December 16, 2005

Comentario:

Elección Parlamentaria en Irak

Por Humberto Caspa, Ph.D

La democracia en Irak es un remolino de pasiones encontradas. El proceso político se desarrolla en medio de una guerra que no termina y entre una serie de debates públicos de candidatos al Parlamento, quienes por primera vez están bajo el escrutinio de su gente. Mientras unos candidatos presentan sus programas de gobierno en la televisión, otros se convierten en mártires. Así es la democracia en Irak, tan incipiente como la guerra contra el terrorismo, y está lejos de ser una solución tangible que crea estabilidad política y económica.

Uno de sus ciudadanos fue claro y contundente al señalar que “los candidatos plantean ideas platónicas, evaden los problemas reales (de la guerra) de nuestro país.” Un año atrás, otro iraquí sostenía: “Nuestro objetivo inmediato es crear estabilidad económica y política, poner fin a la guerra y generar trabajos”.

Como ocurrió con el gobierno del ex Primer Ministro Iyad Allawi y ahora con Ibraim Jafari, el nuevo gobierno iraquí probablemente desistirá ocuparse –para el infortunio de sus habitantes— de los problemas domésticos. Por el contrario, planteará la resolución de conflictos a niveles macro-económicos y macro-políticos. Es decir, aquellas cuestiones que corresponden entera-mente al Estado y no a la sociedad civil o a la gente.

En consecuencia, los intereses de la mayoría continuarán siendo ignorados, la tensión bélica seguirá tomando su curso; y como resultado de ésta, las necesidades económicas de las poblaciones afectadas por la guerra, persistirán así como también los roces políticos de uno y otro sector étnico-religioso.

La nueva estructura del gobierno iraquí, a pesar de que miembros del equipo del Presidente George W. Bush se jactan en describirla como una entidad independiente y democrática, está lejos de ser soberana. En todo caso, la soberanía iraquesa está en cuestión, no obstante de las elecciones en curso. Sólo cuando su gente elija a sus nuevos mandatarios de acuerdo a sus ideales políticos, culturales y filosóficos (auto-determinación), cuando su gobierno no tenga algún tipo de influencia extranjera, cuando tenga reconocimiento internacional, Irak será considerado Estado soberano. Mientras esto no ocurra, este país todavía poseerá los síntomas de una sociedad dominada, dependiente y, por qué no, ultrajada.

Así, el nuevo gobierno de Irak será el producto del entrelazamiento de ideas y un programa político que pretende restablecer una sociedad abierta, con características ideológicas occidentales. Tal vez al cabo de cuatro años, cuando culmine el ciclo democrático del nuevo gobierno, podamos referirnos de un tipo de democracia en transición. Mientras tanto el proceso político todavía sigue siendo simbólico.

En consecuencia, los nuevos líderes iraquíes tienen que trabajar duro para establecer credibilidad con su gente y con la comunidad internacional.

En todo caso el peso de la política interna de Irak yace sobre la figura del Primer Ministro (Ibraim Jafari es PM en transición). Una de sus principales tareas como jefe de gobierno es liderar el consejo de ministros, proponer leyes económicas, políticas y sociales que beneficien a su gente, particularmente programar las próximas elecciones generales que se llevarán a cabo para los próximos cuatro años. Y en el plano internacional, particularmente en una coyuntura bélica ostensiblemente determinada por las fuerzas norteamericanas, su trabajo se centraliza en negociar un tratado de devolución de la soberanía de Irak.

Inicialmente con el ex Primer Ministro Iyad Allada, el gobierno de Bush encontró a un personaje con quién pudo entablar conversaciones en el mismo “idioma”. Allada demostró tener afinidad con los ideales occidentales y es creyente de un Estado laico y estuvo conectado con la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA). Con el gobierno en transición de Ibraim Jafari las relaciones con el gobierno de Bush no fueron tan óptimas. Los dos estarán buscando un puesto parlamentario y los dos estarán lanzándose por el curul principal de Primer Ministro. Por obvias razones, el gobierno de Bush apoyará al primero que al segundo.

Con relación al año pasado, la democracia en Irak evidentemente creció, pero no deja de estar en peligro. No debemos olvidarnos que este país está postrado a merced de elementos desestabilizadores y tal vez se ha convertido en el centro de la guerra contra el terrorismo mundial. Por eso la ilusión de una democracia en Irak no debe, por mucho que queramos, sobreponerse a una realidad envuelta por la violencia de la guerra.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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