December 13, 2002

Día Internacional de los Derechos Humanos: Huelga de Hambre en la Frontera

Por Emmanuelle Le Texier

La huelga de hambre que empezaron los miembros de varias organizaciones sociales de Tijuana y San Diego, como una manera de celebrar en el Día Internacional de los Derechos Humanos, es una llamada de alerta para que reaccione la comunidad internacional, y para que se detenga el ciclo de muertes en la frontera México-Estados Unidos.


Miembros de Organización Social celebrando Día Internacional de los Derechos Humanos.

El primero de octubre de 1994, el Servicio de Inmigración y de Naturalización de los Estados Unidos puso en marcha el Operativo Guardián (Operation Gatekeeper) en la frontera entre San Ysidro y Tijuana. El objetivo del Operativo Guardián era “asegurar y proteger la frontera de los Estados Unidos por medio de la prevención de entradas ilegales al país, y de la detección y arresto de las personas sin documentos migratorios, de los contrabandistas, y de toda persona que viole las leyes”. El Operativo Guardián se ha traducido en una aguda militarización de la frontera entre México y el Estado de California. Este Operativo no sólo sirve como un modelo para otras zonas fronterizas del territorio estadounidense, como el programa Hold the Line en Texas o Safeguard en Arizona, sino también de ejemplo internacional para países como Corea del Sur —que quiere anticipar flujos migratorios eventuales. Pero sobre todo el Operativo Guardián se caracteriza por sus consecuencias dramáticas en materia de derechos humanos, como son las miles de muertes de seres humanos que acontecen en la frontera, por causa de este operativo.

La militarización de la frontera se traduce por el número de agentes de la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) que ha incrementado de 980 a 2000 agentes de1994 al año 2000, sólo para el sector de San Diego. Son 9500 los agentes que patrullan todo lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Además, al primer muro que se construyó gracias al excedente de la Guerra del Golfo de 1991, se ha añadido un segundo muro de pilares metálicos infranqueables. En la zona entre San Ysidro y Tijuana, el primer muro tiene una longitud de 25 kilómetros, mientras que el nuevo, en vias de ampliación, mide unos 13 kilómetros. Las tecnologías más avanzadas se usan para detectar a los candidatos al sueño americano en su cruce clandestino por la frontera: detectores con luces infrarojas o de calor humano, y cámaras multiples auxilian a las patrullas que están presentes las 24 horas del día.

Paradójicamente, la intensa actividad económica de la región fronteriza, que se ha desarrollado entre Tijuana y San Diego, no ha hecho desaparecer la frontera. Cada año, más de 60 millones de personas y 20 millones de carros cruzan la línea fronteriza. Cada día, en la “línea“ entre San Ysidro y Tijuana, 40,000 Mexicanos van a trabajar a San Diego, y miles de residentes de San Diego cruzan del otro lado para trabajar en las maquiladoras tijuanenses. Estos flujos económicos y humanos que integran a las dos ciudades, demuestran que el Operativo Guardián es un proyecto anacrónico. Mientrás la frontera económica desaparece, sobre la línea de cruce se alza una zona franca donde no se cumple con el respeto a los derechos humanos.

Desde que empezó el Operativo Guardián, el número de arrestos de migrantes ha disminuido de modo drástico. En el 2001, se detuvieron unas 110,000 personas —¡76% menos que en 1995! El precio del “coyote” es ahora de unos 1,500 a 2,000 dólares por persona. El Border Patrol cita estas cifras como señal del éxito del Operativo Guardián. Sin embargo, parece omitir las dramáticas consecuencias humanas de la militarización de la frontera.

Primero, el Operativo Guardián ha provocado un desplazamiento de los flujos migratorios hacia las zonas desérticas de Texas o de Arizona. En Arizona, en 2001, el número de personas detenidas al cruzar la frontera ha aumentado de 250,000 a 530,000 personas. Los migrantes, forzados a modificar su camino, intentan cruzar en zonas áridas, donde miles han fallecido de deshidratación, de hipotermia o de accidentes en los cañones.

Desde el principio del Operativo Guardián —y de los correspondientes programas en otras zonas fronterizas—, se cuenta oficialmente que más de 2200 personas han muerto. Para los miembros de grupos de promoción de los Derechos Humanos que empezaron 100 horas de huelga de hambre, entre otros Christian Ramirez de American Friends Service Committee, Benjamin Prado de la Coalición Pro-Derechos de la Raza, y Marisol Rosas de Voz Fronteriza (Universidad de California - San Diego), estas cifras estarían muy por abajo de la realidad.

Segundo, no sólo diariamente mueren personas de origen mexicana o centroamericana en la frontera. De igual manera, se han formado “grupos de defensa civil de la patria“, principalmente en las zonas fronterizas de Arizona. Estos grupos paramilitares de “vigilantes“, como los Homeland Defense’s Volunteers, están armados para detener a los migrantes en la zona fronteriza. El contexto de la lucha estadounidense contra el terrorismo sirve de argumento para las milicias que actúan en detrimento del respeto a los derechos humanos, cazando a migrantes, haciendo arrestos de perfil racial, y tratando a otros seres humanos de maneras que van en contra de la Constitución Americana y del Convenio Internacional de los Derechos Humanos de 1948.

Tercero, el Acto Patriótico, que aconteció a raíz de los atentados en septiembre del 2001, ha permitido al Estado Americano extender su poder de pasar por alto el respeto de derechos básicos, como son: el derecho a la privacidad o a la asociación, entre otras libertades civiles. Dentro de este marco, el Operativo Guardián se ha acompañado de medidas expeditas de expulsión del país. Se da el ejemplo, en San Diego, de una mujer mexicana que no pudo ni siquiera avisar a sus niños, que estaban en la escuela primaria, que iba a ser expulsada. Muy pocas veces se notifican sus derechos a las personas detenidas. Frente a la opacidad de los procedimientos del Estado Americano, y mientras no se permita a las Organizaciones de Derechos Humanos visitar los Centros de Detención, como sucede en cualquier país democrático, sólo queda una opción: recolectar testimonios de las violaciones a los derechos humanos en la frontera. Es una tarea difícil, pero el trabajo conjunto de organizaciones de derechos humanos de ambos lados de la frontera esta dando paso a una presión internacional para romper el ciclo de las muertes y promover el respeto a los derechos humanos, y sencillamente al derecho a la vida.

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