December 22, 2000


¡Feliz Navidad!

Por Gilberto E. Chávez
Obispo Auxiliar de San Diego

En Rusia vivió hace bastantes años un gran escritor: León Tolstoy. El escribió sobre un hombre ya viejo y cansado de su larga vida. Sus ochenta años de edad, su árduo trabajo y sus enfermedades lo habían debilitado.

El anciano esperaba la venida del Señor para la Navidad y después que se lo llevara al paraíso. La víspera de Navidad, un día muy frío, el viejito se preparaba para encontrarse con el Señor. Limpió su casa y se arregló para recibir al esperado Señor.

El día de Navidad por la mañana cayó toda una capa de nieve. En ese día frío muy temprano como a eso de las seis llegó una madre con su pequeño hijo. Temblando de frío recibieron el calor del anciano. Trajo agua caliente para lavarles los pies y las manos. La madre y su niño se habían perdido en la tormenta de nieve y encontraron el cariño de este anciano. El comenzó dándoles un delicioso y caliente desayuno que trajo esperanza y ánimo a estos peregrinos que estuvieron perdidos y desorientados.

Más tarde llegó otra persona que también se vió atraída por la fogata y la luz que iluminaba la casa. Esta mujer también estaba perdida y desorientada.

Las tres personas pasaron el día protegidas del fuerte frío y recibiendo el calor y la amable atención del anciano que seguía esperando la venida del Niño Jesús. Llegó la triste tarde y el Señor Jesús no vino a recoger al anciano.

Por la noche el viejito estuvo deprimido porque el Señor Jesús no había llegado para llevárselo. Entonces se puso a rezar y poco a poco fue reconociendo que sí había venido el Niño Dios en forma de las visitas que había recibido ese frío día.

El anciano a través de los años había aprendido a compartir. Y ese es el mensaje de Navidad. El Niño Dios se acerca a nosotros en su humilde pobreza para demostrar que en las cosas pequeñas de la vida podemos experimentar a Dios. El se hace nuestro alimento básico y sencillo para entrar en contacto con su pueblo.

El se apareció a unos pastorcillos pobres para darles la noticia del nacimiento del Señor. Los pastorcillos han entregado su pobre corazón al Niño. Y eso es lo importante para El, que lo recibamos y que comencemos a entregarle nuestro corazón.

El profeta Isaías nos dice claramente que el pueblo que marchaba en la oscuridad ha visto una gran Luz. Esa hermosa experiencia y extraordinaria Luz es el Señor que viene a quitar las tinieblas de un pueblo desorientado. El viene a cambiar nuestro mundo trayendo la esperanza de un nuevo mundo y una nueva luz.

Seamos humildes y como el anciano y los pobres pastorcillos recibamos al Niño Jesus para que El nos enseñe cómo compartir con el prójimo, especialmente con el pobre, lo poco que realmente tenemos.

Ver al pobre con corazón abierto es importante porque nos dice con claridad que el mundo necesita un cambio, el cambio de nuestros corazones y nuestra mentalidad.

Abramos nuestros ojos, mente, corazón y espíritu para recibir la Luz del mundo pues siempre preferimos la luz opaca del egoísmo.

Recibamos con alegría la Luz del mundo, el Niño Jesús. Cambiemos de corazón y espíritu para que la grandeza del Niño nos ayude en nuestra pobre vida.

La Navidad es un día de esperanza pues aún siendo ancianos podemos ser hospitalarios y cambiar para ser una nueva persona.

Gracias Padre celestial por este hermoso Regalo para aprender cómo compartir desde nuestra pobreza. Gracias a Dios y Feliz Navidad cubierta con el regalo del Espíritu de Jesús. Amén.

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