February 17, 2006

Análisis

…del hermoso Acapulco, y del narco

por Dagoberto Márquez

Estimado lector, Fina lectora, este opinante conoce el bello puerto desde hace más de 30 o 35 años. Desde que nuestro Acapulco tenía por tierra una magnífica entrada rodeada de frescura, sombra y palmeras, donde decenas de amables y risueños costeños vendían al turista que se retiraba, cocos en racimo, dulce de tamarindo y souvenirs de todo tipo. Desde que su nuevo aeropuerto, ubicado más allá del Acapulco Princess tenía poco tiempo de haber sido edificado.

Desde que al mismo llegaban, además de muchos vuelos charter de distintas partes del mundo, vuelos de grandes líneas aéreas como lo fueron Pan Am, Western Airlines, Eastern, Braniff International y por supuesto, de líneas como American Airlines, Aeronaves de México (hoy Aeroméxico) y de Mexicana.

Desde que en Acapulco no se veía humo por smog producido por autos sino, con frecuencia, solo una apacible y muy agradable humedad transfigurada en bruma.

Desde que nuestro bello puerto era único pues Ixtapa era solo un pequeño balneario en proceso de desarrollo y el artificioso Cancún no existía. Desde que el bello puerto contaba con una concurridísima “temporada alta” donde el turismo extranjero, donde el turismo internacional, el norteamericano, el europeo, el francocanadiense y el asiático eran una constante, una verdadera constante, inmejorable por cierto.

Hoy en día las cosas han cambiado. Desde que los gobiernos en México se inclinaron por la modernidad para dejar atrás el modelo nacionalista y posrevolucionario, las cosas se fueron modificando y las actitudes y las prácticas también. A grado tal ha llegado el estado de cosas que, hace días, John D. Negroponte, un hombre de reconocida presencia y de reputado prestigio internacional, ha declarado que México padece de gobiernos débiles, de gobiernos que no pueden o no quieren combatir decididamente al narcotráfico, siendo todo esto una muy dura verdad.

¿Que, qué tiene que ver esta grave sentencia con nuestro querido Acapulco?. Mucho, desgraciadamente. El incidente del enfrentamiento entre policías municipales con pistoleros y guardias de capos el viernes 27 de enero anterior son un anuncio de ello. Uno espectacular, por cierto. La presencia del narcotráfico en México y su fortalecimiento deriva de corrupción, de cierta corrupción política. De aquella que tolera y que combate, al mismo tiempo. De la que no define reglas claras, de la que es ambigua, sórdidamente.

Estimado lector, Fina lectora, si alguna vez nuestro Acapulco fue apacible, modesto y hogareño aquello quedó atrás desde hace ya bastante tiempo. Desde que lo conozco, el puerto es un lugar dinámico y súper activo en todos los sentidos. Sus bellas playas, su infraestructura hotelera y su muy atractiva vida nocturna hacen del puerto a una ciudad moderna y cosmopolita, una de primer mundo, sin lugar a dudas. Hoy en día, además de todo con lo que ya cuenta, podría incorporarse al jet-set del automovilismo deportivo internacional pues está en ciernes la creación de un gran autódromo para competencias de autos Fórmula Uno. En fin, que Acapulco es inigualable definitivamente. ¿Que en paralelo también existe pobreza en mucha gente? Sí, es cierto.

¿Que en paralelo existen desigualdades sociales? Sí, también es cierto. ¿Que mucha gente vive en hacinamiento y marginada? Sí, también. ¿Que por qué? Porque al igual que muchas otras ciudades en el mundo, Acapulco ha crecido de manera un tanto anárquica y desmesurada. Porque así como otras naciones en el mundo se han sobrepoblado, México también lo ha hecho y Acapulco es una de sus principales localidades. Además, porque con base en un sistema socarrón y un tanto cómplice, Acapulco ha sobrepasado sus verdaderas posibilidades demográficas rodeándolo ahora una enorme y heterogénea mancha urbana.

