y lo “nuevo”, la cisura que divide a los gobiernos revolucionarios y a los regímenes neoliberales. A partir de ese año se sientan las bases de un programa económico supuestamente prometedor, bajo la égida de un sistema ortodoxo de libre mercado, donde el papel protagónico, no solamente en la economía sino también en la política, dependerá ostensiblemente en los sectores empresariales de México.

En resumen, López Portillo fue un presidente con mucha controversia. Si su historia fuera escrita en pocas palabras, el desarrollo económico que propició a través de la bonanza petrolera estaría en un primer renglón, luego la nacionalización de la banca y finalmente el último Presidente de la era Revolucionaria.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue Catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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