February 11, 2005

Diputado Migrante de Michoacán y el Deseo de Regresar

Parte 3 de 3

Después de largos años de presión, los migrantes de Michoacán en Estados Unidos tienen su primer representante en la legislatura de ese estado. La receptividad del gobierno michoacano y una sociedad familiarizada con la migración fueron también factores importantes.

Por Eduardo Stanley

“Si me voy al norte con mi familia, ellos ya no vendrán, no tendrán a quién visitar”

Delfina Soto, Angahuán, Michoacán.


Morelia, Michoacán (México) — Si bien la migración es un fenómeno mundial generado principalmente por razones económicas, con el tiempo se transforma en una realidad muy compleja. México y Estados Unidos comparten una frontera, algo de historia y, lo más importante, la necesidad mutua por el llamado “desarrollo desigual y combinado” , o la interdependencia de ambas economías que asigna a México el papel dominante de proveedor de mano de obra.

Mucho se ha escrito ya sobre la influencia cultural de los migrantes y cómo reproducen en otras latitudes sus tradiciones y costumbres. Entre las múltiples consecuencias de este fenómeno, el deseo de regresar también genera una corriente migratoria hacia la tierra de origen.

La mayoría de los migrantes de primera generación sueñan con volver. Por eso se dice que con las remesas de dinero van también sus sentimientos. Un poco de amor por Western Union. Regresar! Y qué mejor que volver con un trabajo, para invertir o prestar servicios a la comunidad.

Entonces, no es difícil entender porqué Jesús Martínez Saldaña, aparte de consideraciones políticas, aceptó el desafio de representar a los michoacanos de Estados Unidos en la legislatura michoacana, dejando atrás familia y trabajo.

En Michoacán, uno de los estados mexicanos con mayor tradición migratoria, seis de cada diez familias tienen alguna experiencia migrante propia o por medio de familiares. Muchos vuelven voluntariamente, por deseos o por nostalgia.

“Yo regresé cuando asumió el gobierno Lázaro Cárdenas Batel y se me ofreció esta oportunidad”, explicó Claudio Méndez Fernandez, de 33 años, Coordinador de la Oficina de Atención al Migrante. Esta agencia, que pasó de tres empleados a 28, presta importantes servicios a migrantes michoacanos, desde asesoría legal para condenados a muerte en Estados Unidos, localización de personas, pagos de pensiones alimentarias, asistencia para quienes buscan invertir en el estado, hasta la implementación de un importante proyecto educativo a distancia.

“Un día me pregunté qué hacía ahí, y decidí regresarme”, comenta Víctor Vargas Anguiano, de 46 años. “Creo que buscaba mis raíces, y aunque al principio extrañaba Estados Unidos, eso fué desapareciendo”. Vargas, quien aseguró haber padecido el racismo en el país del norte, completó sus estudios de Sociología en el DF y luego se radicó en Morelia, capital de Michoacán, donde es Director de Intercambio Académico de la universidad privada Latina de América.

Constantino Silva tenía seis años de edad cuando su familia emigró a California, siguiendo a su padre, hoy ex bracero jubilado. Ahora, a los 36 años, es el único de su familia que regresó a Michoacán, donde radica desde hace cinco años. “Me vine por una idea romántica, mis hermanos mayores hablaban mucho de Morelia y eso me hacía soñar”, dijo Silva, Director del Centro de Idiomas de la misma universidad. “Aquí no tienes el nivel de vida de allá, pero la convivencia humana hace la diferencia, cualquier excusa es buena para reunirse, festejar. La vida se disfruta más”.

Ambos profesionistas aseguran conocer otros casos mas o menos similares de “repatriados” voluntarios. Como en el caso de quienes emigran al norte, los que regresan también traen costumbres y nuevas aptitudes profesionales. Y aunque este flujo migratorio es aún menor, su impacto cultural empieza a percibirse. Inclusive en la nueva legislatura, seis de los diputados del Partido de la Revolución Democrática (PRD) han vivido una experiencia migratoria, especialmente en California. Esta presencia será determinante cuando se discuta la propuesta de ley de otorgar derechos políticos a los michoacanos en el extranjero.

Esta mayor complejidad del fenómeno migratorio exige la redefinición de conceptos tales como “ciudadanía”, hoy limitado al cumplimiento de ciertas leyes locales por los residentes de una determinada región. Las discusiones parlamentarias sobre el derecho al voto de los migrantes está enriqueciendo el debate sobre el papel de estos ciudadanos transnacionales no sólo en la vida económica familiar.

Las actividades solidarias entre migrantes en tierras lejanas constituyen también un fenómeno similar al de las “remesas sentimentales”. El caso de Manuel Correa Alfaro es significativo. Llegó a Chicago en 1956 y fué pionero en la creación de un club de michoacanos. “Mi padre quería juntar a la gente para que se apoyara mutuamente, para que no terminara lavando platos como hacemos todos al principio”, comentó su hijo, José Manuel Correa, de 57 años y nacido en Ciudad Hidalgo.

Hoy, José Correa es uno de los pilares de las organizaciones de michoacanos en Estados Unidos que presionan por lograr derechos electorales. Llegó a Morelia el pasado 14 de enero para ser partícipe de la inauguración de la legislatura estatal. “Nos queda mucho por hacer.” Dijo mirando con orgullo hacia sus paisanos de distintas ciudades norteamericanas que también se dieron cita en Morelia en apoyo del primer diputado migrante que ayudaron a elegir.

La vieja generación de michoacanos migrantes sigue abriendo caminos.

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