December 24, 2003

¡Feliz Navidad!

En los últimos tiempos el mundo ha sufrido grandes tragedias y ha sido sacudido fuertemente dividiendo al mundo en tres o cuatro sectores.

El terrorismo en contra de las torres gemelas en Nueva York, la guerra en contra de Afganistán y ahora la guerra en Irak. Todo esto causa grandes problemas internacionales y los que sufren más son los pobres. Aquí en Estados Unidos la inmigración es difícil y casi está congelada debido a estas tragedias.

Uno puede desanimarse al escuchar todas estas malas noticias. Pero sin pensar, también se oye la voz de Jesús que nos invita a una nueva vida o a un cambio de vida y pensamiento. Por ejemplo, un locutor de la capital de México habla sobre Saddam Husseim y cómo este hombre poderoso acabó como un esclavo escondido en una pobre cueva, lleno de desgracia y viviendo como si fuera una basura.

El locutor nos invita a que todos reflexionemos de cómo es necesario trabajar por la comunidad y no en contra de ella. El mundo podría ser mucho mejor si los humanos tuviéramos la idea de trabajar por el bien común en vez de abusar del poder que algunas personas tienen.

Este pensamiento de trabajar por el bien común viene de Dios. El desea que trabajemos por Dios y por el desarrollo de la humanidad. Este pensa-miento es humano pero también Divino. El motivo y razón de los diez mandamientos es para unirnos con Dios y con la humanidad, no ser egoistas. El problema del mundo, me decía un obispo amigo, es el egoísmo que se revela en la corrupción que experimentamos en este mundo.

El Niño Jesús viene para enseñarnos el camino de la unidad, paz, amor y solidaridad. El viene para nuestro bien y nos dice claramente que tú y el mundo pueden controlar este mundo manipulado por el egoismo. Cristo nos dice que El ha venido a vencer el mal, el pecado. Nos ofrece la oportunidad de algo nuevo. El nos perdona y nos abre las puertas de su corazón para ayudarnos con nuestras dificultades.

El Niño Jesús sigue volviendo a nacer en nuestros corazones para trasformar cada individuo para hacernos mensajeros de paz, unidad, amor y solidaridad. Que nuestro gozo no sea superficial como los regalos, comida y música. Todo esto está bien pero la Navidad es para preguntarnos cómo entendemos nuestra vida. El divertirnos es bueno para descansar pero lo más importante es regalarle al Señor nuestra vida para ser instrumentos de algo profundo como es la unidad familiar, vivir en paz, abogar por la justicia y trabajar por la fraternidad en estos tiempos. Que esta Navidad nos llene de grandes y magníficos deseos humanos y espirituales para que el mundo sea unido, noble, generoso y fraternal.

Que la Navidad sea un tiempo de reflexión profunda sobre la oscuridad del mundo y ver la esperanza de la luz que Cristo nos trae a nuestros corazones. ¡Feliz Navidad!

Gilberto E. Chávez
Obispo Auxiliar de San Diego

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