February 7, 2003

Recuperando El Tiempo Perdido

La Revitalización de las Comunidades Indígenas de México

Las aguas se retiraron, nos quitaron los bosques y ahora, debido a la emigración, solo quedamos los viejos, las mujeres y los niños… ¿Quién cultivará nuestras tierras?

—Catalino Méndez, San Francisco Paxtlahuaca, Oaxaca

Por Eduardo Stanley
Pacific News Service

La Sierra Mixteca, en el estado de Oaxaca, México, luce su imponente presencia al visitante. Al observar más detenidamente, los cerros se ven secos, con poca vegetación y sin cultivos. Los habitantes más viejos recuerdan cuando los árboles y los cultivos de maíz, frijoles y frutales cubrían esos orgullosos cerros. 


Xochitl Galvez. Photo by Tudor Stanley

Erosión de la tierra y de los pueblos. Las comunidades indígenas enfrentan una decadencia que, a decir de ellos, se inició con la Conquista y que los gobiernos mantuvieron. En los últimos años, una fuerte corriente migratoria, particularmente a Estados Unidos, parece completar este panorama desalentador. Los dólares de los migrantes reemplazan parte de la productividad local. Casas nuevas en comunidades de suelo yermo. Iglesias frescamente pintadas con escasa feligresía. Pueblos sin caminos, muchos sin electricidad ni servicios médicos.

En 1992, al conmemorarse 500 años de la conquista, representantes de pueblos indígenas del continente iniciaron una campaña de reivindicación de su pasado y de concientización de lo que el “progreso” había significado para ellos. Y exigían justicia, no excusas. Respeto, no discriminación. Oportunidades productivas, no limosnas.

La presión creció. En 1994 irrumpió en Chiapas, México, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, exponiendo la problemática indígena.  En el año 2000, llega a la presidencia de México Vicente Fox, quien respondiendo a las presiones, crea la Oficina Para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (ODPI) a nivel de gabinete, coordinada por Xóchitl Galvez.

“Nuestro presupuesto es de $180 millones de dólares… parece insignificante pero considerando que partimos de cero no está mal”, dijo Galvez, optimista, al ser entrevistada en su oficina de Los Pinos, México. Esta oficina comenzó por establecer una comunicación con las organizaciones y comunidades indígenas a fin de conocer las necesidades y poder fijar una agenda de trabajo y prioridades. Cuenta con el apoyo de 20 representantes de comunidades indígenas del país—uno representa a los migrantes en Estados Unidos.  Este Consejo de los Pueblos Indígenas se reúne cada dos meses, aportando recomendaciones y propuestas.

Parte importante de las iniciativas de la ODPI es realizar obras de infraestructura en zonas de alta marginalidad y de emprender proyectos productivos. “El 92 por ciento de los indígenas son pobres, viven en las montañas, en zonas áridas o de mayor marginación”, explica Galvez.  Los indígenas son casi 13 millones que hablan más de 60 dialectos diferentes. El 70 por ciento de los indígenas que trabajan lo hacen en la agricultura—la media nacional es 17 por ciento.  Menos del 5 por ciento de las localidades indígenas cuentan con servicios en las viviendas, empleos y educación. La esperanza de vida para los indígenas es de 69 años—la media nacional, 74 años. La mortandad infantil indígena es 58 por ciento mayor que la media nacional.

La ODPI inició construcciones de carreteras y obras de electrificación en zonas altamente marginadas. Debido a las limitaciones de presupuesto, Galvez explica que parte de su responsabilidad es lograr la colaboración de diferentes entidades federales y estatales para que aporten fondos para obras. En el terreno productivo, se busca desarrollar proyectos de ecoturismo, etnoturismo, agricultura orgánica y de artesanías. Galvez cita el caso de un hotel “ecológico” ubicado en Cuetzalán, estado de Puebla. Este proyecto, iniciado en 1984, es operado por mujeres y además de hotel incluye tortillería, taller de artesanía y farmacia de medicina tradicional. “Por ejemplo, las cobijas, manteles y servilletas del hotel están hechas por estas mujeres”, explica Galvez.

Tomando este ejemplo, Galvez afirma que invertir en proyectos productivos manejados por mujeres es positivo. “El Congreso nos aprobó un presupuesto de $13.7 millones de dólares para invertir en este sentido. La mujer es buena administradora”. Además, debido a la migración, son las mujeres quienes quedan en sus pueblos, junto a sus hijos y ancianos, convirtiéndolas en el alma de gran número de pueblos indígenas. Por su parte, los 20 asesores del Consejo de los Pueblos Indígenas, entre sus propuestas, piden la creación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INLI). Galvez asegura que mantener las lenguas indígenas es parte de sus prioridades y se están elaborando planes al respecto.

La complejidad y dificultad de los temas indígenas no atemorizan a Xochitl Galvez. Para esta empresaria, madre de familia, nacida en 1963 en Tepatepec, Hidalgo, aceptar el cargo de la ODPI fué un desafío que nada tiene que ver con la política. Diariamente se enfrenta a problemas como la marginación endémica, conflictos entre comunidades, vicios sociales heredados del cacicazgo y el paternalismo, aspectos jurídicos que afectan a muchas familias y comunidades enteras, etc. Sin embargo, Galvez es optimista. “Una sociedad debe avanzar en conjunto”, dice convencida. Su objetivo es que la ODPI se transforme en una Secretaría de Gobierno y aumente su presupuesto. Confía que los pueblos indígenas mexicanos tomarán su destino en sus propias manos y en forma positiva. Mientras tanto, sólo se necesita una “pequeña ayuda de los amigos”.

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