December 16, 2005

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Pocas noticias y malas

Confieso que me pasé una semana dándole vueltas al anuncio de George W. Bush sobre su “nuevo” plan de inmigración sin saber cómo entrarle. Será porque no tiene nada de nuevo y no hay nada que pensarle.

El anuncio de Bush en la frontera, de que le va a poner un muro más grande que el de Berlín es ya muy viejo. El anuncio de que ahora será un muro estilo Guerra de las Galaxias, con la tecnología más avanzada del planeta, es también de hace años. El anuncio de que de todos modos Estados Unidos sigue necesitando mano de obra barata que no consigue aquí dentro es todavía más viejo. En resumen, nada nuevo bajo el sol.

“Desde que estoy en esta oficina”, dijo Bushito, “he aumentado el presupuesto de seguridad en la frontera en un 60 por ciento, y nuestros agentes han capturado y enviado a casa a más de 4 y medio millones de inmigrantes ilegales, incluyendo más de 350,000 con expedientes criminales”. Nada nuevo ahí tampoco.

En su plan de tres partes para proteger la frontera hay poco que destacar: el bushiano plan promete “arreglar las partes débiles de nuestras leyes de inmigración, incluyendo las leyes que nos obligan a liberar a los inmigrantes si sus países de origen no los admiten de regreso”. Ahí hay malas noticias para gente como Mario Rosales García, quien llegó de Cuba como parte de la emigración del Mariel en 1980, y lleva varias condenas por delitos estatales y federales, entre ellos distribución de cocaína. Ya cumplió sus condenas, pero Cuba (¡obviamente!) no lo quiere de regreso. Georgy no dijo a dónde los mandará o si los dejará para siempre en la cárcel.

Otra parte del plan trae malas noticias para los brasileños y otros sudamericanos que hasta ahora quedaban en libertad provisional por vivir demasiado lejos. “Vamos a regresar a cada ilegal que agarremos en la frontera, sin excepciones”, dijo Bush. Son malas noticias para los que la lejanía de sus países les permitía quedar libres bajo una supervisión “virtual” de la corte de inmigración, y hacer tranquilos su vida como ciudadanos de México del Norte.

Y para los mexicanos.

Parece que Bush sigue sin ver la realidad. En su plan detres puntos, para los mexicanos propone el consabido plan “Trabajas y Te Vas”, de seis años de legalidad por una vida “del otro lado”. Rechaza rotundamente la amnistía y el “camino automático a la ciudadanía”, para “no recompensar a quienes violan la ley”.

Además de pocas y malas noticias, Bush no considera lo obvio: no se puede, es imposible, detener el flujo migratorio. Una nueva encuesta del Centro Pew de Estudios Hispanos dice que solamente uno de cada 20 inmigrantes recientes estaba desempleado en México cuando decidió pegar el brinco. Obviamente, la razón no es “el empleo”, sino los ingresos que tal empleo genera. Traducción simple: mientras el salario en México sea de 4 dólares al día, seguirá habiendo inmigración.

Como dice por ahí el colega Ricardo J. Galarza en el periódico El Puente de Indiana, “La solución, entonces, no pasa por reducir el flujo sino por legalizarlo. Seamos serios. A esta altura, la disparidad económica es tan abismal que no van a detener la inmigración ilegal”.

“Para los mexicanos” dijo W., “estamos trabajando en expandir el programa de repatriación al interior, lejos de la frontera, para hacerles más difícil intentar otro cruce”. No es nuevo tampoco, pero ahí hay un detallito interesante. Nos preguntamos con quién está “trabajando” Bush para expandir el plan. La respuesta la dio el diario La Jornada al día siguiente: “Felipe Calderón aseguró que apoya la propuesta de Bush en el sentido de lograr un acuerdo de trabajadores huéspedes”. “Se mostró partidario de tener avances graduales para que los mexicanos puedan trabajar en Estados Unidos de manera temporal”, “Dijo que se debe reforzar la seguridad en la frontera”, y “prometió definir una relación constructiva con Estados Unidos sin demagogia”.

Lástima, deveras lástima que los ciudadanos de México del Norte estamos prácticamente incapacitados para votar el próximo año en las elecciones presidenciales.

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