February 13, 2004

¿Y dónde fue la fiesta?

La celebración del Grammy reflejó el actual estado de la industria

Por Jose Daniel Bort

La sombra del pecho derecho de Janet Jackson eclipsó la diversión en la mayor parte de la anual ceremonia de la asociación de profesionales de la música celebrada en Los Angeles. Otrora conocida por sus excesos y creatividad, la industria prefirió no repartir canapés de langosta rosados con papeles rosados de despido y cortó las celebraciones alrededor del Grammy al mínimo absoluto.

No hace mucho tiempo atrás, los locales nocturnos de Los Angeles celebraban abiertamente la decision de la NARAS de mudar su fiesta anual a la costa oeste, después de que New York le quitó el reinado por algún tiempo, ya que ese fin de semana las arcas se llenarían. Para los participantes, era el único consuelo después de permanecer sentados por más de tres horas y media en una ceremonia demasiado larga y tediosa.

Pero el ambiente cambió desde el momento que la Warner (famosa por ser la mejor fiesta post-grammy) decidió cambiar la vista del Sky-Bar en Hollywood por el mucho más terreno, sobrio y pequeño Kantana. Lo mismo pasó con Sony. Universal ni siquiera celebró.

Uno de los empleados del Sky Bar lo puso en una frase: “Creo que estaban aterrados que alguno saltara por la ventana”.

La razón es sencilla: no parece sensible ir a “parisear” cuando las ventas han declinado tanto que muchos profesionales han perdido sus empleos. A pesar de que las ventas han subido un poco durante los últimos meses, los indicadores reflejan que las ganancias nunca serán las mismas.

Las mejores fiestas la dieron los propios nominados. Augurando su triunfo en la categoría más importante de la noche, los miembros de la banda Outkast hicieron una fiesta en una mansión no identificada. Los invitados fueron trasladados desde un estacionamiento en un centro comercial hasta la residencia, donde le esperaban varios pisos con diferentes tipos de música y champagne hasta reventar.

La generación “Joven” hizo suyo el club Avalon. Uno de los pocos con la suficiente maquinaria publicitaria para atraer a lo más “in” de la industria, abrió sus puertas independientemente. La fiesta duró hasta altas horas de la madrugada y entre sus invitados estuvieron los ganadores Justin Timberlake, Cristina Aguilera y Missy Elliot.

Otro de los grupos interesados que celebró sin fijarse en gastos fue la agencia William Morris. Reconocida como uno de los agentes más poderosos en las industrias del cine y la música, Morris tuvo un record de ochenta y cuatro nominaciones este año, suficiente como para celebrar un “templete” de siete cifras largas. Beyonce terminó en esta fiesta, después de empatar el record de premios para una vocalista el mismo año con cinco. Morris tiene mucho que celebrarle a Beyonce, ya que su carrera como actriz de cine es fulgurante. Además, Beyonce será vista proximamente en el comercial más caro de Pepsi con Pink, Britney Spears y Enrique Iglesias.

Los latinos montaron su propio barullo. En el Conga room de Wilshire la LARAS (“Latin Recording Academy”) celebró una “Pre-fiesta” el pasado sábado con más de quinientos invitados. El evento fue un éxito de concurrencia a pesar de que muchos de los homenajeados se notaron por su ausencia. Los grupos Yerba Buena, Akwid y Café Tacuba demostraron porque habían sido nominados en sus categorías.

En la ceremonia de premiación no hubo momentos excitantes ni escotes atrevidos como el de Jennifer Lopez en el 2000. El ánimo quedo muy bien establecido en las palabras de Joan Rivers en la alfombra roja: “Los artistas ahora tienen consejeros y estilistas de moda para venir a los Grammys. Se acabó la diversión”.

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