February 3, 2006

Análisis

El muro y la desvergüenza

Por Dagoberto Márquez

Cómo se ha hablado desde que se dio la noticia de que Estados Unidos podría construir una barda, una reja o bien un muro a lo largo de toda su frontera con nosotros. Cómo se ha hablado y cómo se ha escrito. Como si México no tuviera de por sí tantos problemas como para tratar de crear uno más en la ya de suyo delicada y áspera relación con nuestros vecinos.

A tal grado ha llegado el estado de cosas que, explícita y literalmente, quienes detentan el poder del gobierno federal nuestro, hablan, parlan, vociferan, cuchichean, deslizan, cabildean, provocan y convocan con la única finalidad de “echar montón” contra el gobierno norteamericano, con la peregrina y torpe idea de que de esa forma podrían echar abajo una decisión que puede no estar siquiera tomada, dizque “matando dos pájaros de un solo tiro” y procurando “escurrir el bulto”, tratando así de camuflar una delicada y nada honrosa situación donde México como nación queda como “víctima” en relación con el duro trato que reciben en la frontera quienes, siendo mexicanos o no, tratan de ingresar a los Estados Unidos sin documentos honradamente autorizados.

Estimado lector, fina lectora, aunque suene exagerado, todos tenemos amigos, familiares y parientes en los Estados Unidos. Esto es así porque “merced” a la carencia de buenos empleos, mucha gente ha emigrado para allá desde hace ya muchos pero muchos años. De acuerdo con la experiencia propia, amigos y familiares tomaron la decisión de irse “p’al Norte” en la medida de que con el paso de los años se complicaba la existencia.

A saber: estudios caros, fuera o lejos del terruño, una economía familiar reducida y maltrecha, escasa viabilidad en la diversificación del empleo y hasta por asuntos “personales”; de esta forma recuerda este opinante la siempre latente idea de ir tras el “sueño ame-ricano” cuando éste, además de estudiante, era tan solo un inexperto y pobre joven.

Si usted recuerda, muchas eran las anécdotas que nos contaban quienes con el paso del tiempo regresaban, así fuera para emigrar después otra vez, con autos y camionetas “gabachas” y “harta lana”... Que si “la migra”, que si los “coyotes”… Que si las “gringas”, que si el invierno y que si las nevadas. Más que irse por necesidad, parecía una diversión, una aventura.

Sin embargo las cosas se modificaron, complicándose. Resulta que con el paso de más tiempo y al parecer abusando de tanta facilidad para ingresar a suelo “americano”, la gente de allá, no obstante que sí necesitaba de la mano de obra de nuestros paisanos, empezó a refunfuñar alegando que los ilegales abusaban de su status, pasándose de listos en muchos sentidos hasta obligar a su Congreso a revisar y a endurecer sus leyes.

Porque al parecer así fue, estados como California y Texas se saturaban de mexicanos. De la misma forma, condados, ciudades, pueblos y enclaves de Arizona, Georgia, Illinois, Oregon y Utah pasaron a lo mismo, habiendo la necesidad de hacer consideraciones y reconsideraciones dado el alto flujo de inmigrantes que desde México pasaba a los Estados Unidos. Porque las cosas son así, hoy en día un número indeterminado de inmigrantes mexicanos radica, legal o ilegalmente, en los Estados Unidos. Dicho número fluctúa entre los 10 y los 15 millones de personas. Sí, leyó usted bien, entre los 10 y los 15 millones.

Lo que para los norteamericanos es peor, la cifra podría ir en aumento y de ahí deriva su toma de posición. Aunque mucha gente nuestra tiene trabajo de aceptable condición y buen nivel, la mayoría de mexicanos en aquél país detenta modestos empleos. Para que tenga usted una idea más clara, existe el dato de que de acuerdo con información especializada, en los Estados Unidos, de la producción actual de nuevos empleos solo una cuarta parte se relaciona con especialidades, nuevas tecnologías o servicios profesionales.

Todo lo demás se relaciona con trabajo utilitario y de bajo perfil como meseros, camareras, asistentes, lavaplatos, cortadores de césped o cuidado de niños. Por supuesto, también con el relativo al campo, al agro, donde la maquinaria no puede utilizarse de manera óptima, donde el ser humano recoge o recolecta con las manos.

