December 29, 2000


QUE SUS SUEÑOS NO SE HAGAN REALIDAD, SON MIS MEJORES DESEOS

Por Alfredo Ortega-Trillo

Enero es la promesa que empieza oliendo a pólvora quemada. A la inconformidad con lo que somos le llega su revancha. Lo mediocre, lo equivocado que fuimos es cosa del pasado.

Poder decir "borrón y cuenta nueva" es el mayor regalo que nos trae cada año que comienza. Por eso es bueno que los años terminen, y aunque el último segundo de un año se da la mano con el primero del siguiente, en ese "apretón de manos" nosotros damos un gran salto desde la mediocridad hecha costumbre hasta el punto de partida de esta aventura que llamamos esperanza, y que sigue asediada por los retos de siempre. Sólo el corazón se renueva y le brotan flores, flores que llamamos buenos deseos y propósitos; y con ese ramillete de flores en el pecho seguimos adelante.

Vuelven los sueños en enero, los sueños que siempre tuvimos pero que ya habíamos dejado de soñar. Enero nos invita a soñar de nuevo con los ojos abiertos, a echar la frente por delante hacia el futuro al reencuentro con nosotros mismos.

Ir hacia, buscar, creer; son los móviles de la vida que nos impulsan a luchar por la conquista imposible de un futuro que no acaba de llegar. Batalla de antemano perdida porque la felicidad no es de este mundo. Más bendita derrota si a brazo partido nos diéramos enteros derramando hasta la última gota de vida. Sin pobreza, sin enfermedades, sin injusticias ni catástrofes naturales, ¿que sentido tendría el amor, la caridad, el sacrificio? Si los sueños se hicieran realidad ¿qué sentido tendría soñar?

Mis mejores deseos para este año: que sus sueños, nuestros sueños, no se hagan realidad, sino que siempre estén allí como sueños, empujándonos a luchar, dándonos dirección y sentido en medio de la oscuridad.

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