December 19, 2003

Fraude Memorable

Por Andrés Lozano

Comparto este recuento personal de intento de estafa generalizado en México. El sábado pasado, 13 de diciembre, a las 3 de la tarde, me llamó muy afligida mi hermana y me dijo: “Hermano, prepárate, te tengo malas noticias. Acaba de hablarme tu hijo Francisco Xavier desde una prisión en Ciudad Juárez, Chihuahua. Lo capturó la policía mexicana. Turbado y en forma casi ininteligible, FX me dijo había estado involucrado en un accidente automovilístico en el cual había matado a una mujer embarazada, en San Diego y habíase dado a la fuga”. FX pasó la llamada a un oficial, pues su tiempo de teléfono había expirado. Continuó una nueva voz, identificándose como el comandante Clemente Gabriel López Juárez quien dijo a mi hermana FX la había llamado a ella al no haberme conseguido a mí. Le dio a mi hermana el número telefónico 33/3904-2292 y sugirió me contactara y yo lo hiciera con él.

Llamé al comandante y le pedí pusiera a FX en línea. Se negó a hacerlo aduciendo estaba en custodia en otro piso; empero, me repitió la información dada a mi hermana. Agregó que su llamada obedecía a que existía orden de captura en contra de FX, expedida por el Departamento de Policía de San Diego, en cuya jurisdicción habían ocurrido el percance y la fuga y es residencia de FX. Me dijo el comandante que FX le había ofrecido dos mil dólares a cambio de que borrara la petición de arresto en contra suya y lo soltara. Por cierto, ‘el fugitivo FX’ portaba consigo cincuenta mil dólares en efectivo, razón por la que se hizo sospechoso al pasar por la aduana. La aduana mexicana lo registró y puso en un sobre lacrado el dinero, estableciendo que pertenecía legalmente a FX. Por ello, a mí me correspondía enviarle, mediante orden de pago, los dos mil dólares, ya que era imposible tomarlos del sobre lacrado, bajo custodia aduanal y disponibles para FX en cuanto fuera liberado. Imagínense mi aflicción.

Saqué fuerza de flaqueza y le dije al comandante que “en ningún caso iba a ayudar y dar cobijo a un fugitivo aunque se tratara de mi hijo y éste debía entregarse al consulado americano en Ciudad Juárez y cooperar con el DPSD”. El comandante no ocultó su frustación y en tono amenazador, insistió en que le enviara la cantidad o… Llamé a la mamá de FX para enterarla de lo que ocurría y mi decisión de no sobornar a cambio de la libertad de FX. La mamá de FX, una fina y decente señora, coincidió conmigo. Decidimos encarar el problema y proceder dentro de la ley y según decencia humana. La única forma de ayudar a nuestro hijo era dentro, no fuera, de la ley. Acordamos llamar a las amistades de FX y saber por fuentes distintas al comandante qué es lo que había ocurrido. Ella logró comunicarse con un amigo de FX en San Diego. Éste se sorprendió con el relato, pues sabía que FX se hallaba en una clínica cercana vacunándose contra la gripe. Le sugirió que lo llamara a su celular para confirmarlo. Para abreviar el relato de pesadilla, su mamá habló con FX, el cual ignoraba el alboroto en su alrededor y se conmocionó al enterarse. ¡El intento de estafa se desplomó!

Tres horas transcurrieron entre la primera llamada de mi hermana y el momento que descubrimos que se trataba de un crudo, pero eficaz intento de extorsión. Afortunadamente, nada era cierto, ni fueron extorcionados. Con la ventaja de la perspectiva, fallamos a hacer lo obvio: Primero, llamar a nuestro hijo y verificar hechos. Segundo, mi hermana me dijo después que la voz de la persona fingiendo ser FX era parecida; no obstante, no estaba segura que fuera la voz de él. La moraleja de este relato es sencilla: los perpetradores confunden a sus víctimas y hacen que, en forma compulsiva, giren el dinero de la extorsión mientras están aturdidas.

No se trata de un crimen de aficionados. Es crucial tener acceso a información contenida en bases de datos. En nuestro caso, parentezcos, puesto que estuvo a su alcance información relacionada con mi hijo, hermana y mía. Lozano, nuestro apellido, es bastante común, de modo que los malhechores tienen paso a datos amplios, disponibles sólo a través de compañías de crédito y registros bancarios para precisar víctimas-objetivo. ¿Cómo logran los criminales acceso a tales datos? ¿Quiénes son los confabulados internos?

He hallado que este es un tipo de fechoría generalizada. Me enteré que meses atrás, una amistad cercana, padeció exactamente la misma horrenda experiencia. En su caso, el nombre del comandante era Alfredo Vázquez Hernández y su número telefónico 33/3589-6355. Ese comandante incluso solicitó que el cohecho se depositara en su cuenta bancaria. Muy sagaz, mi amistad depositó en la cuenta el equivalente de cinco dólares, para establecer vigencia de cuenta y tentativa de fraude. Cada cual por su lado, levantamos denuncias en contra de los extorsionadores. Al existir evidencias inculpatorias sólidas, quizá los lleve a su captura y consignación. Son reales nombres, números telefónicos e información de cuenta. Tanto Clemente como Alfredo son nombres reales de delincuentes reales, notoriamente despreocupados de ser capturados. Loable es, pues, todo esfuerzo por informar al público y aprehender a los perpetradores.

Andrés Lozano, alozanoh@msn.com

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