February 4, 2005

The Wedding Date no sorprende a nadie

Una premisa insólita y deficiente hace caer la película desde el vamos

Por Jose Daniel Bort

La fantasía del exitoso hombre de negocios demasiado ocupado que se consigue una caminadora y termina enamorándose de ella es quizá una de las mas inverosímiles que haya creado Hollywood. Es un cuento de hadas que funciona tan bien como la cenicienta o la bella durmiente. Nadie en su sano juicio podría siquiera considerar ésta premisa como posiblemente remota, y mucho menos cuando los roles se cambian.

Esta es la premisa de “The Wedding Date” con Debra Messing y Dermot Mulroney, y que a pesar de sus interesantes trabajos actorales es imposible de sostener como comedia romántica. Principalmente porque no se puede sentir ningún tipo de simpatía por Kat (Messing) la ocupada ejecutiva neoyorkina que para darle celos al ex novio le desembolsa a Nick seis mil dólares por un fin de semana con todos los gastos pagados en Londres.

Todas y cada una de las opciones que ésta “brillante” ejecutiva esboza durante los primeros minutos de la historia simplemente retan la concepción misma de su inteligencia o sentido común. Por su parte Nick no puede estar más ablandado y amoldado para la situación. Pareciera más bien el Osito Fluffy que acaricia la ropa que un tipo que se gana la vida desflorando las necesidades carnales de las ricas y pudientes de la capital del vicio, New York.

Esta actitud de inofensividad, éste perfecto andar en sus interiores sin tratar de ni siquiera tocar a la mujer es el principal problema de la película y lo que hace que se desmorone a pedacitos. Todo parece extrañamente convenido para que estos dos se enamoren profundamente y el sea capaz de arreglar su camino en el futuro gracias a la mano candorosa de la buena de Pat, de esas que no rompe un plato. No creo que ni las pre adolescentes pueden asumir semejante suspensión de descreencia necesaria para ver una historia en el cine.

El resto de las situaciones parecieran seguir el modelo de Fluffy el suavizante de ropa. Una vez que se ha visto uno de esos comerciales, se sabe exactamente todo lo que van a decir y como lo van a hacer. Este es el mismo sentimiento que se tiene con ésta cinta, abrumada de cuanto cliché bonito-simpático pueda apañarse en las manos.

Ni siquiera dentro del mismo género romántico (donde mu-chas veces se ha demostrado que lo cursi funciona) se puede ver ésta comedia en contexto. Su premisa se cae desde el mismo principio, y no hay nada que puedan hacer sus actores ni el comité de mercadeo de la compañía de producción que la hizo para reponerla. Es mejor quedarse en casa y quitarle el polvo a la vieja copia de Mujer Bonita que está metida en algún cajón del fondo de la casa.

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