Las leyes de inmigración de los Estados Unidos son leyes federales. Por si usted no lo sabía, existen acuerdos, enmiendas y disposiciones mediante las cuales uno puede ir en pos de un trabajo sin ningún problema. El asunto es que para ello hay que tener cierta experiencia, algo de conocimientos, los puntos de apoyo necesarios y mucha paciencia; algo que no tienen muchos de los que prefieren “arriesgar el pellejo” cuando determinan cruzar “de mojados”.

Otro de los problemas es que, aprovechando nuestro territorio como “territorio de paso”, mucha gente centroamericana, sudamericana y de otros confines del mundo se arriesga a hacer lo mismo que nuestros amigos y paisanos: cruzar a los Estados Unidos como sea y como se pueda, “rifándosela”. Para colmo de males, el peligro que entraña el terrorismo internacional tras los atentados de septiembre de 2001, propició el que Norteamérica endureciera su posición al grado de que el acuerdo migratorio por el que se es-forzó la administración de Fox se fue mucho al carajo.

A efecto de que no le sorprendan con el recurrente y engañoso embuste de que los gringos necesitan más de nosotros que nosotros de ellos, piense bien las cosas pues nos guste o no, los norteamericanos han desarrollado casi toda la tecnología. De esta manera, los autos, el transporte pesado, los aviones, los moto-res, la maquinaria agrícola, los fertilizantes y la tecnología doméstica han sido desarrollados por ellos. De igual manera, la tecnología para las fábricas, para las líneas de producción y el ensamble también ha sido desarrollada por ellos. Si vemos los campos de la ciencia, los equipos, las medicinas y las técnicas, también han sido desarrolladas por aquella gente.

Visto desde esta óptica ¿quién necesita más de quién realmente?. Hay que ser honestos. Si lo vemos desde otro ángulo ¿qué país le presta dólares al otro recurrentemente y desde hace ya mucho tiempo? ¿Acaso México a los Estados Unidos?. No, verdad. Lamentablemente ese el caso. ¿Es claro?

Estimado lector, fina lectora, este opinante no se hace bolas ni gusta tampoco del engaño. Este opinante rechaza la demagogia, la mentira y la retórica. Este opinante vive al margen de la simulación política y del fingir cotidiano. Una cosa es la percepción que uno tiene sobre muchos y muy variados asuntos, y otra cosa es otra cosa.

En este sentido, lo crea usted o no, su servidor y amigo tuvo y tiene la necesidad para viajar hasta Washington (DC). Hasta la capital federal de los Estados Unidos. Esto resulta por combatir corrupción y, de vicisitudes vividas aquí en México; también porque el organismo multinacional de derechos humanos al que éste se acogió tiene su sede allá, en la ciudad capital de los norteamericanos.

En este orden de cosas, porque fue necesario, tras presentarme en la embajada americana en la Ciudad de México, distintos y distintas oficiales han negado el visado en mi pasaporte para ingresar a aquél territorio. Obviamente, por razones políticas. Sin embargo, este opinante no guarda ni coraje ni rencor contra el gobierno de los Estados Unidos, menos contra su sociedad y todavía menos contra su pueblo.

Ahora bien ¿Que si el muro podrá ser construido a lo largo de toda la frontera…?

Eso nadie lo sabe todavía. Puede que sí, puede que no. Ya veremos más adelante. El punto es que, más allá de la acritud de la clase política conservadora norteamericana, lo que sí debe preocuparnos es la precaria y absurda condición socioeconómica de México.

Aquella que deriva de la corrupción política que todos debíamos de combatir y tras la cual muchos se enriquecen, mientras que las grandes mayorías se empobrecen miserablemente. La fétida corrupción que el gobierno de Vicente Fox dice combatir, al parejo de la salida de decenas de miles de millones de dólares de nuestro territorio. Salida que no se compensa con la generosa entrada de divisas producto del arduo trabajo de nuestros amigos, familiares y paisanos en la Unión Americana. Sí, aquella (corrupción) que por combatirse con solo alegres, “bonitos” y rebuscados discursos fomenta más la inmigración, atropella derechos y hasta libera delincuentes. La que si no se combate o no se frena ya y a rajatabla acabará con nosotros, tarde o temprano. Aquella que debería de darnos vergüenza, mucha vergüenza, …a todos los mexicanos.

Es todo.

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