December 16, 2005

Entretenimiento a gran escala

La producción de King Kong hace honor a su sujeto

Por Jose Daniel Bort

Nada menos que impresionante, ésta es la única forma de explicar la nueva King Kong. Su creador, Peter Jackson, ha hecho un espectáculo comparable tan solo con Titanic o Lord of the Rings, si consideramos las tres versiones de una película en sí misma.

Si bien, ésta King Kong se muestra como una película caprichosa en muchas de sus secuencias en sus más de tres horas de duración, el espectáculo tan solo deja a su audiencia estupefacta y entretenida hasta su majestuoso final, con ribetes de gran Opera. La película es la marca que explicará el estado del cine de acción en 2005 y servirá de referencia para lo que viene.

Lo cual se puede decir de la versión de Merman Cooper, que fue la escaleta de los efectos especiales en el cine en 1933. El mismo director ganó el Oscar en 1949 con una secuela de King Kong, Mighty Joe Young. El film original fue la inspiración de Jackson para dedicarse al cine y éste decidió tratar su versión de las posibilidades de la historia con los conocimientos tecnológicos que se tienen hoy en día, de la misma forma como Cooper lo hizo en su tiempo.

De hecho, toda la película está llena de referencias al antiguo film. En él, Jack Black es el productor Carl Denham, comprometido hasta la nariz en compromisos económicos y desesperado en mantener su ‘integridad’ artística en el cine, la cual flipa como una moneda de acuerdo al viento que le pegue en la cara.

Carl quiere ir a filmar su nueva película en una isla exótica inexplorada en el Pacifico y para eso recluta a Ann Darrow (Naomi Watts), quien resulta tener el mismo número cuatro en vestidos que la antigua actriz, por lo que Denham no tendrá que gastar en vestuario. Denham también se asegura que el autor Jack Driscoll (Adrien Brody) se queda en el bote para escribir la película que desarrollará en el largo viaje al paraíso perdido.

La película realmente no comienza hasta que llegan a la isla desierta donde una tribu Polinesa rapta a Ann y se la ofrece en sacrificio al gorila gigante al otro lado de la barda. Los marineros del barco, como buenos caballeros, la van a buscar y consiguen un mundo perdido donde el gorila es rey. Si, hay dinosaurios y estos son tan amenazadores como en Jurassic Park, y en una secuencia quizás demasiado larga Jackson estrecha los límites de la imaginación (con una secuencia persecutoria donde los efectos no están lo suficientemente desarrollados y es la más débil de la película).

Mientras tanto, Ann empieza a hacer monadas y se gana la confianza y el respeto de Kong, lo que le sirve muy bien a la hora de ser perseguida por tres Tiranosaurus Rex. La relación se hace aun más compleja cuando Kong es apresado y llevado a la civilización para ser presentado como el acto de circo más caro de la historia.

Jackson no escatima ningún esfuerzo o recurso, y por esta razón peca de indulgente. Sin embargo, su visión es tan imponente que las tres horas de la película pasan volando. Gracias al trabajo de actuación de Andy Serkis como King Kong (todos los movimientos del gorila están basados en su actuación a través de la técnica de lectura digital), la relación entre el monstruo y su víctima trasciende a niveles profundamente conmovedores. Cual Bella y la Bestia, Fantasma de la Opera o El hombre elefante, King Kong es la metáfora perfecta del amor imposible, alcanzando su nivel artístico más alto gracias al cine como medio de esta expresión.

King Kong
Con: Naomi Watts, Adrien Brody, Jack Black y Andy Serkis.
Dirigida por: Peter Jackson
Clasificación: PG-13

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