February 15, 2002

Es Interesante Conocer la Historia

Algunos tenemos la idea de Juan Diego como la de un indio ignorante y no es así

Por Miguel Vázquez

Nieto de Netzahualcóyotl y emparentado también con el emperador Moctezuma I, el noble Juan Diego nació en 1474, en lo que hoy es el pueblo de Santa Clara Coatitle. Su nombre original era Cuau-tlizatzin Ixlilxóchitl. Fue dueño de vastas propiedades e instruído en el sacerdocio y en el arte de la guerra, consiguiendo el grado de Caballero Aguila. Juan Diego tuvo dos esposas a la vez, Beatriz y María Lucía. Con la primera procreó tres hijos, y con la segunda, dos hijas. Al convertirse al cristianismo, decidió vivir únicamente con María Lucía. Ya era viudo cuando en 1531, se la apareció la Virgen en el Tepeyac, a la que consagró los últimos años de su existencia. Murió en 1548, a los 74 años de edad.

Así dice exactamente la biografía definitiva de Juan Diego, que basada en las investigaciones, que entregó personalmente al Papa, el postulador de su causa de canonización Monseñor Enrique Salazar y Salazar.

"Es interesante conocer la historia", explicó el Padre José Fortunato Alvarez, secretario canciller del Obispo de Mexicali. "Algunos tenemos la idea de Juan Diego como la de un indio ignorante y no es así. El tenía una posición reconocida entre los Aztecas. Esto hace más atractiva su conversión reconocida entre los Aztecas. Todo el que se bautizaba era aquel que había dejado la idolatría, y nunca es fácil desprenderse de su cultura, prácticas y creencias.

"Juan Diego, por ser de la nobleza indígena, tuvo formal-mente dos mujeres y según los investigadores pudo incluso haber tenido varias concubinas, como acostumbraban los señores de la época pre-hispánica. Pero Juan Diego, renunciando a sus tradiciones, aceptó y abrazó la fe católica que trajeron los españoles. En 1524 el fue bautizado junto con su esposa María Lucía, cuando el tenía 50 años.

"Juan Diego fue beatificado en 1990. A partir de ese momento empezó la etapa final en su proceso de canonización en la que debe acreditarse un tercer milagro. En esta última etapa se batalló mucho con Juan Diego porque hubo un sector dentro de la Iglesia que cuestionaba la historicidad de Juan Diego. Es decir que afirmaban que no había pruebas suficientes para asegurar la existencia real, física, histórica de Juan Diego. Fue un gran obstáculo, pues el mismo Shulemburg, quien era el Abad de la Basílica de Guadalupe en ese tiempo, promovía esta duda sobre la existencia real de Juan Diego. Eso vino a retrasar el proceso. Si no puedes acreditar la existencia real de una persona, no puedes hacerlo santo, no puedes hacer santo a un mito, a una leyenda".

Añadió el P. Alvarez, "Pero Dios saca bienes de los males. En octubre del 2000 se entregaron a la Santa Sede más de 500 documentos probatorios sobre la existencia de Juan Die-go y se han localizado a más de 100 de sus descendientes directos.

Ellos viven en cuatro poblados en el noreste de la Ciudad de México. En el libro El Mensajero de La Virgen, escrito por Monseñor Enrique Salazar y Salazar y las Antropólogas Asunción García Samper y Rossana Enríquez Arguello, se exponen las principales pruebas de la existencia de Juan Diego. Con reproducciones de documentos originales en náhuatl y español, fotografías, textos y gráficas, dejan sin argumentos a quienes sostienen que Juan Diego no existió".

"Finalmente, el pasado 13 de diciembre del 2001 el Papa aprobó el decreto canónico de reconocimiento del milagro atribuído a la intercesión de Juan Diego. Este es el tercer y último milagro requerido para su canonización", dijo.

Ahondó, "El milagro ocurrió el 6 de mayo de 1990, en el mismo momento en el que el Santo Padre proclamaba beato a Juan Diego. Se trata del joven Juan José Barragán Silva, que desesperado y bajo el efecto de la droga, frente a su mamá, se hirió a sí mismo con un cuchillo y se tiró de cabeza al vacío desde un balcón a 10 metros de altura. La madre del muchacho, Esperanza, ha contado que justo cuando el joven estaba cayendo lo encomendó a Dios y a la Virgen de Guadalupe. Invocando a Juan Diego le dijo: `Dame una prueba. ¡Sálvame a mi hijo! Y tú Madre mía escucha a Juan Diego'.

