December 21, 2001

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Yhamel Catacora

El Verdadero Regalo de Navidad

"Este año las fiestas de fin de año tienen un aire singular", es un comentario que escuché en el Zócalo, en mi primera visita a la ciudad de México, hace pocos días. Era uno de los miles de comentarios que fluían en el ambiente de la gran plaza mexicana, al contemplar el alzamiento del típico árbol navideño. El repique de las campanas de la catedral parecía también afirmarlo. Sólo el sonido de los tatacas, el júbilo y la inocencia de los niños, que también resenciaban el evento, querían desmentirlo.

De regreso a Estados Unidos, se puede sentir que aquí, en México como en el resto del mundo, en efecto, este año, la época navideña tiene un aspecto diferente, sin embargo algo parece estar intacto, el hambre de consumo con el que los grandes nutrimos a los niños.

Muchas veces nos referimos a los niños como el gran símbolo del futuro, de nuestro porvenir, y nos esforzamos por dejar un buen legado. En las navidades se tiende a recompensar el comportamiento de los pequeños con el último Playstation, con la patineta más moderna, con el Nintendo que durante todo el año se encargue de hacerle vidriar los ojos, en fin, con un gran número de aparatos que estén de moda.

Así todos los años, ávidos progenitores y tutores se dirigen a las tiendas, inclusive muchas semanas antes del 24 de diciembre, para no defraudar los deseos del hijo o de la hija. La búsqueda del juguete de moda compromete nervios, tensión y una que otra alteración con los tenderos, sin mencionar la impaciencia por entrar a un centro comercial con otros miles de personas, o el estacionar el carro, siguiendo una línea compuesta por una decena de coches. Todo por una Noche de Paz.

La Navidad aquí o en cualquier país, para el mundo Cristiano, tiene el mismo sentido, y consiste en celebrar el nacimiento de su Redentor. Los regalos son un complemento, y sólo un complemento, a tan sagrada fiesta. Sin embargo en Estados Unidos, por razones prácticas, parecen ser todo en la Navidad. El consumir, el comprar, a partir del 11 de septiembre se ha convertido en un acto patriótico, todos queremos que la econo-mía esté robusta, porque su solidez es la de cada uno los habitantes del país. Además su efecto impacta a todo el continente.

Pero esto no significa que por el bien de la economía inculquemos a los niños que el rojo y el verde de la navidad significa derroche, consumo y a veces la cara más larga de todas al no obtener el regalo deseado.

Volver a América Latina, después de vivir algunos años en este país, de alguna forma abre los ojos a una verdad más profunda. El taca-taca mexicano todavía repica en mi mente por varios motivos. Uno de ellos es que en mi niñez era mi juguete predilecto. Casi tres décadas después, como los trompos, todavía deleita a los niños, lógicamente a los más pobres. De la misma forma en otros lugares del mundo todavía se hacen pelotas de trapos viejos, de periódicos, por que una pelota de fútbol de verdad, es un lujo inalcanzable.

Es muy cierto que la necesidad es la madre de la invención y los psicólogos están de acuerdo que mientras más interactúa el niño con su juguete, como con un Mecano, más trabaja su cerebro. De forma similar es muy diferente leerle el cuento de hadas a un niño que hacerle ver una película del cuento. Al leerle por lo menos estamos brindándole la oportunidad de utilizar su imaginación. Al mostrarle la película le estamos brindando un pasatiempo pasivo.

Un niño de la calle, desposeído, huérfano, desnutrido, de los que abundan en nuestros países de origen, como en todo el "mundo en desarrollo", lógicamente mandará la invención al diablo y querrá la buena vida del mundo desarrollado, una pelota de verdad, cientos de juguetes amontonados, todo tipo de dulces y comida hasta el empacho, etc. etc. En pocas palabras, la típica vida de un niño en Estados Unidos.

Aunque no es la comparación más lógica, es importante que en esta época del año miremos atrás, pensemos en esos niños que lo tienen todo y piden más, y en aquellos que ni siquiera saben si tendrán algo que llevarse a la boca el día siguiente.

"Lo que más extraño de mi país", le decía un amigo al otro en una larga línea en la tienda de juguetes, "es que allá nosotros solo nos preocupábamos en la cena de navidad, en el ponche, y en todos los juegos con las decenas de primos y familiares"; "aquí todo es diferente" proseguía con un cierto aire de nostalgia.

La navidad es lo que uno la hace y todavía puede ser una fiesta familiar, si nos ponemos una mano al pecho este 25 de diciembre, y nos apartamos un poco de las tiendas, veremos que volverá a ser como antaño. De la misma forma, si abrimos nuestro hogar, nuestra mesa y nuestro corazón a algún ser humano que lo necesita, esta Navidad, podremos rescatar el espíritu de este día especial.

El mejor regalo que podemos inculcarles a nuestros hijos esta Navidad, es hacerles conscientes que la esencia de las fiestas no está en paquete de regalo y si en el corazón.

Envíe sus comentarios o sugerencias a columnavertebral@hrn.org.

Regresar a la Portada