February 3, 2006

Los tres entierros de Melquiades Estrada

Cine de este lado de la frontera

Por Jose Daniel Bort

¿Cuánto vale la vida de un mojado? Esta es la pregunta incesante que hace la película “Los tres entierros de Melquíades Estrada”. Dirigida y protagonizada por la estrella de Hollywood Tommy Lee Jones y escrita por Guillermo Arriaga, el autor de las provocativas “Amores Perros” y “21 gramos”, la cinta es un importante documento de cine político de gran relevancia para los latinos.

En la tierra de nadie, nadie no existe. Melquíades (Julio Cesar Cedillo) era un vaquero que vino buscando fortuna en la tierra gringa. Nadie le quería ofrecer ayuda, hasta que Mel se encontró con un gringo con un español decente, Pete (Jones). Al primer día de haberlo conocido, Mel le ofreció su mejor caballo a Pete, sin pedirle nada a cam-bio. Este gesto altruista le ganó un amigo de por vida y mucho más allá.

Mel es víctima de una bala furtiva y su cuerpo yace a merced de los coyotes. Cuando lo encuentran, el jefe de la policía Belmont (Dwight Yoakam, estupendo también) hace una mínima investigación y deja las cosas así, enterrando a Mel en una fosa común. Pete investiga y descubre que un migra, Mike Norton, (Barry Pepper) fue el causante de la muerte, disparándole mientras Mel cuidaba a su ganado.

Arriaga usualmente escribe acerca de la causalidad de las casualidades. Utiliza la ironía y el Pathos como licencias poéticas para contar sus historias, con resultados mixtos. 21 gramos es una película arrogante y servicial de su estructura, que usaba las escenas como cortes de carne de “ropa vieja” para tratar de acentuar la tensión dramática. Aquí Arriaga usa la misma técnica con un efecto mucho más concreto y entrega una versión onírica y personal del Western americano con gusto.

Por su parte, Jones está en su mejor forma como actor. Mitad maestro Zen, mitad Yoda, Pete asume la autoridad moral en la historia y no la suelta hasta el final, permitiéndose resquebrajar a su personaje emocionalmente a niveles “prohibitivos” para el genero de John Wayne. El resultado es un tour de force actoral francamente admirable y una revisión del género y la masculinidad implícita.

Pete había prometido a Mel que, de morir, él lo enterraría en su pueblo natal más allá de la frontera. Pete entra a mano armada a la casa de Mike y lo obliga a acompañarlo a honrar a su amigo. A través de la impresionante geografía Tejano-mexicana, Jones transforma la película en una “road movie” con vistas para quitar la respiración y vuelcos de trama que evolucionan la historia en un complejo kaleidoscopio moral y humano.

Prácticamente todo el elenco principal y de reparto está impecable en la historia, inclusive el mismo Arriaga, que bajoactua a un ranchero en mitad del camino. Barry Pepper es uno de los actores menos reconocidos de su generación, y sin duda uno de sus mejores. Melissa Leo repite el tour de force de 21 gramos (el mejor trabajo actoral de esa película, que ya contenía excelentes actuaciones) también bajoactuando sin pirotecnia a una esposa frustrada, January Jones como otra esposa frustrada.

Pero la verdadera revelación es el casting latino: Cedillo como Melquíades es una bombona de aire puro y candor, mientras que la actriz mexicana Cecilia Suárez es una bomba de nitrógeno a punto de estallar como la curandera Rosa, la única mexicana capaz de canalizar la rabia del mojado. Estos entierros de Melquiades es una película importante y trascendente para todo el que quiera entender la realidad de la frontera.

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