February 11, 2005

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Ricardo J. Galarza

El Estado de la Inmigración

En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Bush volvió a insistir en la necesidad de solucionar la situación migratoria de los millones de indocumentados que residen en este país, cosa que cada vez que hace, irrita más a los legisladores más radicales de su propio partido.

Pero Bush parece decidido a llevar adelante su programa de trabajadores huéspedes (con el que otorgaría visas de tres años renovables a los asala-riados indocumentados), a pesar de la resistencia de ese grupo de congresistas que, encabezados por los republicanos Tom Tancredo y James Sensenbrenner, no dejan de amenazar con echarle por tierra el proyecto.

Por razones políticas, estos legisladores insisten en tachar al plan de Bush de “amnistía para los indocumentados”, idea que despierta gran resistencia entre el 70 por ciento del electorado norteamericano.

Al presidente, empero, esa oposición ínter partidaria no parece quitarle el sueño en lo más mínimo. Tan solo 20 días antes de su discurso anual, Bush había dicho en un extenso reportaje, publicado por el periódico The Washington Times, que planea llevar adelante su proyecto migratorio este mismo año. Y cuando los editores del Times le preguntaron cómo haría para convencer a los republicanos más reticentes, el presidente no mostró mayor preocupación, y les recordó que en el pasado ya había logrado la aprobación de otras medidas que habían enfrentado fuerte oposición en el Congreso.

“¿Recuerdan el debate sobre la reforma tributaria?

Parece que la historia se repite”, dijo el presidente recostándose en su sillón, según el diario capitalino.

Bush se refería a su proyecto de reducción impositiva, durante su primer año de gobierno, que en un principio fue muy resistido en el Congreso; y meses más tarde, la Cámara Baja y el Senado aprobaban los recortes de impuestos más grandes que se conocieran en la historia de los Estados Unidos.

“Si me dedico a escuchar todas esas cosas, no hago nada... Pero ésa no es mi manera de pensar”, concluyó Bush.

Sus declaraciones parecieron enfurecer a los legisladores republicanos que le salieron al cruce al día siguiente, en las páginas del mismo matutino.

Tancredo dijo —palabras más, palabras menos— que la respuesta del presidente había sido un acto de bravuconería. Reiteró que el plan de Bush equivale a una amnistía, predijo que sería rechazado en una votación en el plenario de la Cámara de Representantes y lanzó una amenaza subrepticia que podría convertirse en la gran piedra en el zapato del plan migratorio de Bush: el representante por Colorado dijo que si el presidente quería aprobar su proyecto de reforma de la Seguridad Social, debía olvidarse de su plan migratorio.

La administración Bush pretende hacer de la reforma de la Seguridad Social el proyecto bandera de su segundo mandato, y para su aprobación necesita de todos los votos republicanos que pueda obtener en el Congreso, ya que la gran mayoría de los demócratas se opone y ya han anunciado que votarán en contra.

Por eso la amenaza soterrada de Tancredo, y de otros republicanos que se hicieron eco de ella, podría ser peligrosa. Si deciden tomarle de rehén la reforma de la Seguridad Social en la Cámara Baja, Bush podría verse obligado a desistir de su plan migratorio.

Pero lo cierto es que el presidente parece confiado en que eso no va a suceder, o acaso más confiado en la capacidad de su asesor todo terreno, Karl Rove, para torcerles el brazo a esos republicanos, como lo ha hecho en el pasado.

Por otra parte, si por algo se ha caracterizado la presidencia de Bush (y lo demostró palmariamente con la invasión a Irak ante la oposición del mundo entero), es por hacer prevalecer su punto de vista a cualquier costo. Si se animó a atacar Irak con el Consejo de Seguridad de la ONU y el 85 por ciento de la opinión pública internacional en contra, cualquiera podría pensar que no le va a temblar el pulso a la hora enfrentarse a un puñado de legisladores en la extrema derecha de su partido. Además, ahora tiene lo que él mismo llama “capital político”. De manera que todo parece indicar que su plan migratorio se hará realidad este año, o tal vez a principios del año entrante.

Pero como decía Bismark, la política es el arte de lo posible. Así que la inversa también se puede dar. Si Tancredo y sus secuaces logran oponerle una resistencia férrea que le pueda costar a Bush la reforma de la Seguridad Social, podrían salirse con la suya y dar al traste con el plan migratorio del presidente. Habrá que esperar; pero hechas las sumas y las restas, no parece muy factible que lo vayan a lograr.

Por otro lado, Bush no enfrenta sólo la oposición de los legisladores republicanos en el tema migratorio, sino también la de algunos mal llamados periodistas, como el presentador de la CNN Lou Dobbs, enemigo declarado de los inmigrantes indocu-mentados.

Dobbs dedica incluso un segmento entero de su pro-grama Lou Dobbs Tonight (que se transmite todas las noches a las 6.00 de la tarde por CNN) a denunciar la migración indocumentada. El segmento se titula “Broken Borders” (fronteras rotas), y allí, el presentador se despacha a discreción, cada noche, contra las políticas migratorias —según él, demasiado permisivas con los inmigrantes— y contra el plan de Bush.

Al día siguiente del discurso sobre el Estado de la Unión, Dobbs estaba indignado porque el presidente había mencionado el tema migratorio durante su alocución. Volvió a decir que el plan de Bush equivalía a una amnistía y consideró grave que además de eso, el secretario de Seguridad Interior recientemente nombrado por el presidente, Michael Chertoff, haya declarado, en su audiencia de confirmación en el Senado, que apoyaba el plan migratorio de Bush.

No sé qué otra cosa podía esperar Dobbs que Chertoff dijera. Pero lo cierto es que, hoy en día, hasta los más reticentes a la idea de solucionar la situación de los indocumentados ya parecen resignados.

Mientras decía todo eso, Dobbs tenía la resignación dibujada en el rostro. Lo mismo sucede con Tancredo y Sensenbrenner, por mucho que vociferen. Y la verdad es que ya deberían irse haciendo a la idea de un programa de trabajadores huéspedes, porque todo parece indicar que tendremos uno muy pronto.

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