February 18, 2005

Comentario

El Nuevo Plan Demócrata

Por Humberto Caspa, Ph.D

La llegada de Howard Dean a la jefatura del Comité Nacional de los Demócratas sorprendió a todos menos al cordón umbilical de su partido. A Newt Gingrich, ex dirigente parlamentario de los republicanos, casi se le cae la baba de incredulidad. “Los demócratas buscan su muerte”, dijo. Lo que no sabe él y sus correligionarios conservadores es que los demócratas –con la elección de Dean— ya están apostando por una vanguardia renovadora para las próximas elecciones presidenciales. Por supuesto, la figura carismática de la izquierda de la Senadora Hilary Rhodam Clinton u otro gobernador o senador izquierdista está al frente de esa consigna.

La nueva estrategia demócrata se rige bajo un contexto melodramático, casi novelesco. Aparentemente existe un consenso dentro de la dirigencia de los demócratas que, en lo que le queda por gobernar al Presidente George W. Bush, los neoconservadores terminarán polarizando a las mayoría nacionales.

En los próximos meses, el Presidente tendrá que confrontar decisiones domésticas muy difíciles e importantes. Por una parte, el nombramiento de nuevo jefe del magistrado en la Suprema Corte de Justicia. Todo el mundo sabe que su líder William Renquist no sólo viejo, sino también padece de una enfermedad cancerosa, la cual virtualmente le alejaría de su trabajo muy pronto.

Con su partida, Renquist dejaría dos huecos. Por una parte, la dirigencia de la Suprema Corte de Justicia, misma que sería llenado por uno de los jueces restantes ya constituidos. Y por la otra, un curul magistral, el cual tendrá que ser ocupado por un nuevo juez. De acuerdo a ley, es el Presidente quien se encarga de nombrar al nuevo magistrado en la Suprema Corte, y a las dos cámaras del Congreso le corresponde aprobarlo o no. En los dos casos, se cree que el Presidente Bush, como lo ha estado haciendo últimamente, elegiría a individuos pegados a sus ideales políticos.

La elección de un juez conservador en la Suprema Corte rompería el frágil balance que éste ha venido demostrando en los últimos años, perfilándolo a la derecha. Por lo tanto, algunas decisiones en torno a la mujer, particularmente el derecho a la auto-decisión de cesar o no el embarazo se vendría para abajo. También las políticas altamente benéficas a las minorías étnicas nacionales (i.e. acción afirmativa), y otras que normalmente amparan a los derechos individuales, serían revertidas o simplemente halladas inconstitucionales.

Asimismo, las políticas neoliberales y pro-empresarial terminarían con desproteger, inicialmente, a las personas de tercera edad, y luego a las de clase media, cuyo poder adquisitivo ha ido menguando durante la presente administración. Los demócratas apuestan, tal como sucedió con el advenimiento de Reagan en el caso de los conservadores, una reacción progresista de la sociedad civil norteamericana.

Lo anterior parece una propuesta intangible, pero es más pragmático que teórico. De manera que la legada de Howard Dean, como jefe máximo de los demócratas, no es ninguna casualidad. Tiene una agenda programática, está deliberadamente configurada a futuro y hace a un lado el semblante centrista del ex presidente Bill Clinton, su máximo representante. Y es precisamente la senadora Hilary Rhodam Clinton, su esposa, quién está designada a romper con ese legado semi-conservador.

Con Hilary, el liderazgo de Dean aparentemente propone el establecimiento de un régimen de izquierda de largo tiempo. Es decir, pretende romper el continuismo neoliberal de Bush y trata de volver, en parte, a una agenda más progresista. No necesariamente el gobierno estatista que cimentó Franklin D. Roosevelt, mas bien un tipo de administración popular.

Se pretende, entonces, que Hilary Rhodam Clinton u otro líder de izquierda encarne el carácter anti-neoliberal, pro-trabajadores y anti-belicoso de un sector alto de la población. Por lo mismo, se trata de que ella se convierta en la nueva líder de la mayoría marginadas, desposeídas, y especialmente de la clase media, a quien el actual Presidente se dice que ha abandonado .

Después de todo no es una apuesta política del todo absurda, tomando en cuenta que los centristas –Al Gore y John Kerry— perdieron las dos últimas elecciones. Los demócratas de Dean no solamente quieren ganar un gobierno, sino que están empecinados en cimentar un proceso histórico, donde probablemente Hilary Rhodam Clinton regiría el papel principal. Esto me recuerda un dicho popular, “al que madruga, Dios le ayuda”. A ver si estos demócratas no se han levantado demasiado temprano.

Humberto Caspa, Ph.D. Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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