February 3, 2006

Comentario:

El Informe Presidencial

Por Humberto Caspa, Ph.D

El día del informe presidencial fue como un caldo de Siete Mares. Tuvo una combinación de diversos colores y matices, pero en general el sabor del día estuvo dominado por un aire netamente conservador. Ni las estrellas de Hollywood pudieron opacar a un sol, que desde la mañana se postró con el sombrero y la sonrisa republicana. Todo le salió bien al Presidente George W. Bush. Hasta tuvo el lujo de insinuar, durante su discurso sobre el estado de la Unión, que estamos “adictos a la gasolina.”

Para empezar, en horas de la mañana, el Senado de la República confirmó a Samuel Alito Jr. como juez federal de la Corte Suprema de Justicia. Nada pudieron hacer los demócratas para que Alito no llegara a dicho recinto federal, ni siquiera la confabulación de los senadores y ex contendientes a la presidencia, John Kerry y Eduard Kennedy, quienes trataron de utilizar la opción del filibustereo para evitar su posesión.

Empero, la estrategia nunca funcionó. Hubieron algunos senadores demócratas que vendieron sus colores e ideales, y prefirieron apostarse al lado del Presidente.

Ahora Alito ya no depende de nadie. Por el contrario, todo el país depende de su decisión cuando la corte considere casos legales que determinarán el rumbo del país. Como la sociedad norteamericana en su conjunto se mueve por un sendero conservador –hasta cierto punto reaccionario—, Alito probablemente profundizará al país por ese camino. “La esperanza nunca muere”, dicen por ahí; pero eso ya murió la confirmación de Alito en la corte federal.

También durante la mañana, las estrellas Hollywoodenses deslumbraron al país con la lista de los nominados a los premios Oscar. Ni la belleza singular de Charlize Theron, que fue elegida nuevamente como mejor actriz, o la elegancia de George Clooney, contendiente a mejor actor de reparto, pudieron opacar la mueca chifladezca del presidente Bush. Pareciera que los medios de comunicación, incluso los paparazzis, se apostaron al frente del Congreso y la Casa Blanca para ironizar la vida de Bush.

Muchos periódicos nacionales prefirieron en sus paginas frontales la foto de la mueca desagradable del Presidente que la sublime sonrisa de Theron, o la apacible figura de Ang Lee, director de la película Brokeback Mountain.

Para el colmo de los demócratas y los críticos de la guerra en Irak, a la activista política Cindy Sheehan no se le permitió entrar a los aposentos del Congreso, a pesar de que estaba invitada por la demócrata Lynn Woolsey, congresista de California. Que pena digo yo, esa era una de las pocas oportunidades de Sheehan de confrontar a quién ordenó a su hijo morir en los campos de batalla de Irak por una causa que fue inventada sistemáticamente por el Presidente y sus asesores políticos.

No nos olvidemos que el motivo original de la invasión a Irak, de acuerdo al Presidente, fue deshacerse del programa nuclear y las armas de destrucción masiva (ADM) de Sadam Husein. Tanto los investigadores de las Naciones Unidas, como los delegados especialistas del gobierno norteamericano y de otros países en Europa no encontraron ese tipo de armas. Lo cierto es que Sadam Husein, por razones económicas y estratégicas, ya había dejado el sueño de nuclearizar a su país.

Tampoco no olvidemos que el Presidente Bush cambió su retórica de las ADM por la democracia para justificar la invasión a Irak. Por consiguiente, el derroche de vidas humanas y el gasto oneroso de la guerra es en vano. Recientemente, el premio novel de Economía Joseph E. Stiglitz calculó que la guerra en Irak costará aproximadamente 1 trillón de dólares americanos. Con ese dinero, los problemas de la salud, la falta de seguros, abastecimiento de drogas a las personas discapacitadas, entre otras cosas, se hubieran solucionado.

La noche del discurso sobre el estado de la Unión, el Presidente nuevamente cambió su estrategia retórica con relación a Irak. Ahora volvió a utilizar el tema del terrorismo, aunque está vez si tiene razón. Irak se ha convertido en el campo de batalla de la lucha contra este mal, pero no por razones propias sino por la incursión de las fuerzas estadounidenses.

Indudablemente, el día martes se pintó republicano. Fue un día especial para el Presidente Bush y su partido político.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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