February 17, 2006

Comentario:

El Tufo de Corrupción

Por Javier Sierra

A todos les habrá llegado el tufo a podrido procedente de Washington, DC. El cabildero republicano Jack Abramoff, quien se declaró culpable de varios crímenes, parece ser sólo la punta del iceberg de una de las peores oleadas de corrupción en la historia del gobierno federal. Parece que de la cúpula del Capitolio se ha colgado un cartel que dice: “Se Vende al Mejor Postor.”

Parte de este hedor proviene de la oficina de uno de los representantes más poderosos de la Cámara Baja, el republicano por California Richard Pombo, uno de los peores enemigos del medio ambiente y de los intereses de la comunidad latina.

Desde su privilegiada posición como presidente de la poderosa Comisión de Recursos, Pombo ha declarado la guerra contra el agua, el aire y los entornos naturales —el patrimonio de todos y la herencia más rica que recibirán nuestros hijos.

Pombo —un descendiente de inmigrantes portugueses, y por tanto, miembro de la comunidad latina— se adhiere al concepto de que la política es el arte de convencer a todos para poder beneficiar a unos pocos. Y su larga lista de atrocidades contra el medio ambiente así lo demuestra.

Este terrateniente del Valle de San Joaquín, California, ha lanzado una ofensiva por acabar con la prohibición del uso de uno de los pesticidas más tóxicos que se conocen, el bromuro metílico. Si Pombo se sale con la suya, decenas de miles de braceros hispanos quedarán expuestos a los mortales efectos de este veneno, incluyendo cáncer y defectos de nacimiento. Además, el bromuro metílico es un devorador de la capa de ozono, la que nos protege contra los rayos nocivos del sol.

En 2005, Pombo intentó poner a la venta 15 parques nacionales —terrenos públicos que a todos nos pertenecen— para “reducir el déficit federal”.

Usando trucos legislativos más propios de un tahúr que de un servidor público, está tratando que las costas del país y el Refugio Artico Nacional de Vida Silvestre —uno de los pocos tesoros naturales prístinos que quedan en nuestro país— se abran a devastadoras explotaciones petroleras y de gas.

Por medio de otro apaño, en diciembre Pombo implantó una oscura cláusula en el presupuesto federal que hubiera permitido poner en venta millones de acres de terrenos públicos a precios ridículamente bajos a urbanizadores, compañías mineras y otros intereses industriales.

Desde que llegó al Congreso en 1994, Pombo se ha propuesto desmantelar la Ley de Protección de Especies en Peligro —la misma que ha salvado de la extinción a cientos de especies animales y recuperado otras como el águila calva y el oso grizzli— dejando des-protegido su hábitat natural.

Todas estas iniciativas de Pombo, y varias más, contradicen de plano los valores de la comunidad latina. Según un estudio de la revista Time, el 87% de los latinos cree que el medio ambiente es un tema muy o extremadamente importante. Otra encuesta realizada en el suroeste del país por Bendixen & Associates indica que el 71% de los latinos cree que preservar la naturaleza es un valor no solamente familiar sino también religioso.

Increíblemente, Pombo insiste que sus propuestas legislativas tienen un solo propósito, proteger al débil. Pero si revisamos quiénes son sus donantes y benefactores —compañías petroleras y de gas, conglomerados agrícolas, casinos y empresas de bienes raíces— no es de extrañar que el grupo Ciudadanos por la Responsabilidad y la Etica en Washington lo haya nombrado uno de los políticos más corruptos de la capital.

Según documentos obtenidos por el diario Los Angeles Times, Pombo supo cómo devolver los favores de su protector, Tom Delay, el ex líder de la mayoría republicana de la Cámara Baja, ahora envuelto en un intenso escándalo de corrupción. Usando su poderosa posición, Pombo logró que se suspendiera la investigación federal que le hubiera costado $300 millones en multas a un donante de su campaña y amigo de Delay, el millonario texano Charles Hurwitz.

Pombo resulta ser también un compadre de Abramoff. Después de aceptar contribuciones de este corrupto cabildero, Pombo se negó a que su comisión se uniera a las investigaciones federales de venta de influencias de este criminal confeso.

El poder absoluto corrompe absolutamente. Y a juzgar por el tufo de corrupción procedente de su oficina del Congreso, este es el caso del Representante Pombo. Tan intenso es el hedor que todo parece indicar que finalmente ha llegado a su distrito electoral.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Para más información visite www.sierraclub.org/ecocentro.

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