February 14, 2003

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

Con la mano en el corazón

El amor, palabra sublime, y ¡cuántos dolores de cabeza ocasiona! Si se tratara solamente de remendar el corazón, sería lo de menos.

Y es que como ya la mayoría de nosotros ya lo habrá sentido y vivido en algún momento de nuestras vidas, “el amor es una llama”, así decía un experto en amores, Don Vinicius de Moraes, uno de los más grandes poetas brasileños, lo que significa que esa llama tarde o temprano se tiende a extinguir. Es el fuego de la pasión la que nos trae al mundo; pero son sus cenizas, las que dejan a madres solteras, a hijos que no conocen al papá, y a niños que desde muy pequeñitos pierden la ilusión de ver a mamá y a papá juntos por siempre.

A millones de nosotros, como hijos de parejas divorciadas o separadas, nos ha tocado vivir el fin del amor de nuestros padres; así se esfuma la inocencia de la niñez, y ese pensamiento obsoleto y mentiroso de los cuentos de hadas que “vivieron juntos y felices por siempre”.

Y aunque ser hijo o hija de una pareja de divorciados ya no es cosa del otro mundo (ya que 49% de los matrimonios termina en divorcios en los Estados Unidos), este fenómeno todavía causa demasiados problemas para las víctimas directas del mismo, los niños.

Si analizamos sólo las tendencias de reproducción de nuestra comunidad, no es difícil discernir los problemas. Tal vez lo vemos en nuestros propios hogares, cuando la generación de nuestros progenitores no está muy distante de la nuestra propia. Es decir, cuando los niños y los pre-adolescentes tienen hijos.

Claro está muchos de nuestros padres y madres, han escondido la vergüenza de un embarazo, “accidental”, con el velo blanco del matrimonio, y muchas veces han cobijado a la flamante pareja y a los nietecitos en el hogar. Después de un tiempo, el joven novio voló. La madre, algo soltera quedó. Y los hijos, como siempre, tuvieron que recoger los vidrios del cristal roto. Esos escombros que deja el divorcio pueden tener astillas y muy peligrosas.

A todos nos gustaría que al haber puesto un pie en el nuevo milenio, o bien, al haber emigrado al mundo desarrollado, hubieran evolucionado también nuestras tendencias reproductivas, por lo menos el bien de los chicos. No se trata de decirle NO al embarazo y NO a los niños; tampoco se trata de “agringarse”, ni de negar los principios morales que se inculcan en la casa y en la iglesia. Pero si se trata de ponerse la mano al pecho, y retener a ese corazón que a menudo pierde la razón, y pensar que un embarazo significa un ser humano, un niño o una niña, que necesitará manutención, cuidado, cariño y fundamentalmente atención.

Ese niño necesitará además a mamá y a papá, juntos por espontánea voluntad y no por que no tuvieron otra que casarse para evitar los chismes del vecindario.

No cabe duda hay madres y padres solteros valientes que piensan que pueden solos, y muchas veces logran transitar la ruta del éxito. Pero por lo general ese camino es tortuoso y difícil.

En el día del amor, pensemos que en realidad nadie merece más felicidad que los niños y que este mundo también les pertenece. De la misma forma si tienes hijos adolescentes, háblales de la sexualidad humana, de las consecuencias que pesan en la conciencia y en el corazón.

Obtén información sobre cómo hablar a tus hijos de la sexualidad, llama gratis a tu línea de ayuda nacional al 1-800-473-3003.

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