Por otro lado, puesto que en Acapulco se amalgaman tantas cosas, es lógico que la vida en el puerto sea procaz, precoz, dinámica y agitada. Para el turista promedio y para todo mundo, Acapulco es sinónimo de relajamiento, de descanso, de sol y de playas, pero también de precocidad, de vida nocturna, de ambiente, de fiesta y de “reventón”. En esta lógica, para el turista joven, el desvelo, el ir de un lado a otro, ir a bailar, a tomar un trago y pasarla bien es “lo máximo”.

Tan esto es cierto que la sociedad acapulqueña y las tres diferentes esferas de gobierno se desviven para que lo ahora dicho sea mejor y no cambie. Lo de un poco de enervantes para que el turista se la pase “chévere” es cosa aparte, una donde mucha gente —de arriba y de abajo— tiene metidas las manos, una cuestión de análisis.

¿Que el narcotráfico deja tras de sí una gran conmoción y una estela de muerte y dolor? Sí, es cierto. ¿Que el narcotráfico no es legal y que su presencia provoca disfunción? También es cierto. ¿Que es imposible tolerarlo porque su presencia daña y lastima? Sí, aunque quien sabe, es una cuestión de análisis. De revisar para determinar qué se puede despenalizar, legalizar, y qué no y porqué.

Por si usted no sabe, durante la década de los 70’s nuestro bello puerto fue famosísimo debido a su condición de comprensivo, alegre y magnífico alcahuete con la mariguana, recuerde cómo era sabido y reconocido lo de la “Acapulco Golden”, se entiende que una yerba entre verde y doradita, dizque buenísima. Recuerde que hasta en playeras de corte turístico y otro tipo de souvenirs se promocionaba.

Si acaso la policía judicial siempre tuvo la consigna para combatir su mercadeo, nunca dejó de haber ni vendedores ni consumidores. Fue la época de verdaderos palacios de baile, de hermosísimas discotecas como Armando’s Le Club, Le Dome, Baby O, Le Jardin, OBQ, y Bocaccio, la época donde también existían antros como el Playa Suave y el Jazz Bar y cabarets de corte contractual como El Cabaret, el Piano Bar y el Banneret, una época de antología pues. La del Acapulco nacional e internacional, muy internacional por supuesto.

Lo del narco como flagelo y como cáncer vino después, cuando apareció en el mercado negro otro tipo de estupefacientes como las anfetaminas y la cocaína, droga mejor conocida como coca. Cuando a diferencia de lo que parecía pasado, amable y místico, apareció lo que parecía moderno y precoz, aunque en el fondo fuera torvo y químico.

La diferencia entre una cosa y la otra es total, mortal y notoria. Mientras que la mariguana o el peyote nacen y se producen casi solos, la coca y las metanfetaminas pasan por un proceso industrial, por un proceso de tipo químico. Mientras que lo primero fue ritual para algunos ancestros nuestros, lo segundo es mortal y si no pregunte, vaya a la PGR, allí le informan.

Para la producción de drogas químicas y sintéticas se utilizan materiales y solventes compradas hasta en tlapalerías, imagínese. Otra de las diferencias entre una y otra cosa es el dinero, las carretadas de dinero que deja a los traficantes lo segundo. Sí, el dinero y la estela de horror y de muerte que deja la producción y el tráfico de drogas y de verdadero veneno que supone lo segundo.

Estimado lector, Fina lectora, Acapulco es bellísimo. Su avenida costera no tiene igual. Su bahía principal tampoco. Si hoy en día y aunque ya contamos con supercarreteras y más infraestructura, las enormes caravanas de turistas norteamericanos de mediana edad en sus campers y casas rodantes ya no nos visitan, es por algo. Por algo que no atinamos a comprender todavía.

Tal vez se relacione, así sea un poco, con el Acapulco violento, ese que apareció hace algunos años. Aquél que debería de dejar de serlo porque si no, adios turismo, adios turistas internacionales. Y sí, John Dimitri Negroponte tiene razón, pobre México, pobre país nuestro, tan hermoso, tan diverso y tan fuerte, pero a la vez tan miope, tan torpe y tan enclenque.

Es todo.

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