"A juicio de los médicos, la muerte debía haber sido instantánea. Considerando la altura desde la que se aventó el muchacho, su peso de 70 kilos y el ángulo de impacto, se ha calculado que la caída ocasionó una presión de dos mil kilos en su cráneo. Sin embargo, a los tres días de estar hospitalizado, de manera instantánea e inexplicable, Juan José se curó completamente", dijo el Padre. "No quedó con ningún daño neurológico o psicológico y además sanó de su problema de drogadicción. Los especia-listas dijeron que este caso era científicamente inexplicable".

El reconocimiento de este milagro fue un paso definitivo en el proceso de canonización de Juan Diego.

Aunque no se ha dado a conocer de forma oficial, se dice en el Vaticano que el Papa vendrá a México a canonizar a Juan Diego el día 30 de julio de este año, después de las Jor-nadas Mundiales de la Juventud de Toronto, Canadá.

"La canonización de Juan Diego tiene implicaciones muy grandes. La fe de México está sostenida en el milagro Guadalupano, y es importante no pasar por alto a aquel hombre que habiendo conocido a la Madre de Dios, no vaciló en dejar todas sus ocupaciones anteriores para dedicarse a Ella. Es un ejemplo de fe, esperanza y caridad. El era el custodio de la imagen de la Virgen que se hallaba en una capilla que mandó construir el obispo Zumárraga. A partir de las apariciones, Juan Diego vivió en una consagración especial a la Virgen María. No hay que dejar de ver pues, que en favor del milagro Guadalupano existió una persona que humildemente, en el silencio, con su vida, protegió ese milagro, que es grandísimo, y ayudó a que pudiera darse plenamente en México. Juan Diego estuvo presente para que el milagro Guadalupano fuera posible y creíble. En los diez años anteriores a la aparición, los misioneros y franciscanos habían convertido al catolicismo entre 250 y 300 mil indígenas en México, mientras que tras el milagro Guadalupano ocurrido en 1531 en sólo 7 años se convirtieron 8 millones de personas", comentó el Padre "Su amor y su reverencia por cuidar la imagen de la Virgen de Guadalupe muestran que supo responder a su vocación concreta que Dios le pedía. El creyó, fue dócil y perseveró hasta el final de sus días.

"El Papa viene a hacer un homenaje a este hecho. Viene a resaltar las virtudes heroicas. Un santo es aquel hombre de carne y hueso que la Iglesia declara que vivió en fe, esperanza y caridad de forma heroica y grande. La iglesia lo hace santo para que todos veamos que podemos vivir las virtudes. También tiene un efecto de elevar la dignidad de aquellos originales de estos pueblos. De aquellos de quienes eran estas tierras, los indígenas y que hoy son frecuentemente marginados y despojados. Reestablecer su dignidad, su importancia como persona, su capacidad de fe, esperanza y caridad.

"Debemos reconocer y sentirnos muy agradecidos de esta gracia tan especial que Dios nos dio en aquel por quien fue posible el milagro Guadalu-pano. Para que la fe se dé es necesario la participación de hombre de carne y hueso. Yo creo que el canonizar a Juan Diego significa como una nueva oportunidad de acercarnos a Dios que tuvo un detalle muy especial con nosotros. Estoy seguro que en México y en América la fe se va a fortalecer, va a crecer la devoción por al Virgen de Guadalupe y por Dios, porque Ella nos lleva a creer en Dios.

"Juan Pablo II no tiene necesidad de venir a México para canonizar a Juan Dios, pero quiere hacerlo. Nunca ha ocultado su devoción por la Virgen de Guadalupe y un cariño muy especial por este país. La canonización, al hacerse en México y no en Roma como es tradicional, permitirá la asistencia de millones de personas de escasos recursos, el pueblo de México, que de otra forma no podría presenciar este evento personalmente. El Papa tiene muy en cuenta esto", finalizó satisfecho el padre.

(Reimpreso de La Cruz de CalIfornia, Año 6, No. 3, Marzo de 2002).

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