February 3, 2006

Duro Cuestionamiento al Sindicato Campesino

Una serie periodística expone críticas al sindicato de campesinos fundado en los 60s.

Por Eduardo Stanley
New America Media

FRESNO— Hace sólo cuatro décadas los campesinos en California no tenían baños, agua potable, seguro médico, horarios ni jubilación. Estaban a merced de sus patrones. Y la lista de abusos podría ocupar varias páginas.

A mediados de los 60s, una huelga iniciada por trabajadores rurales filipinos que exigían mejoras salariales, detonó un movimiento liderado por César Chávez (1927-1993) que lograría notables mejoras en las condiciones laborales. Surgió así el primer sindicato de trabajadores agrícolas, la UFW (United Farm Workers).

Recientemente, una larga serie periodística, escrita por Miriam Pawel, presenta duras críticas al sindicato y a su fundador. Según el material, publicado por Los Angeles Times— 8 al 11 de enero, 2006— la UFW ha dejado de organizar campesinos para dedicarse a negocios hipotecarios y de servicios que le rinden buenos dividendos; la familia de Chávez controla todos los puestos de la organización; vende su influencia para campañas políticas, y más.

“El artículo culpa a la UFW de la mala situación actual de los campesinos, pero parece olvidarse de los verdaderos responsables: los agricultores”, dice David Bacon, periodista especializado en asuntos sindicales y ex activista de la UFW. “En cuanto a tener otros negocios, es común en muchos sindicatos en Estados Unidos”.

Bacon agrega que, para evadir responsabilidades, los rancheros fomentaron la existencia de intermediarios: los contratistas. Ellos reclutan a los trabajadores y son responsables por su productividad, desligando a los agricultores de toda responsabilidad legal, de vivienda, transporte y seguridad. Esto hace más difícil la solución de problemas en el campo, donde aún persisten condiciones primitivas de vida y trabajo, como las de quienes viven a la intemperie, sin baños ni servicios básicos.

Según Pawel, precisamente la serie periodística se inició cuando escribía sobre esas condiciones en el área de San Diego. “Entonces me pregunté, ¿dónde está la UFW?”. Y agrega que otras entrevistas la fueron llevando a esa serie, en un proceso que duró un año.

Pawel niega intenciones antisindicales y afirma que los campesinos no están en mejores condiciones que hace 30 años y que la UFW quiere mantener una imagen que no corresponde con la realidad. “La cuestión es organizar o no a los campesinos”. Pero en 2004, una propuesta para aumentar el salario mínimo de $6.75/hora, apoyada por la UFW, fue vetada por el gobernador Schwarzenegger.

La periodista dice que, en 2002, la UFW quitó de su constitución toda referencia a los campesinos para orientarse a un trabajo político “en beneficio de los latinos”, definición ambigua y poco usual para un sindicato. Este aumentó su actividad de cabildeo pero su membresía disminuyó dramáticamente. “En los últimos años se aprobaron en California varias leyes de protección al trabajo de los campesinos gracias a la UFW”, dice Tanis Ybarra, Secretario del sindicato. “El Times no aclara que el cambio en la Constitución fue para incluir a quienes trabajan en actividades relacionadas a la agricultura, como las empacadoras”.

Para Ybarra, el artículo es tendencioso y sugiere que después de ser comprado por The Tribune en el 2000, la línea editorial de Los Angeles Times es más conservadora.

Sin embargo, estas críticas al sindicato campesino no son nuevas. “Antes encontrabas activistas de la UFW hasta en la sopa, en cambio ahora no”, dice Pablo Espinoza, ex miembro del sindicato y reconocido activista de los derechos de los campesinos en el Valle Central. Y agrega que el inicio de la lucha, a mediados de los 60s, fue un momento único—cuando cientos de organizadores voluntarios, con gran energía y convicción, impulsaron la causa campesina.

Entonces coincidieron el movimiento de los derechos civiles, el de mujeres y el paficista. Y luego, el Movimiento Chicano. Los jóvenes eran socialmente muy activos. La creatividad colectiva imprimió un sello único a esta etapa social. Aunque después, poco a poco los conservadores fueron recuperando el terreno perdido, llegando inclusive a neutralizar el activismo universitario.

A comienzos de los 70s César Chávez inició una serie de “purgas” destinadas no sólo a marginar a miembros considerados comunistas, sino también a quienes pudieran disputarle el liderazgo del sindicato. El culto a la personalidad se instaló en el movimiento campesino. La imagen de la Virgen de Guadalupe encabezaba las marchas, en una simbiosis que desplazó las convicciones sociales y sindicales a segundo plano.

Para los latinos en Estados Unidos, Chávez logró que los arrogantes rancheros aceptaran negociar con la UFW. Un sentimiento de orgullo y reivindicación racial y social asoma cuando recuerdan ese momento histórico—después de décadas de marginación y humillaciones. Por esto, la adoración a Chávez es comprensible. Pero muchos de estos admiradores también critican los cambios en la UFW y al propio Chávez. Pero en voz baja. No en público, para no traicionar un sentimiento de solidaridad casi religioso. Se creó así un doble mensaje respecto al sindicato: uno público y otro privado.

Por esto, el artículo de Los Angeles Times no causó conmoción en el Valle Central, donde la UFW nació y libró sus más memorables batallas por la dignidad del campesino.

“Los organizadores del sindicato siempre tuvieron una actitud paternalista con los campesinos”, dice Luis Magaña, activista de Stockton. “Deja que te defienda, pobrecito campesino”. Y comenta que la UFW no aceptaba que organizaciones independientes o líderes locales trabajaran en defensa de los campesinos. “Enseguida llegaban y se apoderaban de la situación”.

El paternalismo es parte de la cultura política campesina. Debido a su fragilidad social y a una ideología tradicionalista y profundamente religiosa, la clase campesina no lidera cambios sociales radicales en las sociedades industrializadas. Tiende a depender de líderes a veces mesiánicos y muchas veces sus revueltas terminan en derrotas, como en la Revolución Mexicana de 1910.

El rol de los líderes ha sido tema de discusión desde hace mucho tiempo. León Trotsky (1879-1940), protagonista e historiador de la Revolución Bolchevique de 1917, afirma que son productos de un momento histórico particular, surgen de dichos procesos. Y que un líder no hace la historia, aunque es parte importante de la misma. El proceso de mitificación del líder de la UFW sólo pudo concretarse gracias a la complicidad colectiva y dentro de la ideología campesina que lo favorecía.

Si en los 60s había euforia y solidaridad, hoy existe un clima social contrario a los sindicatos. La UFW ha disminuído sus esfuerzos por organizar, sumado a una mayor complejidad social en los campos de trabajo.

“Cuando empezó la UFW, los campesinos eran principalmente tejanos, mexicanos de aquí”, dice Magaña. “Pero en los 90s comienzan a llegar indígenas oaxaqueños, centroamericanos y hasta profesionistas desempleados de México y otros países”. Como también pakistaníes, hindúes, etc. Hay que recordar, además, la gran movilidad de esta mano de obra, que pasa de un campo al otro y migra a otros estados, siguiendo las cosechas.

Así, organizar a los campesinos se hace cada vez más complicado. Entonces, algunas condiciones laborales actuales son similares a las de hace 40 ó 50 años. Mientras la UFW se debatía sobre su liderazgo y qué pasos seguir, los rancheros fueron recuperando el poder perdido y sin hacer ruido.

La actualidad de la UFW y su herencia histórica deberían discutirse sin tabúes ni fanatismos—al igual que la situación actual del campesinado y posibles soluciones. Claro, si lo emocional del tema lo permite.

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