February 2, 2001


Salvando a Elian

El 25 de noviembre de 1999, un niño de cinco años fue rescatado de las aguas infestadas de tiburones de la costa de la Florida. En poco tiempo se encontró en el centro de una tormenta social y política que dejaría atónita a la nación y que estremecería a la comunidad cubanoestadounidense de Miami hasta el tuétano.

El martes, 6 de febrero, a las 10 p. m., por la cadena de televisión PBS (ver programación local), la serie FRONTLINE investiga los efectos imborrables de la batalla por Elián González en el programa "Saving Elián". En secuencias grabadas en Miami y en Cuba, y en entrevistas con participantes y observadores de ambos lados de la controversia, este documental de una hora analiza cómo un niño se convirtió en metáfora de los más de cuarenta años de lucha por el futuro de un país.



Elián González; fotografía de AP/Wide World Photos.

El programa amplía el alcance de la polémica y la remonta más allá del padre de Elián, de sus parientes en Miami y de los procesos jurídicos que acapararon la atención de la prensa durante los siete meses en que el niño permaneció en Estados Unidos. En vez, el documental analiza los ímpetus psicológicos y políticos ocultos tras la pugna por Elián, así como las emociones y motivaciones de quienes influyeron en el desenlace.

"Quisimos dar paso atrás y repasar la odisea de Elián González lejos de los exaltados ánimos periodísticos que rodearon la lucha por impedir que saliera de Estados Unidos", manifiesta la productora Ofra Bikel. "En vez, el documental investiga por qué Elián significó tanto para los cubanos a ambos lados del estrecho de la Florida".

La película también examina el papel que desempeñan los cubanoestadounidenses tanto en la sociedad de Miami como en la política del país, y cómo la crisis del caso de Elián templa aún más la delicada relación entre la comunidad de exiliados y otros grupos étnicos de Miami.

"Llegamos aquí y tomamos la decisión de que no íbamos a integrarnos dentro de la corriente principal de la sociedad estadounidense en la forma en que lo han hecho otros grupos de inmigrantes en el pasado", explica Carlos Saladrigas, empresario cubanoestadounidense y líder comunitario. "No vinimos con el deseo explícito de formar parte del crisol de culturas que es Estados Unidos".

La llegada de Elián significó distintas cosas para diferentes cubanoestadounidenses. Para algunos, fue un presagio religioso del fin del comunismo en Cuba. Para otros, fue una reminiscencia del peregrinaje que 14 mil niños cubanos emprendieron a principios de la década de 1960. Muchos
padres de familia cubanos, previendo que Castro suprimiría la religión y cerraría las escuelas católicas, enviaron a sus niños solos a Miami, en una "misión de rescate" que se llamó "Operación Pedro Pan".

"Por eso Elián es tan importante", dice el Padre Francisco Santana, sacerdote del Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en Miami. "Porque la comunidad de exiliados (cubanoestadounidenses) comenzó precisamente con el concepto de `salvemos a los niños'".

Elián no sólo revivió viejos recuerdos de Cuba y de la fuga de una generación hacia la libertad, sino que despertó y movilizó a una nueva generación de jóvenes cubanoestadounidenses, muchos de los cuales nunca han estado en la isla.

"Cuando vi a ese niño, me di cuenta de que él podía ser mi hermano menor", comenta Rick de la Torre, cuyos padres huyeron de Cuba en 1959. "Pudo haber sido cualquiera de los otros `Eliancitos'; pude haber sido yo mismo, si mis padres no hubieran escapado del comunismo".

Mientras la comunidad de exiliados cubanos de Miami acogió a Elián como un milagro enviado para traerles esperanza, a noventa millas de distancia, Fidel Castro también lo acogía como la causa que podría encender de nuevo el fervor revolucionario en su afligido país. En "Saving Elián" se ven imágenes de algunas de las muchas marchas, protestas y manifestaciones que se organizaron en Cuba para demostrar el apoyo del país para el regreso de Elián. En el ámbito internacional, entretanto, Castro exigió en público el regreso de Elián a Cuba en un plazo de 72 horas. Y eso, dicen los observadores, lo cambió todo.

"La pregunta ya no era sólo: `¿Dónde deberá vivir el niño?' ni `¿Adónde deberá irse el niño?'", explica Lisandro Pérez, director del Cuban Research Institute de Florida International University. "Se convirtió en un asunto de: `Esto es lo que Fidel quiere'. Y la comunidad de exiliados cubanos de Miami dijo: `Pues si él quiere el niño, no lo va a tener'".

"En un instante", afirma Pérez, "se convirtió en una confrontación que intensificó cuarenta años de conflicto entre los exiliados cubanos de Miami y Fidel Castro".

En "Saving Elián", los cubanoestadounidenses defienden su lucha por mantener a Elián en Estados Unidos como un intento de protegerlo de la explotación del régimen comunista de Castro.

