February 11, 2005

Comentario

Anacronía del Presidente Boliviano

Por Humberto Caspa, Ph.D

Bolivia es un país que se desmorona por dentro. En la práctica, los grupos de interés de todo orden político han tomado, a través de los movimientos sociales, la batuta del gobierno ante la presencia indiferente del Presidente Carlos Mesa, quién simplemente mira, no atenúa los contratiempos y cede casi por completo a las presiones divisorias. El reciente gesto de complacencia al movimiento autonómico regional en el departamento de Santa Cruz es prueba clara de su ineptitud y falta de liderazgo político en el gobierno boliviano.

La autonomía regional de los ciudadanos cruceños es paradójicamente democrática e inconstitucional. Fue un proyecto empujado desde “arriba”, desde la extrema derecha de ese país para desvincular las reservas naturales del petróleo, de plata y agricultura, de una fuerza política de izquierda que se ha ido gestando en su “capital”, La Paz.

Un movimiento de las masas que aspira el cambio político a través de la vía democrática es un acto que debe ser valorado. Empero, lo que ocurrió en Santa Cruz, a pesar de haber sido uno legítimamente constituido, giró sobre la báscula del capital internacional y una neoligarquía reseca de latifundistas de esa zona limítrofe con Brasil.

Por consiguiente, el movimiento “camba” (Santa Cruz) no se configura dentro de una agenda democrática. La autonomía regional es evidentemente un proyecto idóneo para el desarrollo de Bolivia, pero debe ser aprobado dentro en el Palacio Quemado (Congreso) para cumplir con el proceso democrático. En otras palabras, tiene que ser el resultado de un acuerdo mutuo entre los diferentes actores del estado, y no a través de la fuerza autoritaria regional.

Asimismo, el gobierno ya había contemplado dentro de su agenda una ley que autorice a las prefecturas departamentales (gobiernos locales), la cual está programada para su deliberación en el Congreso en Octubre de este año. De manera que las aparentes elecciones para prefectos departamentales –logro de la gran marcha “camba” y que el presidente aceptó arbitrariamente—, no hacen más que romper a un proceso democrático que se estaba gestando desde las bases bolivianas.

Lo cierto es que los consorcios petrolífero en Santa Cruz, supeditados a capitales extranjeros, no le convienen a un gobierno que les controle sus intereses. Así como estas leyes fueron concebidas por el ex-presidente Gonzalo Sánchez de Lozada es cómo a ellos les gusta.

Además, otros intereses económicos, particularmente el de la plata del casi difunto cerro rico de Potosí también estuvieron dando cuerda al movimiento autonómico. Se cree que la transnacional Andean Silver gastó cerca de un millón de dólares en la organización del movimiento. Según Omar Quiroga Antelo, investigador académico, esta compañía aporta al fisco boliviano $3 míseros millones de dólares de los $180 millones que genera anualmente. Ahora uno se da cuenta por qué estás compañías transnacionales no quieren soltar el biberón económico.

Ahora bien, no solamente los grupos empresariales vieron la debilidad que encarna el presidente Mesa, sino también los grupos sociales en las zonas urbanas y rurales. Su pérdida de juicio político fue casi en todos los casos que ha confrontado con la sociedad civil. Por ejemplo, con el movimiento cocalero, los profesores, y recientemente con la federación de juntas vecinales (Fejuve), en el que traicionó a una transnacional francesa de agua potable en el Alto de La Paz. Finalmente, sacó “la bandera blanca” y se rindió al movimiento autonómico.

Lo que sucede alrededor del Presidente Mesa no es casualidad ni coincidencia. Su trayectoria académica era rica para ser rector de universidad que presidente de la República. En una coyuntura política como la boliviana, donde el prebendalismo de estado perdura y los movimientos sindicales son los más fuertes de América Latina, se necesita ser un lobo rabioso que un manso cordero. Mesa tampoco nunca tuvo el respaldo ni la base de un partido político. Entró a la presidencia accidentalmente por medio de un movimiento histórico, al que raras veces supo corresponder.

Es evidente que Boliviana no necesita nunca más de la irracionalidad dictatorial de los años 60s y 70s, pero tampoco merece la docilidad de un presidente democrático que se mueve con la sincronía de los movimiento sociales. Es tiempo que el Presidente Mesa se “ajuste los cinturones”, inicialmente revertiendo la agenda autonómica de Santa Cruz, y mandando ésta propuesta a la Asamblea Constituyente de Octubre. Ese es el proceso democrático que se debe seguir para que la autonomía tenga apoyo mayoritario nacional, y no sólo de una banda de intereses económicos del oriente de ese país.

Humberto Caspa, Ph.D. Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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