February 5, 2004

Comentario

El Mar Boliviano de Vargas Lloza: Sentimientos encontrados

Por Humberto Caspa, Ph.D

Yo también Sr. Vargas Lloza, desde kinder hasta el bachillerato, todos los días, previo al inicio de clases, el director del Colegio San Francisco en La Paz, Bolivia, nos preguntaba solemnemente, “¿Cuál es nuestro deber?” Todos en coro contestábamos, “estudiar y trabajar para volver al mar, al mar”. También recuerdo, como cadete en el Politécnico Militar de Aviación, los jefes y suboficiales nos incitaban a repetir en las marchas, trotes, incluso durante los deplorables castigos, “el mar nos pertenece por derecho, recuperarlo es un deber”.

¡Caramba! Qué casualidad, Ud. tiene razón; evidentemente los bolivianos tenemos imbuido dentro de nuestra psiquis el recuerdo del mar perdido; de ése que, por momentos, hace olvidar al individuo las perplejidades de una sociedad ardiente, dividida, floreciente para pocos y fulminante para muchos. El testimonio suyo, con una prosa exquisita, y el carácter constructivo de su mensaje, vale mucho para los bolivianos. Ahora no sólo a los supuestos “cuatreros” de la región, el Presidente de Venezuela Hugo Chávez, el Comandante Fidel Castro y el “Sup” insurgente Marcos de México, les interesaría bañarse en las aguas gélidas del Litoral Boliviano, sino también a Ud., digno personaje de la literatura latinoamericana, cuyas palabras tienen resonancia profusa aquí, en los Estados Unidos, en donde los problemas bolivianos, al final, residen. Es lamentable que sus escritos no sean traducidos al Inglés y publicados en The New York Times o Washington Post; entonces sí las estructuras de poder que rodean al Presidente George W. Bush empezarían a mover los hilos y maquinizarían una alternativa tangible al “lamento boliviano.” No se agite, por lo menos los medios de comunicación hispanos le hacen caso, y hacen posible la difusión inmediata de su opinión. Como esta misiva es dirigida a Ud., espero que al igual que la suya, “Piedra de toque: nostalgia del mar,” dedicada a los bolivianos, tenga, si no las mismas, por lo menos una centésima parte de atención por los órganos de circulación escrito.

Para empezar, el argumento del mar, como Ud. puntualiza acertadamente, es un “recurso de los presidentes y dictadores (ineptos)...que necesitan conjurar las divisiones internas o disimular su impopularidad.” Esto se ha hecho patente recientemente con el actual Presidente Carlos Mesa Gisbert y anteriormente con los regímenes dictatoriales de Banzer Suárez y García Meza. Sin embargo, el enclaustramiento marítimo, por mucho que parezca, no es el libreto boliviano que expone su atraso económico, sino, más bien, éste tiene dos vertientes que están relacionados directamente con el país que me dio otra oportunidad en la vida: los Estados Unidos. Por un lado, los que creen que los capitales norteamericanos traen beneficios para el desarrollo boliviano; y por el otro, quienes sostienen que dichos capitales explotan los recursos naturales y sustraen el excedente nacional. Por lo que veo, Ud. se inclina más por el primero que por el segundo; y yo, por el contrario, me aferro más al segundo, aunque me gusta pensar que el primero traiga bienestar a nuestro país, siempre y cuando el gobierno le ponga candados a esos capitales “gringos” despavoridos que son amenaza constante para el inversionista local.

El modelo económico que Ud. favorece, se instauró con el presidente Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), y todavía continúa con el régimen actual. El mercado boliviano se abrió por presión externa de los organismos económicos internacionales, el Banco Mundial, IMF, y un férreo apremio político de la administración Ronald Reagan del país del norte. Los inversionistas extranjeros que llegaron a Bolivia, no lo hicieron con el afán de crear trabajos, sino para propagar sus capitales financieros en la bolsa de valores e incrementar sus activos a través de bonos nacionales, cuyos intereses les produjeron exorbitantes ganancias en dinero “bruto”. El millonario George Soros, ahora convertido en el protector de los pobres y paladín de la izquierda norteamericana, fue uno de los muchos “bolsistas” ambulantes que cosecharon millonadas con esos “capitales golondrinos.”

El pasado Julio, viajé a mi patria para participar en una conferencia académica organizada por la Universidad Mayor de San Andrés; entonces consté acongojadamente que mis premisas teóricas anti-neoliberales concuerdan con la realidad boliviana. La pobreza está que estalla, el desempleo arde, la criminalidad en las calles es tan endémica que cuesta distinguir al noble del diablo, y no le hablo de otros problemas sociales porque lo deprimo.

Si todo lo que ví en mi visita a Bolivia y a otros países latinoamericanos es producto de la globalización económica incontrolada, entonces yo me opongo a este tipo de procesos sociales. A propósito, Ud. seguramente sabrá que la globalización es un fenómeno tan viejo como la Biblia, cambia de colores como el camaleón, y mantiene su hegemonía de acuerdo a la cultura que la domina. Su reciente aparición, empero, ha sido devastadora, tal vez más salvaje que aquella de fines del siglo XIX, el cual terminó con la caída estrepitosa del mercado de valores en Nueva York en 1929.

Asimismo, la pérdida del Litoral boliviano en 1879 se entiende dentro del contexto de ese proceso globalizador del siglo pasado, particularmente a partir de la expansión del capitalismo Europeo a otros mercados latinoamericanos. El historiador económico Inglés Eric Hobsbawn sostiene que a mediados del siglo XIX, la Revolución Industrial provoca la reconfiguración mundial del trabajo. Latinoamérica toma parte de ese proceso como proveedor de materias primas y otros bienes naturales que ya no se producían en Europa. Así, las libras esterlinas inglesas llegaron al suelo boliviano debido al descubrimiento del salitre (sal) y especialmente del huano (excremento de las aves), misma que los Europeos la exportaban a sus mercados internos para fertilizar sus plantaciones. Jurídicamente el huano pertenecía a los bolivianos, pero las transacciones económicas las emprendían una “rosca” de empresarios chilenos y el gran capital Inglés. Una vez que el gobierno boliviano decide gravarle más impuestos por tonelada de huano, los Ingleses se irritan e incitan a los Chilenos a apropiarse de esas tierras. Es por eso el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su obra seminal, Las Venas Abiertas de América Latina, llamó a esta contienda bélica, “la guerra por la mierda de los pájaros.”

La globalización no fue buena entonces, tampoco la es hoy para Bolivia. Este fenómeno económico, expresado en un neoliberalismo decimónico y promovido desde tierras norteamericanas, arrasa con todo, siembra pobreza y genera desempleo; a pesar de mantener estabilidad económica y abundancia de bienes y servicios. Muchos veteranos de esta bella tierra estadounidense cuentan con una mueca encendida y a la vez lúgubre, que fue trágico tomar parte de un proceso globalizador que terminó fatídicamente con el desenlace de la Gran Depresión de 1929. En tal caso, oponerse al neoliberalismo salvaje e incontrolado, es también contribuir con un granito de arena, en una cruzada contra el desfalco de otra crisis económica meteórica. Atentamente.

Humberto Caspa tiene una Maestría en Ciencia Política, un doctorado en Estudios Latinoamericanos, y fue Catedrático de la Universidad Estatal de Fullerton.

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