"Francamente, en nuestra opinión, el niño no regresa a su familia, sino a las manos mismas de Fidel", dice la poetisa cubanoestadounidense Lourdes Simón.

Pero a medida que la batalla por Elián se intensificaba, algunos residentes de Miami que no son de origen cubano, empezaron a sentirse rodeados por el sentimiento anticastrista que pululaba a su alrededor. "Llegó al punto de que no se podía opinar nada sobre el tema (de Elián) a menos que
uno fuera cubano", dice la estudiante de periodismo Rebecca Medina, cuyos padres inmigraron de Puerto Rico. "En pocas palabras, si no iba a ser la misma opinión que compartía la comunidad cubana, no querían escucharla. Y cuando la escuchaban, nos tildaban de comunistas".

En efecto, la batalla por Elián González pareció agudizar el resentimiento, nunca antes expresado, que algunos de los residentes de Miami de origen diferente al cubano sentían con respecto al importante poder político y social de la comunidad cubanoestadounidense. Los cubanoestadounidenses tienen mucho éxito en los círculos políticos locales y nacionales, y cuentan con un grupo cabildero en Washington a cuya influencia se le atribuye la aprobación de la gran mayoría de la legislación anticubana.

"Los cubanoestadounidenses han conseguido tantas cosas improbables del gobierno de Estados Unidos", dice Max Castro, miembro superior del equipo de investigaciones de la Universidad de Miami. "Una invasión de Cuba, un embargo al que el resto del mundo se opone… ¿Por qué no van a creer que pueden imponerse (en el caso de Elián) en un año de elecciones presidenciales?"

Es esta actitud, consideran los observadores, la que ofende a tantas personas en Miami.  "Me he sentido como un extranjero en esta ciudad por mucho tiempo", dice Bruce Whitten, empresario caucásico de Miami. "Es lo que (los cubanos) quieren o cómo se sienten; lo demás no importa. Para ellos, ésta es Cuba y, en mi opinión, van a manejarla como si lo fuera".

Las personas de origen diferente al cubano no son los únicos residentes de Miami que se han sentido excluídos por la comunidad de exiliados cubanos. En "Saving Elián," la serie FRONTLINE entrevista a varios cubanoestadounidenses que cuentan que han sido condenados al ostracismo, e
incluso amedrentados, por no apoyar la línea dura de la comunidad con respecto a Cuba y a Fidel Castro. Francisco Aruca, por ejemplo, cuenta a FRONTLINE que su emisora radial en Miami fue objeto de un atentado con una bomba por haber tomado una actitud más moderada en relación con Cuba.

"En cuanto uno se desvía de las tesis de ellos, lo consideran el enemigo y deciden aplastarlo. ¡Es así de directo y sencillo!", explica Francisco.

Quizás lo más sorprendente en "Saving Elián" de FRONTLINE son los puntos de vista expresados por los "Pedro Panes", los niños que realizaron aquel decisivo éxodo de Cuba hace casi cuarenta años. Estas personas, en la actualidad en la cuarta o quinta década de su vida, son personas exitosas que aprecian las comodidades de que han gozado en Estados Unidos. Sería de esperarse que sintieran simpatía con la historia de Elián González y los esfuerzos para conservarlo en Estados Unidos. Sin embargo, cuando FRONTLINE entrevistó a un grupo de ellos (cada uno en privado), todos confesaron que creían que para Elián sería mejor estar en Cuba con su padre que en Estados
Unidos sin él. Cuando se les contó más tarde en grupo que todos se sentían de la misma manera, se quedaron pasmados de saber que compartían la misma opinión pero sentían temor de decírselo los unos a los otros.

Frank Avellant, uno de esos Pedro Panes, dice: "Siempre pensé que si caminaba hacia el sur de la Calle 8 y expresaba lo mismo que dije (a FRONTLINE), me iban a linchar".

Sin embargo, muchos cubanoestadounidenses en "Saving Elián" expresan tristeza y desmoralización al referirse a la incursión nocturna mediante la cual se sacó a Elián por la fuerza de la casa de sus parientes en Miami. También cuentan que se sienten traicionados por su país y por las personas que no son de origen cubano, y que no sintieron ninguna afinidad con su dolor. Después de Elián, opinan estos exiliados, es posible que las relaciones entre la comunidad cubanoestadounidense de Miami y los demás grupos étnicos no vuelva a ser la misma.

"Hasta entonces (antes de Elián), estas personas eran los vecinos de uno", dice Rick de la Torre. "La gente con la que uno iba de compras, a la iglesia, etc. Ahora es como si hubieran trazado una línea infranqueable en la mitad de la calle".

El empresario cubanoestadounidense Carlos Saladrigas está de acuerdo: "El caso de Elián transformó para siempre la comunidad de exiliados", afirma. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce que el efecto más profundo de los siete meses de esta penosa experiencia lo recibió el propio Elián.

"Él se convirtió en un peón atrapado en medio de un juego político", comenta Saladrigas. "Estaba entre dos fuegos y, al final, importaba todo menos él".

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