February 4, 2005

Comentario

Democracia bajo fuego

Por Humberto Caspa, Ph.D.

El proceso democrático que vivió Irak el día de las elecciones es paradigmático. Nunca en la vida de este país se hicieron presentes tantas personas en los recintos electorales. El hecho de que la gente depositara sus votos en las urnas en medio del rugir de las bombas también es algo insólito. El resguardo militar de las fuerzas estadounidenses para hacer cumplir el requisito esencial de la democracia tampoco es normal. Que residentes iraquíes en otros países puedan votar y determinar el rumbo del país en donde no viven, no es tan raro pero no deja de ser extraño. A pesar de todo, Irak vivió un proceso democrático. Ahora, a sus nuevos líderes, concretamente a la Asamblea de transición, le espera un trabajo duro, con objetivos casi inalcanzables.

Desde un punto de vista figurado, Irak cumplió con uno de los requisitos más importantes de la democracia. Mas del 60% de la población elegible al voto se hizo presente en las urnas para depositar su voto, a pesar de un total de 260 ataques por parte de residuos del régimen de Sadam Husein y militantes de las fuerzas terroristas lideradas por el jordano Abu Musab Al Zarkaui. Este porcentaje de votantes, indudablemente, le da legitimidad relativa a los 275 representantes de la Asamblea transitoria que fueron elegidos en las elecciones del domingo.

En términos concretos, los representantes de transición tendrán que, entre otras cosas, configurar una nueva constitución de gobierno para Irak. No será una tarea fácil. Implica llegar a un consenso con una población dividida, por un lado, ideológicamente; y un país marcado geográficamente por culturas diferentes, por el otro. Los musulmanes chiítas, que son mayoría en Irak, comprenden 60% de la población; mientras que los mululmanes sunis 20% y los kurdos otros 20%. Los partidos políticos casi son supeditados por los rasgos culturales de estos grupos étnicos.

Además, cabe mencionar que cada uno de estos grupos no son enteramente monolíticos; es decir, también tienen divisiones internas. Los chiítas tienen un contingente de su liderazgo, pequeño pero con mucho peso, que tratará de presionar a sus representantes para que se establezca una constitución en que la religión se sobreponga a la política. El Ayatollah Alí Sistani, máximo dirigente chiíta, a pesar de sus creencias religiosas y estar de acuerdo con el determinismo religioso, no querrá alienar al gobierno estadounidense. Para subir al poder, él está consciente de que necesita tanto del apoyo de su gente, como del amparo y tutela de las fuerzas norteamericanas y su gobierno. En tal forma, no es probable que se pegue a una agenda radical del chiísmo musulmán.

Asimismo, en el norte de Irak todavía existen grupos kurdos independistas y con raíces propiamente marxistas. Más de 1.7 millones de kurdos, o cerca de un 45% de su población, firmó una petición de independencia previo a las elecciones del domingo. La lista fue presentada recientemente a las Naciones Unidas para su deliberación.

Los grupos musulmanes sunis son los que, de acuerdo a los medios de comunicación, no participaron en gran número en las elecciones. Las razones son simples y concretas. Durante el régimen de dictadura de Sadam Husein y su partido político, éste grupo dominó prácticamente el entorno de la política de Irak. Existe reticencia por parte de los sunis de que los otros grupos, especialmente los chiítas, tomen medidas de venganza con un gobierno enteramente de ese grupo. Aparte de que las fuerzas de poder en Bagdad y otras ciudades importantes todavía mantienen una hegemonía con intereses aferrados a los sunis.

De manera que a la próxima Asamblea de transición que eligieron el electorado de Irak tiene una tarea inconmensurable. Los intereses ideológicos y políticos, como en todo sistema democrático, se presentarán por todos lados. Además, tendrán que confrontar a fuerzas que buscarán la desestabilización de ese país a través de atentados terroristas. Tarea ardua pero no imposible.

Humberto Caspa, Ph.D. Profesor de economía política en la Universidad Estatal de California San Marcos. E-mail: hcletters@yahoo.com

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