February 17, 2006

Incendios azotan Colonia Chilpancingo: Residuos tóxicos representan graves peligros a la salud

Fotos y texto
por Luis Alonso Pérez


La tarde del martes 8 de febrero la señora Marta Jaime de la colonia Chilpancingo –una de las zonas más marginadas de la ciudad– salió de su casa para recoger a sus hijos de la escuela. Al regresar, divisó a la distancia que su humilde casa de madera y la de muchas otras familias habían sido consumidas por un incendio.

Esa misma tarde otro incidente similar se dio lugar a escasos kilómetros de la colonia Chilpancingo. Un incendio en la planta abandonada de la antigua maquiladora Metales y Derivados formó una gran nube negra que acarreaba residuos tóxicos de las 21,000 toneladas de sustancias contaminantes como plomo y arsénico que habían sido desechadas al suelo ilegalmente durante más de una década.


Incendio en la Colonia Chilpancingo.

Estos dos desastres pusieron en evidencia los graves problemas sociales que sufren las ciudades fronterizas de México como la injusticia laboral que obliga a los obreros a vivir en condiciones miserables, los problemas ambientales consecuentes del modelo de desarrollo industrial y los problemas de salud que ocasionan al sector más desprotegido y vulnerable de la comunidad.

Fuego a las orillas del río Alamar

Alrededor de 60 viviendas de madera construidas en asentamientos irregulares a las orillas del río Alamar fueron destruídas por las llamas ocasionadas por un vecino que –según los habitantes de la colonia– se conectó de manera ilegal a cables de luz de alto voltaje con una instalación eléctrica de tipo residencial.

Los cables, al no tener la capacidad de voltaje necesaria, ocasionaron una descarga eléctrica a su refrigerador, lo cual comenzó el incendio que dejaría sin hogar a su familia y aproximadamente a 600 personas más.

Los miembros del grupo de bomberos acudieron a la emergencia, sin embargo las precarias condiciones de la colonia dificultaron el trabajo del equipo conocido como “Tragahumos” y se tuvieron que auxiliar con los vecinos de la colonia, quienes se unieron para apagar las llamas con cubetas de aguas tóxicas provenientes del río Alamar, logrando contener un incendio que pudo haberse extendido a otras viviendas.

A pesar de que ninguna persona resultó herida ni se presentaron pérdidas humanas, la mayoría de las familias perdió todas las pocas pertenencias materiales que tenían. Algunas de ellas como la familia de la señora Marta Jaime se encuentran viviendo provisionalmente con familiares, que viven cerca del río, pero un gran número de familias se encuentran albergadas en una capilla cercana a la colonia que fue habilitada como un albergue temporal.

Las familias han decidido mantenerse cerca de la zona a pesar de que representa un riesgo para su salud, ya que está cerca de sus escuelas y de la zona industrial de Otay el centro de trabajo de un gran porcentaje de los habitantes de la colonia Chilpancingo.

Arden residuos tóxicos en Metales y Derivados

Horas después del incendio en la colonia Chilpancingo, se presentó otro peligroso incidente, esta ocasión en la planta abandonada de la desaparecida fábrica de Metales y Derivados.

Según las declaraciones del subdirector de Bomberos en los medios locales, el siniestro comenzó cuando la hierba seca que cubría una parte del terreno comenzó a incendiarse y se extendió hacia los grandes montículos de residuos tóxicos acumulados durante años.


Vecinos de la Colonia Chilpancingo conectandose ilegalmente a postes de luz.

La densa nube de humo negro que se desprendía de las llamas es lo que más preocupa a las autoridades de protección civil y a los miembros de organizaciones ambientalistas, debido a la gran cantidad de sustancias tóxicas que acarrean y que presentan un grave riesgo a las familias de la colonia Chilpancingo, ubicada a escasos kilómetros de la zona industrial de Otay.

“Lo que se quemó fue material muy tóxico” declaró Amelia Simpson del Environmental Health Coalition (EHC), grupo ambientalista que ha pedido al gobierno acordonar y proteger el sitio inmediatamente para que no entren personas y para que el viento y la lluvia no causen más dispersión de las sustancias tóxicas.

A más de una semana del siniestro el área no ha sido clausurada apropiadamente. Los trabajadores de las maquiladoras de Otay continúan cruzando a través de agujeros en las rejas del predio, ya que lo utilizan como un atajo hacia las plantas maquiladoras.

Amelia Simpson, es directora de la Campaña Fronteriza de Salud Ambiental del EHC y pertenece al Colectivo Chilpancingo pro Justicia Ambiental (CCPJA). En un comunicado de prensa indicó que las familias de la colonia corren peligro por las exposiciones a los residuos tóxicos y declaró que es necesario que el gobierno brinde atención médica de emergencia y a largo plazo a la comunidad. Además debe realizarse una evaluación de la calidad del aire para documentar las condiciones y residuos después del incidente, así como los peligros causados por el incendio como resultado de la exposición al humo.

Los contaminantes que se propagan por vía aérea y entran en contacto con la ropa, los alimentos y la piel de los habitantes. Además muchas personas de la comunidad le dan uso doméstico al agua del río Alamar, lo que representa un gran riesgo ya que los residuos tóxicos han contaminado los mantos acuíferos de la zona y el cauce del Alamar frecuentemente recibe descargas ilegales de drenaje industrial.

Vecinos de la colonia Chilpancingo como Alicia Ramos, que también pertenece al CCPJA, ha comentado a sus compañeras que a una semana de los incendios sus secreciones nasales siguen siendo oscuras por la ceniza. Guadalupe Luján, también del CCPJA y habitante de la colonia tiene problemas con los bronquios y la garganta, sin presentar síntomas de gripe o fiebre.

Magdalena Cerda, organizadora de la Campaña Fronteriza de Salud Ambiental del EHC declaró que urge una limpieza rápida, porque aunque aparentemente los residuos tóxicos se vean inofensivos, son un gran riesgo potencial, ya que aunque la comunidad vecina presente niveles bajos de contaminantes en el suelo, puede traer como consecuencia bajos niveles de intoxicación a los niños, quienes a largo plazo pueden desarrollar discapacidades en el aprendizaje, ya que los altos niveles de plomo en su cuerpo no permiten un desarrollo saludable.

La exposición prolongada a la tierra contaminada también puede causar erupciones o llagas en la piel de los niños, quienes regularmente entran en contacto con el suelo cuando juegan.

“Además el riesgo de accidentes como el que sucedió siempre está presente ya que en los dos últimos años se han quemado dos empresas en el mismo parque industrial. Si no se cuenta con planes de prevención y contingencia los riesgos pueden ser muy altos”.

Para Magdalena Cerda “estos dos incidentes subrayan la profunda injusticia que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte trajeron a esta comunidad” y piden que se acaben estos tipos de tratados comerciales, porque sólo benefician a las empresas maquiladoras de la región fronteriza, pero no ofrecen un salario digno que a su vez no les permite contar con los servicios básicos de vivienda, agua, luz o drenaje, obligándolos a vivir en condiciones peligrosas.

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