February 2, 2001


La Sobrepoblación y el Futuro de la Producción de Alimentos

La explosión demográfica experimentada en todo el mundo a lo largo del siglo 20 y el aumento de población que se proyecta para el siglo 21 requieren un estudio a fondo para lograr un balance entre la urbanización y la producción de alimentos.

Esta problemática es el enfoque de un artículo reciente de la revista bimensual California Agriculture, publicada por la División de Agricultura y Recursos Naturales, de la Universidad de California. Según un experto, el debate entre la continua urbanización y el uso de tierras dedicadas a la producción de alimentos requiere atención inmediata.

"¿Podremos reunir los datos necesarios para tomar decisiones críticas acerca de los sistemas de alimentación, antes de que ocurran daños irreparables que impidan usar los recursos adecuados para la producción de alimentos?", cuestiona Jerry R. Guillespie, director ejecutivo del Instituto para la Investigación de Seguridad de Alimentos, del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

"Hay una necesidad cada vez más grande de contar con fuentes de alimentos saludables y variados para garantizar la seguridad de alimentación en todo el mundo", apunta Guillespie . "Al mismo tiempo, el uso de tieras y recursos naturales está aumentando de tal manera que contamina los recursos que se necesitan para la producción de alimentos".

Guillespie señala que otros estudios reconocen el impacto causado por la globalización y el aumento de población en el uso excesivo y la destrucción de ecosistemas, a tal punto que "ya no pueden sustentar muchas de las especies de plantas y animales".

Mediante los avances tecnológicos se ha logrado expandir la producción agrícola para satisfacer las necesidades alimentarias. Sin embargo, el hambre es aún un grave problema para aproximádamente 800 millones de personas en todo el mundo. Y esto puede atribuirse a corrupción política, políticas de manejo de tierras inadecuadas, conflictos bélicos internos o regionales, y falta de educación para lograr el mejor aprovechamiento de recursos, se expone en la edición septiembre/octubre de California Agriculture.

En lo que se refiere al daño a ecosistemas, Guillespie indica que los científicos calculan pérdidas colosales a lo largo de los dos últimos siglos, debido a la intrusión humana en biósferas de la fauna y la flora en todo el mundo.

El experto sostiene que, además de asegurar el abastecimiento de alimentos, debe darse atención a la preservación de selvas tropicales y la inmensa variedad de especies que sobreviven únicamente en ese medioambiente. De no hacerlo, advierte, "contribuiremos a cambios climatológicos indeseables, complicando así más aún la producción agrícola y la biodiversidad.

El artículo señala que la extinción de especies de la fauna y la flora representan pérdidas irreparables en el acervo genético mundial, que incluye posibles fuentes para aumentar no sólo la producción de alimentos sino también de medicamentos.

A diferencia del siglo pasado, anota Guillespie, la gran mayoría de la población en muchos países —particularmente la urbana— se ha desconectado del proceso que involucra la producción de alimentos y no se interesa en asuntos que son importantes en el medio rural, que cada vez se ve más reducido a causa de la urbanización.

"En las áreas rurales en todo el mundo, el desarrollo cultural nourbano está ocurriendo rápidamente", apunta Guillespie. El crecimiento urbano no sólo incluye viviendas, sino también planteles educativos, lotes de estacionamiento, parque y áreas de recreo, parques industriales, vías de transportación, terminales aéreas y ferroviarias, sistemas de distribución de agua y otro tipo de edificaciones que compiten con terrenos que antes se usaban en la agricultura.

Aunque esta pugna sobre el uso de la tierra puede ser tan aguda como en cualquier otra parte del mundo, en California tiene un significado especial.

"El conflicto en California es particularmente notable", enfatiza Guillespie, "debido a la alta productividad agrícola de varias de sus regiones; el extraordinario crecimiento de población; la continua urbanización; la intensa competitividad por recursos, como capital, agua, terrenos, desecho de desperdicios, productos químicos, productos derivados del petróleo y electricidad; y la diversidad de ecosistemas que incluyen la costa marina, montañas y fértiles valles agrícolas".

Guillespie, quien fue profesor de las facultades de medicina y medicina veterinaria de la Universidad de California en Davis, entre 1966 y 1985, sostiene que es imperante el diseñar y llevar a cabo estudios científicos que produzcan datos fidedignos para encontrar soluciones a estos conflictos.

Según él, tales estudios serían multidisciplinarios "en los que puedan medirse una multitud de variantes y se defina sus interrelaciones". Los estudios, explica, serían a largo plazo, costosos y requerirán el apoyo de la mayoría de los grupos políticos importantes. "Existe la oportunidad de pasar de un nivel de gran incertidumbre acerca del futuro de los sistemas alimentarios y el medioambiente, a uno de mayor certeza y habilidad para predecir los riesgos e interacciones".

El experto afirma que Estados Unidos tiene amplios recursos científicos. Pero el futuro de su propuesta es más incierto en lo que se refiere a voluntad política. El no tomar acción, advierte, privaría a la sociedad de los conocimientos para evitar el fracaso de los sistemas alimentarios y de los recursos necesarios para su recuperación.

"Realizados bien y oportunamente, los estudios a fondo propuestos proveerían modelos valiosos para lograr la armonía entre los sistemas de producción de alimentos y el medioambiente y establecería un modelo que otras regiones y naciones pueden emular", concluyó el experto.

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